Un plan B para las mujeres


Hace unos días se presentó una iniciativa llamada Plan B, promovida por políticos, intelectuales y activistas europeos entre los que figura Yanis Varoufakis, y entre los españoles el eurodiputado de Podemos Miguel Urbán, entre otras muchas personas. La que firma este artículo también lo ha firmado como diputada de este partido en la Asamblea de Madrid. La iniciativa exige una alternativa a la austeridad y por una Europa democrática, y propone crear “una red de pensamiento” a partir de una Conferencia Europea que se celebrará en Madrid del 19 al 21 de febrero de 2016. No se trata de crear un partido europeo, sino de crear un espacio de confluencia capaz de generar una agenda común que pueda combatir las políticas de austeridad y democratizar radicalmente las instituciones europeas.

Las políticas neoliberales han creado la mayor desigualdad vivida en Europa desde hace mucho tiempo, como han puesto de manifiesto diversos informes de distintos organismos internacionales, pero esta desigualdad afecta también, de manera muy especial, a la igualdad de género, seriamente dañada por esta crisis. Las mujeres europeas, después de décadas de lucha por la igualdad, nos encontramos en un momento crítico. El neoliberalismo, esta fase, históricamente específica del capitalismo, está reconfigurando el orden de género. No es nada inesperado porque las crisis económicas y la respuesta a las mismas tienen siempre un impacto en las normas de género, que se cuestionan, se debilitan o se refuerzan. Esta crisis está, entre otras cosas, tensionando los límites entre producción y reproducción de manera muy evidente. Por una parte está recortando drásticamente los servicios sociales que han permitido a las mujeres acceder al trabajo asalariado pero, al mismo tiempo, en esta ocasión, no cabe la posibilidad (afortunadamente) de volver a lo doméstico, como ocurrió por ejemplo en los años 50 y 60. En esta ocasión la entrada en el mercado laboral es irreversible. Por una parte porque el propio capitalismo necesita ahora de esa mano de obra y es, además, imposible ya vivir con un salario. Además, porque el camino recorrido por las mujeres, de reivindicación de derechos, es imparable, irreversible, y no se concibe sin la autonomía de un salario propio. Ahora más que nunca estamos situadas en ese vértice complicado entre patriarcado y liberalismo, doblemente apretadas.

 Entregadas por una parte a nuestra lucha de siempre, una lucha cultural, ideológica, antropológica, de desmantelamiento de las jerarquías de género; y por la otra sometidas a nuevos modos de subordinación impuestos por el mercado que son los que están presionando la reproducción social hasta el límite. No se trata únicamente de estar asistiendo a una reprivatización de eso que llamamos los servicios de cuidado, lo que sostiene la vida, por otra parte; no se trata sólo de la tradicional transferencia de lo público a lo privado; lo que está en juego es, por una parte, la posición de las mujeres en la vida social y por la otra, la cuestión de la democracia: la transferencia de la responsabilidad pública al ámbito de lo privado, la reducción de la esfera público y por tanto la desaparición de los espacios de deliberación y negociación colectivos, el desmantelamiento de la democracia, en una palabra.

Las feministas tenemos que denunciar estos nuevos modos de opresión que están erosionando los avances de las mujeres en las últimas décadas pero que también están eviscerando la democracia y que están sometiendo a amplias capas de la población a situaciones de explotación insoportables. Las mujeres hemos estado ahí desde el principio. Las mujeres somos mayoría en la Marea Verde, en la Marea Blanca o en la lucha antidesahucios. Las mujeres somos pieza clave de las estrategias de control social pero también en las resistencias y en cualquier lucha por la justicia y la igualdad. Hemos estado en las calles y en la resistencia todo este tiempo y ahora estamos preguntándonos si vamos a salir de aquí de la mano de los compañeros que están manteniendo esta misma lucha o si vamos a salir, como nos ha pasado históricamente tantas veces, traicionadas. Lo que nos estamos jugando en este momento es la posición que va a jugar el feminismo en la batalla por la superación de esta crisis. ¿Vamos a luchar por cambiar la actual correlación de fuerzas económicas y políticas considerando que el eje de igualdad de género es fundamental en la construcción de una nueva sociedad, o vamos a salir de esta desde el androcentrismo tradicional que ignora nuestras luchas e incluso nuestras vidas? ¿Vamos a incluir en ese Plan B, que apoyo, la denuncia de la dominación masculina y los modos específicos de dominación neoliberal aplicados a las mujeres? ¿Vamos a denunciar entre todos y todas el imaginario patriarcal que oculta la desigualdad estructural de género o quizá la redefinición de las jerarquías de género que se está pretendiendo hacer va a contemplar la desigualdad como una diferencia individual y no sistémica? ¿Va la resistencia antineoliberal a ser capaz de hacer una denuncia radical de la estructural del androcentrismo neoliberal…o no? Porque de la respuesta a esas preguntas va a depender que el Plan B que proponemos sea una salida justa u otra traición más a las mujeres que hemos resistido, luchado, mantenido a las familias, que hemos salido a las calles, puesto el cuerpo ante un desahucio, cuidado de los enfermos y dependientes abandonados por el estado, trabajado en condiciones de explotación. Necesitamos un Plan B para Europa que tenga en cuenta que las mujeres somos Europa.

Publicado en: EconoNuestra

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