La misoginia de la iglesia


Reconozco que no puedo con ellos; que me quita el sueño el que una ideología que sostiene la más pura y evidente maldad, tenga un lugar de honor en el mundo; me corroe que en estos tiempos de lucha por la igualdad, se reivindique con naturalidad la homofobia y la pura misoginia. ¿O no es maldad que un arzobispo excomulgue a la madre y a los médicos que han ayudado a abortar a una niña de nueve años violada por su padrastro y embarazada de gemelos cuya gestación, además de otras consideraciones morales, de humanidad, de libertad etc, le podían costar la vida? Es maldad, desde luego, maldad interesada, claro, puesto que en la iglesia abundan los violadores de niños pero escasean los abortistas. Eso si que es barrer para casa. Y es misoginia de la más rancia. La iglesia odia, teme y desprecia a las mujeres desde su misma fundación casi.

Aunque dicen que la excomunión es siempre automática en casos de aborto, lo cierto es que por aquí no se estila mucho esa medida. Porque, por si fuera poco, la iglesia odia a los pobres también; los quiere miserables, humillados, dolientes y sufrientes, para convertirlos en excusa de sus prédicas y en objeto de sus castigos. No es la primera excomunión pública por aborto, ya hubo otra en Nicaragua y también por interrumpir un embarazo debido a la violación de otra niña. La iglesia publicita la excomunión sólo en aquellos países pobres donde esos gestos estúpidos aun pueden hacer daño. Aquí, que todo está lleno también de obispos, arzobispos y cardenales, todos igual de malos, no se excomulga nunca a nadie públicamente. Aquí, si fuera por pecar, tendrían que excomulgarnos a todos y se quedarían sin clientes para cobrar esas subvenciones que tan ricamente les concede el estado. Además, aquí nos daría la risa y por eso no lo hacen, porque se vería lo que son, porque se quedarían desnudos en toda su ridiculez. Aquí ocurre lo contrario, que nos organizamos, protestamos, nos manifestamos para que nos borren de la Iglesia y no hay manera. El caso es fastidiar lo más posible.

Lo que no sé es porque no excomulgan a Zapatero, a la ministra Aido, a los famosos expertos, a las feministas…a todos estos que nos han tenido varios meses entretenidas para, al final, dejarlo casi todo igual. El PSOE anuncia que va a reformar la ley del aborto, abre el debate (otra vez la iglesia en la calle, otra vez el PP mintiendo, otra vez El Mundo inventándose noticias y teorías) y todo eso para proponer una ley que deja las cosas más o menos igual con lo que, además de a todos los anteriores, cabrea a los suyos y, sobre todo, a las suyas. Eso se llama hacer las cosas con inteligencia. “Ninguna mujer irá a la cárcel por abortar”, anuncia enfáticamente la ministra. Y yo me pregunto ¿cuándo ha ido a la cárcel una mujer por abortar? Cierto que sacar el tipo del código penal era importante, cierto que dejar un periodo de aborto libre es muy importante porque, diga lo que diga Esperanza Aguirre el aborto es un derecho de las mujeres y de los más importantes, pero…es políticamente poco inteligente montar un debate socialmente sensible y no aprovechar para dar un paso adelante hacia una ley que fuera de las más progresistas de Europa, como nos dijeron que harían.

El PSOE y sus intolerables cesiones a la iglesia, que nos ofenden a los laicistas; el PSOE y sus cesiones también a sectores sociales muy minoritarios (Foro de la Familia, grupos antielección…), que ya le hicieron descafeinar hasta lo indecible la imprescindible asignatura de Educación para la Ciudadanía, y que ofenden a cualquier persona mínimamente progresista; el PSOE y la ahora descafeinada Ley de Aborto que es una desilusión para las feministas… y seguimos con lo que están haciendo con la ley de Costas que es un varapalo para todos los preocupados por la ecología, sin olvidar que la pretendida reforma de la Ley de Extranjería pretende penalizar la solidaridad, un concepto y una práctica imprescindibles para la izquierda. Me gustaría que dentro del PSOE se dieran cuenta de que el suelo electoral del Partido Popular es casi inamovible, pero que el suyo no lo es; que hay cosas que los votantes podemos llegar a entender, aunque no nos gusten, como fruto de la política real y que hay asuntos sobre los que se puede transigir; pero hay otros que ni entendemos ni podemos aceptar de ninguna manera. Y si a todo esto le sumamos la crisis…

Publicado en: El Plural

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