La crisis y la izquierda


Quizá esta crisis sirva para algo. Quizá nos sirva a las personas de izquierdas para entender y ser capaces de enfrentar algunas cosas. Más allá de las revoluciones (im)posibles o de la certeza de que vivimos en sociedades gobernadas no por personas o partidos votados y elegidos, sino por actores económicos a los que nadie elige, (y tendremos que resolver eso), las personas de izquierdas podemos ahora dedicarnos a pensar en qué cosas son posibles y cuales no. Porque si finalmente resolviéramos que es completamente imposible hacer una política de izquierdas, tendremos que ser consecuentes y dejar de votar porque no hay izquierda posible. Esa es ahora la cuestión. Decía Alain Krivine el otro día que lo que ahora ocurre es que el neoliberalismo ha cerrado la posibilidad de las reformas, de cualquier reforma, que ya no hay opción para hacer otra política que la que marcan despiadadamente los mercados. Yo pienso que aunque las posibilidades de hacer políticas socialdemócratas se están empequeñeciendo, es obvio, pero tampoco es cierto que no se pueda hacer nada.

No estamos ante una buena generación de políticos. No hay un solo político/a brillante, arriesgado, imaginativo, en toda Europa.  Pero claro, los y las votantes de izquierdas tenemos mucha culpa cuando no hemos protestado ante cuestiones que requerían de una protesta firme. No es posible hacer una política de izquierdas enfocada al cambio social si no se trabaja al mismo tiempo en formar a la ciudadanía en las ideas y los valores necesarios para sustentar ese cambio. Nos hemos tragado cada sapo… Por ejemplo y vamos a decirlo de una vez a ver si va calando: bajar impuestos (a todos) no puede ser de izquierdas. La solidaridad, la igualdad, hay que construirla, entre otras cosas, con impuestos. ¿Por qué no protestamos cuando alguien cambió el guión? Los impuestos están ahí no porque el estado odie a los ricos o porque necesite pagar los gastos comunes ineludibles y  necesarios…. Los impuestos no están solo para pagar las cosas que usamos todos. Los impuestos  tienen una función de redistribución de renta, en forma de bienes y servicios, a la que una política de izquierdas nunca puede renunciar.

Y poco importa en ese sentido que las cuentas vayan bien. Pues si van bien, mejor, mayor redistribución, más igualdad, más gasto social, que nunca deja de hacer falta. ¿Qué es eso de que como nos sobra ahora vamos a devolver? Esos malditos 400 euros no sólo fueron un error económico, que lo fueron, sino táctico y desde luego pedagógico. Al estado nunca le sobra y menos a un estado que está en la cola de la Unión en gasto social. ¿Qué mensaje es ese? Es decir, que no tenemos guarderías públicas, que ni hay dinero para la dependencia, ni para tantas cosas (que sí tienen otros países europeos) pero a alguna lumbrera se le ocurrió aquello de “devover” dinero. A muchos ya nos pareció en su momento un auténtico escándalo. El estado social devuelve en forma de bienes o servicios, no en dinero contante y sonante y a todos por igual.

Por no hablar de la desaparición del impuesto sobre el patrimonio, uno de los pilares impositivos más justos y más necesarios. ¿Por qué no protestó la izquierda en bloque ante su desaparición? Yo hubiera salido a la calle en contra de la desaparición de ese impuesto. ¿Por qué no salimos, de una vez, pidiendo, ya, una política fiscal progresista? Nuestra fiscalidad es injusta, insolidaria, muy poco progresiva, incomparable con la de otros países similares. Contra esta política fiscal también tendríamos que protestar, sindicatos incluidos. No hay que ser Lenin. Muchos países europeos tienen impuestos sobre el patrimonio,  sobre las rentas más altas, así como sobre los beneficios bancarios o empresariales. Eso es una política de izquierdas. Lo demás es una engañifa que no hace sino dar razón a lo que quiere la derecha, que los impuestos sean los mínimos posibles. A ver si vamos aceptando que eso no es una idea de izquierdas.

Si se ha llegado a un punto de no retorno y hay que bajar el sueldo a los funcionarios, pues se baja, pero es intolerable que se congelen las pensiones mientras que ni uno sólo de los 9 puntos desgranados por Zapatero hace referencia a las rentas altas. Eso es lo que resulta imposible de tragar. Ayer escuché al Secretario de Estado de Hacienda explicar que, como España es un país de clases medias, aquí no se puede gravar a las rentas más altas sin gravar a todas las rentas. Sin comentarios.  Tratarnos como tontos, regalarnos calderilla en época de bonanza, contentar a todos para al final contentar solo a los que, en todo caso, nunca sufren las consecuencias de nada, negarse a utilizar los impuestos para construir un estado más social y más justo no es ni puede ser de izquierdas.

Y ver al Partido Popular hablando de “los débiles” es, directamente vomitivo. El partido que nunca revalorizó las pensiones se atreve ahora a hablar en nombre de los pensionistas por lo visto. ¿Es que nadie tiene memoria? Por supuesto que la política del PP no hará sino traer aun más injusticia, ahondar en las desigualdades y cargar más aun la crisis en las espaldas de los que menos tienen y menos lo merecen. En realidad, la izquierda no ha fracasado, ha fracasado la derecha y ha fracasado la izquierda cuando renuncia a ser de izquierdas.

Publicado en El Plural, mayo 2010

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