La realidad se coló en el Congreso


El martes compareció en el Congreso Ada Colau, acompañada de más de un millón de firmas, para defender lo que los afectados por las hipotecas consideran justo, imprescindible, lo que la mayoría de la ciudadanía consideraría de justicia elemental. Esa comparecencia sirvió para hacer completamente evidente, si no lo era ya, la brecha que separa a la ciudadanía de aquellos que deberían representarnos pero que han dejado de hacerlo hace tiempo en la medida en que la mayoría no se siente representada por ellos. Ocurrió lo mismo que cuando compareció Pilar Manjón.

Cuando compareció Pilar Manjón la realidad entró en el Congreso y les dejó a todos desnudos; fue un instante pero todos pudimos ver su desnudez.  Con Ada Colau ha sucedido lo mismo. En ninguno de los dos casos la mayoría de sus señorías sabían qué hacer, qué decir o siquiera qué cara poner. En la comparecencia de Colau se les ve revolverse inquietos, se nota la profunda incomodidad que les produce verse obligados a estar allí, escuchando aquello. Señorías, a ver si se enteran, eso que les produce tanta incomodidad, eso que no están acostumbrados a escuchar, eso que les debe sonar a chino es en realidad lo que pensamos la mayoría de la gente corriente. Las palabras de Ada Colau no son palabras extemporáneas, ni radicales. Son las palabras que usamos todos y todas en nuestras casas, las que hablamos con nuestros amigos, en nuestros trabajos y por la calle, las que queremos expresar en las manifestaciones. A ustedes esa fuerza, esa convicción, esos razonamientos de puro sentido común y esa dignidad, les deben parecer de otro mundo. Y lo son sí, son de nuestro mundo. Ese que parece que nunca entra en el Congreso.

Por un día, por un rato, de manera excepcional, señorías, se vieron obligados a escucharnos. Nosotros y nosotras, la mayoría, consideramos que el proceso por el cual la gente es expulsada de sus casas y por el que estas casas son entregadas al banco es producto, efectivamente, de una estafa generalizada que la mayoría de ustedes han permitido y quieren seguir permitiendo. Consideramos que esta estafa cuesta vidas humanas y un dolor incalculable a muchas personas y consideramos que quienes han estafado, permitido que se estafara, favoreciera que se estafara o perdone las estafas sin hacer nada, son delincuentes y deberían ser considerados y tratados como tales en lugar de continuar siendo poderosos y respetados; por ustedes, claro. Nosotros hace mucho que sabemos que son delincuentes.

La emoción que mostró en un momento Ada Colau es nuestra emoción, son nuestras lágrimas, las de todos los que vemos impotentes como familias que no han hecho nada excepto trabajar, son las que están pagando por la codicia criminal de banqueros, especuladores, financieros y políticos sin escrúpulos. Esas son las lágrimas que todos vertemos y no las lágrimas de cocodrilo de la vicepresidenta cuando pretendía colarnos otra ley injusta e inútil al tiempo que llamaba “fracasados” a quienes pierden su casa. Los únicos que han fracasado son ustedes, señorías, con sus políticas, con sus palabras vacías, con sus discursos huecos y engañosos. Fracasar no es algo moralmente reprobable, pero tratar de encubrir el propio fracaso haciéndoselo pagar a otros más débiles sí lo es, y eso es lo que hacen la mayoría de ustedes que se sientan en el Congreso para seguir ensimismados en su realidad paralela.

Colau reprochó a la mayoría de los políticos su connivencia con las prácticas que nos han llevado a esta situación, y lo hizo con las mismas palabras que usamos todos y con las que les dejó desnudos. Los políticos que la escuchaban se revolvían inquietos en sus asientos. La verdad desnuda debe resultar insoportable a quien no está acostumbrado a escucharla. ¿No le han dado ganas de llorar, señora vicepresidenta? Y si mala es la distancia entre la realidad, representada por Ada Colau, y el mundo de los representantes políticos, peor aún era el desprecio que se mascaba en la mayoría de quienes se estaban viendo obligados a escuchar las verdades que salían por la boca de la representante de los afectados por las hipotecas-estafa, y las ganas  que se les veían de dar por finiquitado el trámite, de no dedicarle ni un minuto de más a esa intrusa que ha osado llevar la realidad cruda al Congreso de los Diputados y que ha conseguido, que por un momento, muchos diputados y diputadas dejen de decir mentiras, palabras huecas, tonterías, sandeces que a nadie importan y que tan alejadas están de nuestras vidas. Lo que allí se percibía en la mayoría eran las ganas de acabar: votación y vuelta a sus mundo y que Ada Colau vuelva al suyo.

Esto será así hasta que un día nuestras voces lleguen dentro. Tenemos que tomar el Congreso, las instituciones, los partidos. Las instituciones y los partidos son nuestros, vamos a ocuparlos (metafóricamente hablando, no me detenga Sra. Cifuentes) y a llenarlos de realidad.

3 comentarios

  1. Gracias, Beatriz. He posteado un comentario en mi blog, enlazando con tu artículo. Si ya lo has dicho tú tan bien, ¿para qué voy a escribir lo mismo con otras palabras? Un abrazo.

  2. Gracias como siempre Olga por tus palabras.

  3. a quien le importa |Responder

    Necesitamos respirar un poco con personas como tú, que nos den un poco de esperanza.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: