La hipocresía de la iglesia


El 28 de septiembre se celebra el Día Internacional por el derecho al aborto y más o menos por esta fecha yo viajo de nuevo a Latinoamérica. Últimamente, cada vez que viajo hasta allí me encuentro con dos asuntos que son objeto de intenso debate en la región: el derecho al aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Y naturalmente siempre que se entra en el debate del aborto o del matrimonio igualitario nos topamos con la iglesia católica, o cualquier otra iglesia, convertida en uno de las actores principales de esta lucha.

 Resulta curioso, cuando se llega a Latinoamérica desde España, donde mantenemos todavía ese mismo combate, observar cómo la iglesia tiene posturas diferentes según el país desde el que hablemos. Cuando en España volvió a abrirse hace poro el debate para reformar nuestra ley de aborto, la iglesia como era de esperar se convirtió en firme oponente de este derecho. Sin embargo, respecto al aborto terapéutico, aquel que se efectúa cuando peligra la vida de la madre, y sabedores de que la aceptación social a dicho aborto es praticamente unánime,  no se manifestó en contra. Dijo que en este supuesto no había cuestión; que la iglesia siempre está a favor de la vida y que si se diera el caso de que la vida de la madre peligrara por culpa del embarazo, la obligación de los médicos es tratar de salvar a toda costa esta vida. Si en este proceso de curación el feto muere eso no puede considerarse, según decía la Iglesia, un aborto provocado puesto que era más bien un aborto sobrevenido: tratando de salvar una vida, la de la madre, la muerte del feto se habría producido de manera natural. Realmente cabría pensar que no cabe otra postura puesto que incluso estando en contra del aborto, puestos a elegir entre dos vidas se supone que la vida existente debería primar sobre un proyecto de vida que aun no es. Por eso, porque incluso los partidarios del aborto lo entienden así, la iglesia en España sostuvo esta postura.  

Por eso me sorprendió cuando me di cuenta de que en Latinoamérica el debate gira sobre todo en torno al aborto terapéutico que se pretende prohibir  ahora en  países en los que estaba permitido incluso desde principios de siglo. Algunos países, como Nicaragua, ya lo han prohibido, en otros la discusión política gira en torno a este tipo de aborto (si permitirlo o no) y hay países, como México,  con mujeres presas y encausadas por someterse a abortos terapéuticos, por elegir sus vidas en lugar de las de los embriones. Así que aquí, en Europa, para la iglesia no hay cuestión y lo natural es que si peligra la vida de la mujer gestante se haga todo lo posible por salvarla; es lo normal, dicen. En Latinoamérica, si peligra la vida de la mujer, que se muera. Ya hay varios casos en los que, por imperativo legal, la mujer ha muerto por su feto. Recuerdo un caso en el que los médicos se negaron a tratar a una mujer embararaza y con un cáncer hasta que finalmente parió y para entonces ya era demasiado tarde.

Nos encontramos así  con que para la iglesia y sus defensores  (aquí entran muchos gobiernos o políticos autodenominados de izquierdas) el embrión o el feto tienen siempre derecho a la vida, mientras que la mujer no tanto.  Como dijo en su momento una congresista norteaméricana y republicana por cierto, la mujer embarazada es la única persona cuyo derecho a la vida se pone en cuestión. Los gobiernos de esos países latinoaméricanos, gobiernos de los que forman parte mujeres que naturalmente abortarán cuando quieran o lo necesiten (y que jamás dejarían que sus hijas se vieran en situaciones como las descritas) demuestran tan escaso respeto por la vida de las ciudadanas que no es de extrañar que el feminicidio se extienda como una mancha de aceite incontrolada.  

El asunto del matrimonio igualitario, el matrimonio entre personas del mismo sexo, es parecido. La iglesia mantiene también en este asunto un doble discurso. En España, y dado que la mayoría de la población consideraba que estas parejas debían tener los mismos derechos que las heterosexuales, la iglesia afirmó repetidamente que no estaba en contra de que se concedieran estos derechos; llegó a decir que era una cuestión humanitaria que estas personas tuvieran acceso a la sanidad o a la herencia de sus parejas. De lo que estaban en contra era de que esta  regulación tomase el nombre de “matrimonio”. En varios debates públicos que mantuve yo misma con algún obispo estos se mostraban comprensivos y humanos  y aseguraban enfáticamente que la iglesia no negaba a las personas lgtb su dignidad y sus derechos humanos.  

En Latinoamérica, por el contrario, con miles de muertes por homolesbotransfobia, la iglesia se niega a reconocer ni un solo derecho, no a las parejas, sino a las personas, y se muestra indiferente respecto al derecho a la vida.  La iglesia se echa a la calle en cuanto un gobernante propone cualquier ley que pretenda no ya reconocer derechos sociales sino siquiera proteger la vida de las personas lgtb. Cualquier ordenanza o ley que trate de combatir la homolesbotranfobia asesina se encuentra de frente con la iglesia que se opone siquiera a reconocer la mínima dignidad a las personas lgtb. Por supuesto se oponen también, con todas las armas a su alcance, a cualquier medida en material de educación sexual encaminada a evitar enfermedades o embarazos que cuestan la vida a las personas que los padecen. 

La iglesia por tanto sostiene un doble discurso según donde se encuentre. En Europa donde algunos derechos son indiscutibles y donde a la iglesia no se le reconoce (al menos en teoría)  papel político alguno, ésta pretende mostrarse más comprensiva y parecer humanitaria y compasiva con la dignidad y la vida de todas las personas; en países más pobres, donde la iglesia dispone de un poder político que no le corresponde, muestra su cara más intolerante y fanática ante una población que vive la religión no tanto desde la reflexión como desde la obediencia silenciosa.

La iglesia católica, cualquier iglesia, es una de las mayores fuentes de infelicidad humana y de injusticia que existen y es el mayor enemigo de la igualdad y de la libertad de las mujeres.

3 comentarios

  1. […] La hipocresía de la iglesia beatrizgimeno.es/2011/09/26/la-hipocresia-de-la-iglesia/  por Botines hace nada […]

  2. Hay una frase que no sé de dónde he sacado (ni me importa), pero dice así: “¿cómo puede ser que con un evangelio tan de izquierdas nos haya salido una Iglesia tan de derechas?”.

    Gran verdad. Soy cristiano pero no soy católico, y soy laicista. Cristo hay que entenderlo como el primer revolucionario de la historia, cuyos mensajes eran: 1)ama como yo te amo, 2)comparte todo lo que tienes, 3)vive en la humildad. Nada que ver con homofobia, trajes de 6.000€…

    Que no, que no, que no nos respresenta (la Iglesa Católica).

  3. Yo Yo soy católica pero encuentro asquerosa la la postura de mi iglesia ante el aborto soy de chile y acà priorizan a algo que aún no es una una persona aantes que salvar la vida de una madre. Incluso recuerdo el caso de una niña que tenia 10 años y fue violada además de quedar embarazada El daño moral que se le hace a ella es terrible.

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