Entre risas y aplausos


Al PP le hace falta un director de escena. Si yo fuera Soraya, que es la que lo hace todo, contrataba a un director que pusiera firmes a los diputados/as y que les enseñara a mantener un rictus de grave preocupación por la situación de tanta gente que sufre. Ahora mismo están asilvestrados y en cuanto se relajan un poco se les escapa un “que se jodan los parados” o una carcajada ante un niño hambriento. No queda bien, hasta ellos deben saberlo. Lo que pasa es que no tienen disciplina ni saben nada del método Stanislavski.

La catadura moral del PP como partido hace tiempo que sabemos que puede medirse por sus aplausos, sus risas o sus expresiones parlamentarias. Tenemos varios ejemplos para recordar. Nos acordamos de aquel primer aplauso indigno en 2003 cuando Aznar consiguió que el parlamento aprobase la entrada en la guerra. La entrada en una guerra siempre debería ir acompañada de silencio. Pero al PP le van las guerras, y más si son para mostrar el poderío imperial y para poder sentarnos en la misma mesa, o al menos cerca de los soldados imperiales. Se aprobó la entrada en la guerra y el parlamento se vino abajo con un aplauso patriótico. Ese aplauso hizo época.

Otro alborozo que marcó un antes y un después fue el cerrado aplauso con el que el Partido Popular recibió el discurso de su líder en el que anunciaba recortes y miseria. Allí no sólo hubo aplausos; se notaba mucha alegría. Creo que sus señorías se regocijaban porque aquel discurso marcaba el comienzo de “su” época. Se acabaron los disimulos y veleidades electorales. Se acabó vestirse con piel de cordero. A saco. Rajoy dijo en ese día, por fin, unas cuantas verdades y por eso sus señorías no sólo aplaudían, sino que asentían, se reían y se felicitaban. Se palpaba una inmensa alegría en la bancada popular. Cada vez que el presidente recortaba en una ayuda, su gente se derretía de gusto. Y entre todos ellos Andrea Fabra hizo historia: “Si señor, si señor… que se jodan”. Y nos vienen jodiendo desde entonces.

Luego vinieron los aplausos al Consejero de Sanidad, Javier Rodriguez. Después él pediría perdón, pero las señorías madrileñas bien que le aplaudieron sin vergüenza alguna. El nada excelentísimo Sr. Rodriguez aplicó la forma de actuar tan querida al PP: desacreditar, mentir, convertir a cualquiera que se convierta en un obstáculo en un enemigo peligroso. Vamos, lo de que todo es ETA menos ellos. Le salió mal, naturalmente. Como no pueden siquiera imaginarse que exista gente que ponga su vida en peligro de manera voluntaria para ayudar a los demás; como no pueden imaginarse que existan trabajos difíciles y peligrosos que son sin embargo muy valorados socialmente (simplemente porque para el PP el único valor es el dinero) aplicaron sus métodos de descrédito habituales…y fallaron. Desacreditar a una voluntaria enferma por su pésima manera de hacer política no resultó un buen plan. No obstante aplaudieron con entusiasmo cuando el Consejero lo intentó. Son voluntariosos, de eso no cabe duda.

Finalmente, esta misma semana la bancada popular hizo mofa de que Pedro Sánchez mencionara la pobreza infantil. Les hacía muchísima gracia que esto saliera a colación en un parlamento. Igual que niñas y niños traviesos, igualito que ese Nicolás, digno y aventajado hijo de todos ellos, los diputados y diputadas del PP gritaban: “Ohhhhhh”, cuando Sánchez insistía en el asunto de la pobreza. Y yo me pregunté: ¿cómo demonios permitimos que toda esta gentuza se siente ahí, cobre un salario y se llame a sí misma representantes de la ciudadanía?

Como dijo el otro día Pedro Almodóvar esta gente nos considera de otra raza, inferior por supuesto.

Son tan burdos que está claro que necesitan un director de escena que les explique que cuando se habla de pobreza, dolor, sacrificios etc. no hay que reírse ni aplaudir con alborozo. Aunque, bien mirado, es demasiado tarde; se han pasado con los aplausos y han conseguido que cualquier persona con un mínimo de sensibilidad sueñe con borrarles esas sonrisas de sus caras. En eso estamos y cada vez queda menos.

Publicado en Publicoscopia

3 comentarios

  1. Como siempre, muy de acuerdo contigo, Beatriz. Es de ley recordar a qué ralea pertenecen estos villanos desalmados.
    Sólo un pequeñísimo detalle que me ha chirriado: al Presidente del Gobierno lo nombras por su apellido, Rajoy, mientras que a la Vicepresidenta por su nombre de pila, Soraya. Por mucho que el tono hacia ella sea despectivo -y vaya si se lo merece- me parece, por decirlo suavemente, políticamente incorrecto. No sé si podrás hacer algo para corregir eso… Vamos, sobre todo por lo que tú representas, ¿no crees?

    1. Olga, perdona que no te haya contestado antes. Aunque parezca ridículo no me siento tranquila delante del ordenador desde hace semanas. Tienes razón, es lenguaje machista y yo lo uso a menudo como todo el mundo. Es muy difícil estar alerta todo el rato. No lo voy a cambiar, sin embargo, no cambio nunca nada porque soy responsable también de mis errores. Sirva este para tener presente que no se puede bajar la guardia.
      Muchas gracias por escribirme y, como siempre, por leerme.
      Un abrazo

      1. Muchas gracias por contestar, y te entiendo perfectamente. Encantada de leerte, siempre.
        Un abrazo.

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