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¿Y si…? ¿Sabemos cómo defender la democracia?


¿Y si Trump ha vendido secretos nucleares a otros países? ¿Quién le juzga? ¿Quién le detiene? ¿Y si quien le juzga es de los suyos y se niega a declararle culpable y dice que no eran papeles secretos? ¿Qué pasa si algunos gobernadores de EE.UU aprueban leyes que dejan fuera de la democracia a millones de personas que votan demócrata (como ya está pasando)? ¿Y si se presenta por segunda vez a las presidenciales y las pierde pero dice que las gana? ¿Y si todos los medios conservadores afirman que las ha ganado? ¿Y si las redes sociales dicen que las haga ganado y la gente lo cree? ¿Y si esta vez algún gobernador republicando decide declarar la victoria de Trump, aunque haya perdido? ¿Qué pasa si colocan al frente de los colegios electorales a técnicos que están dispuestos a falsear las elecciones? ¿Qué pasa si los jueces que tienen que certificar los votos, mienten? ¿Habrá alguien que mandará detenerle? ¿Y si la policía se niega porque cree estar defendiendo la democracia al defender a Trump? ¿Cómo nos estamos protegiendo de eso?

¿Y si los jueces del CGPJ se niegan a cumplir la ley que les obliga a designar a dos miembros del Tribunal Constitucional y se convierten en un poder en rebeldía y sin control? ¿Quién les juzga? ¿Es posible condenar a los jueces o juezas prevaricadores? ¿Y si cuando haya elecciones la prensa de derechas «informa» que ha habido fraude y que las ha ganado Feijoo, aunque haya perdido? ¿Y si el juez Alba, condenado por prevaricador y por ahora en la playa, nunca va a la cárcel? ¿Quién juzga a quienes mantienen persecuciones ilegales a personas de izquierdas, pero deciden que Aguirre o Cospedal son inocentes de todo? ¿Y si el PP persiste en saltarse la constitución y se niega, hasta que gobierne, a renovar el órgano de gobierno de los jueces para así asegurarse, para siempre, la mayoría en el mismo? ¿Qué pasa si eso sucede? ¿Y si los jueces, mayoritariamente de derechas, descubren que no pasa nada si hacen política desde sus tribunales, que su actitud no tiene consecuencias?

Llevamos tiempo hablando del lawfare, esa modalidad de subversión de la democracia que se hace sin necesidad de sacar al ejército a la calle y con apariencia de legalidad. Pero puede ocurrir que vaya a más, a mucho más; puede ocurrir que las instituciones ya estén ocupadas por los golpistas y que nuestra única defensa sea bracear, escribir artículos y decir muy alto que hay jueces y juezas o partidos políticos que no cumplen la ley o la Constitución. ¿Qué les importa? ¿Esos incumplimientos tienen consecuencias más allá del desprestigio de las instituciones? ¿Y si es ese desprestigio precisamente el que están buscando? ¿Cómo estamos combatiendo a los jueces que han decidido no cumplir la ley con la intención de preservar (ilegalmente) las mayorías conservadoras para hacer política desde ahí?

La cuestión, se ha escrito mucho también, es que a los poderosos del mundo la democracia ya no les vale porque en su necesidad ilimitada de aumentar las ganancias no se pueden permitir toparse con instituciones que les ponen límites, no se pueden permitir que la gente decida democráticamente poner esos límites. El neoliberalismo no admite frenos. Encarcelaron a Lula y ganó Bolsonaro y el juez Moro que le encausó fue ministro y acabó trabajando en una importante firma norteamericana. Lula salió de la cárcel porque aun funcionaron algunos controles, pero el juez Moro debe tener una abultadísima cuenta corriente en algún paraíso fiscal y, en todo caso, ¿quién repara el daño hecho por Bolsonaro? ¿Quién garantiza que eso no va a volver a ocurrir? ¿Y si en poco tiempo ya no encontramos a un solo juez o jueza dispuesto a defender la legalidad democrática o la justicia?

¿Quién detiene al Juez García Castellón? ¿Qué pasa si los jueces del CGPJ prevarican? ¿Y si no hay nadie, literalmente, que restablezca la justicia? ¿Estamos preparados? ¿Sabemos cómo parar esto? ¿Lo saben los partidos respetuosos de las leyes o de los límites? ¿Alguien sabe qué hacer cuando el principal partido de la oposición se niega a cumplir las leyes? Con Trump nos encontramos con que un partido dispuesto a acabar con la democracia llegó democráticamente al poder. Se impidió que gobernase por segunda vez porque los controles democráticos funcionaron  -por los pelos- pero…¿funcionarían por segunda vez, ahora que todo un partido de gobierno, como el Partido Republicano, se ha echado en los brazos de un golpista, de un delincuente?

La democracia es un sistema que se basa en la aceptación, por parte de todos los poderes, de unos consensos básicos. Es un sistema imperfecto y muy desigual pero hay una diferencia entre saberlo penetrado de intereses económicos a certificarlo carcomido y vacío por dentro; a saber que solo le queda la carcasa, la apariencia. Si quienes tienen que mantener siquiera la apariencia de legalidad ya no la mantienen…¿qué se hace? ¿Qué pasa si, de repente, esos consensos, esos límites desaparecen porque son comprados/cooptados por los poderosos,  porque se pierde el miedo a las consecuencias porque se ha descubierto que no hay consecuencias? ¿Qué pasa si han decidido que hay que impedir a toda costa que gobierne la izquierda y que cualquier cosa que se haga para evitarlo es legítima y, sobre todo, han descubierto que es factible?

¿Qué pasa si mañana gana la izquierda, pero la derecha dice que no, que han ganado ellos? ¿Qué pasa si los medios de derechas cuentan la victoria de la derecha y hay partidos políticos, hay miembros de la judicatura o peritos y técnicos que dicen que, efectivamente, ha ganado la derecha, y las redes arden de gente convencida de que ha ganado la derecha? ¿Qué pasa si quienes tienen que decidir, que juzgar, toman sus decisiones pensando únicamente en sus propios intereses y los de su clase y no en ninguna legalidad, que ya les da igual? ¿Qué hacemos entonces?

¿Qué nos separa del completo abismo?


Publicado en: Público

Por Beatriz Gimeno

Nací en Madrid y dedico lo más importante de mi tiempo al activismo feminista y social. Hoy, sin embargo, soy un cargo público. Estoy en Podemos desde el principio y he ocupado diversos cargos en el partido. He sido Consejera Ciudadana Autonómica y Estatal. Del 2015 al 2020 fui diputada en la Asamblea de Madrid y ahora soy Directora del Instituto de la Mujer. Sigo prefiriendo Facebook a cualquier otra red. Será la edad.
Tuve la inmensa suerte de ser la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. He dado lo mejor de mí al activismo, pero el activismo me lo ha devuelto con creces.
Estudié algo muy práctico, filología bíblica, así que me mido bien con la Iglesia Católica en su propio terreno, cosa que me ocurre muy a menudo porque soy atea y milito en la causa del laicismo.
El tiempo que no milito en nada lo dedico a escribir. He publicado libros de relatos, novelas, ensayos y poemarios. Colaboro habitualmente con diarios como www.eldiario.es o www.publico.es entre otros. Además colaboro en la revista feminista www.pikaramagazine.com, así como en otros medios. Doy algunas clases de género, conferencias por aquí y por allá, cursos…El útimo que he publicado ha resultado polémico pero, sin embargo es el que más satisfacciones me ha dado. Este es “Lactancia materna: Política e Identidad” en la editorial Cátedra.

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