Menos Alianza de civilizaciones y más Alianza Anticapitalista


 Acabo de volver de una gira por Latinoamérica en la que he visitado varios países. A aquellos que, de buena fe, critican a Chávez, Evo, Correa y demás desde posiciones más o menos neutrales o incluso progresistas, habría que recomendarles un viaje a aquellos países. El capitalismo puede ser malo aquí, puede ser injusto, puede hipotecarnos, dejarnos sin trabajo o sin pensión y no se qué más espantos nos traerá el futuro, pero el capitalismo allí es, simplemente, destructor. La pobreza allí corta la respiración. No se trata de esa pobreza que conocemos por verla en la televisión, de personas sin hogar tiradas en la calle, de niños desnutridos, de refugiados… todo eso lo conocemos y lo identificamos; al menos lo identificamos.

En Latinoamérica se trata de una pobreza generalizada de la que se salvan muy pocos. Se trata de la completa destrucción del patrimonio cultural y natural, de ciudades caóticas, sucias, inseguras, que obligan a sus habitantes a vivir en un permanente estado de tensión, encerrados en sus casas, parapetados más bien.

“Vivimos encerrados”, me dijo un amigo caraqueño después de explicarme por qué había electrificado la reja metálica de su ventana. Las calles no parecen calles, las ciudades parecen el infierno, no hay dónde volverse, dónde esconderse. Barrios de favelas, o lo que aquí llamaríamos infraviviendas, se extienden por kilómetros y es difícil saber cuándo se acaban; a veces parece que no se acaban nunca. A veces la ciudad entera parece una favela o, en el mejor de los casos, un polígono industrial.

No hay ningún tipo de ley para conservar lo poco que queda de ciudades que debieron ser muy bellas; es la ley del dinero. Todo puede derribarse, todo puede construirse en cualquier lugar, todo puede ensuciarse, contaminarse. En algunas de esas ciudades resulta difícil incluso respirar. En lugares así, la felicidad, la tranquilidad de espíritu, resulta tan difícil como tener flores en las ventanas; un anhelo imposible. No hay espacio para otra cosa que no sea sobrevivir en el espacio privado y, si se es muy rico, entonces sí, claro. Entonces esas ciudades no se ven porque los muy ricos crean unos espacios irreales, alejados de todo, de los que no salen más que para viajar a EE.UU o a Europa.

Por supuesto que todavía pueden encontrarse pueblos, ciudades y lugares muy bellos en Latinoamérica y es que el capitalismo destructor y rapaz no ha podido aun destrozarlo todo, pero no es más que cuestión de tiempo. El capitalismo es insaciable.

Ahora los líderes mundiales se reúnen para refundar el capitalismo comandados por Bush. Refundar esto bajo la batuta de Bush o de Sarkozy es una broma pesada que sólo puede significar una cosa: hay que robar más, expoliar más, destruir más, exprimir aun más los recursos, acabar con lo que queda, sacar más, sacar más, sacar más. “El capitalismo está en crisis porque el beneficio no es aun bastante”; esa puede ser la idea de partida para estos avezados “refundadores”

No comprendo para qué quiere estar ahí Zapatero, que se ha mostrado al menos tibiamente crítico con este sistema económico. Menos Alianza de Civilizaciones con algunos inciviles y más Alianza Anticapitalista antes de que sea demasiado tarde. Ya lo sé, suena pasado de moda. Pero es que estoy enfadada, permítanme soñar.

Publicado en: www.elplural.com

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