La situación


Cuando el gobierno de Felipe González perdió las elecciones lo hizo en medio de incontables y muy graves casos de corrupción que le pasaron factura, Lo contrario hubiese sido una terrible anomalía democrática. El Partido Popular de ahora podría ganar las próximas elecciones generales estando inmerso en gravísimos casos de corrupción, lo cual demuestra la degradación en los estándares democráticos que la sociedad española ha sufrido en los últimos años en los que hemos asistido al espectáculo de ver cómo muchos cargos públicos, se forraban y robaban sin que el castigo judicial fuese ni rápido ni ejemplar. Especialmente en el caso de miembros del Partido Popular incluso les hemos visto seguir en sus puestos políticos para que puedan seguir forrándose, caso de Fabra y otros políticos valencianos. Si, en el peor de los casos son juzgados, a veces les caen dos o tres años de cárcel que no cumplen, casi igual que a los manteros aunque estos últimos sí que los cumplen. (A Matas le van a caer muchos más, pero es que lo que parece que ha robado Matas…). Si toda esta corrupción ha ocurrido estando en el gobierno central el PSOE, me puedo imaginar lo que ocurrirá cuando gobierne el PP. Jauja de la buena, barra libre.

Después están los jueces. Hubo un tiempo en que creíamos que los jueces eran sobre todo profesionales. Ahora que esto comienza a parecer un sainete siniestro digámoslo claramente: si hemos perdido el respeto a los políticos, no digamos a los jueces. Los jueces de derechas, muchas de ellos relacionados con el franquismo, han perdido cualquier sentido de la profesionalidad y de la vergüenza e incluso de la prudencia y han decidido salvar al PP de sus problemas mayores y acabar con cualquier atisbo de justicia histórica respecto al franquismo. Así, 35 años después de muerto Franco, no sólo no ha sido posible una auténtica recuperación de la memoria histórica y de reparación para los demócratas que resultaron vencidos, sino que vamos a ver como los herederos del fascismo de entonces sientan en el banquillo a un juez que intentó traer una mínima justicia, siquiera simbólica, a las víctimas. Jueces de esa misma cuerda (“amiguitos del alma” de altos cargos del PP, y partidarios de la teoría enloquecida de la conspiración) anulan las escuchas (legales según otros jueces) que podían servir para desmantelar una trama de corrupción y permiten que se persone como querellante contra el juez  uno de los supuestos jefes de la trama corrupta que, al parecer, se ha visto “ofendido” por la actuación de aquel. Trama de corrupción que podría, quizá,  afectar al corrupto (corrupto en origen) gobierno de la Comunidad de Madrid. Ese gobierno de la Comunidad de Madrid que se permite, y por lo visto no hay manera jurídica de evitarlo, ignorar las leyes generales, que literalmente hace lo que quiere, se niega a cumplir la ley de dependencia, permite fumar en los lugares públicos, no da ordenadores a los niños, se rebela contra el IVA y contra lo que sea y que, de paso, nos convierte a los ciudadanos de esta comunidad en rehenes de su disparate.

Por si faltara algo sale un amargado nostálgico del franquismo a acusar al gobierno de negociar con ETA cuando este es uno de los periodos en los que se le han dado a  ETA golpes mayores y más efectivos. Es una mentira de una iniquidad tal que un país normal hubiera rechazado a ese político unánimemente. Aquí no sólo no concita el rechazo general, sino que el presidente del Partido Popular y candidato de la derecha no condena esas declaraciones sino que parece apoyarlas.  Cualquier cosa es posible, no hay límite. Mañana podrían decir que Zapatero es un conocido proxeneta que se ha lucrado con la trata de mujeres o bien que Rubalcaba tortura judíos en sus ratos libre y no pasaría nada. Los representantes del PSOE elevarían una protesta, los responsables del PP dirían que “cuando el río suena”… y un juez de su cuerda decidiría que no hay motivo para querellarse contra los responsables de dichas declaraciones.

De un ambiente tan sumamente encanallado todos debemos tener algo la culpa. Culpa tienen, por supuesto, los culpables y el partido que les da cobijo o les promociona incluso, sin desmarcarse nunca claramente de los personajes en cuestión; culpa, y mucha, los que les votan, pensando que esa corrupción es un mal menor. Algo de culpa tendrá el PSOE que parece encogido ante la agresividad del Partido Popular, que no se ha metido de lleno en el combate contra la corrupción, ese sí necesitado de verdaderas penas ejemplarizantes; que tampoco se metió en su momento a atajar el gravísimo problema de la politización de los jueces. Con frases hechas y muy enfáticas, del tipo:  “Yo creo en la independencia de los jueces” no se va a arreglar nada: están politizados. Pero mucha más culpa tenemos toda la ciudadanía, incluso los que no les votamos, porque asistimos a todo esto como quien ve llover. Quien no sepa/vea que después del desprestigio absoluto de las instituciones, de la clase política en general, después de que la mentira se convierta en fundamental para llegar al poder, después de que todo de igual porque todos nos parezcan unos mentirosos y unos corruptos, quien no sepa que después de eso viene un Berlusconi o algo peor, es que no sabe nada. Si esto sigue así terminarán probando que unos etarras, venidos de unas montañas muy cercanas, pusieron una bomba de matacucarachas en un tren ¿no era algo así?

Publicado en El Plural

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