Mucho aun por caminar


Fuera ya, y casi olvidados, Acebes y Zaplana, es posible que la oposición deje de dar miedo como en la pasada legislatura. Si esto es así y recobramos un ritmo político normal, podremos detenernos a juzgar algunas actuaciones del Gobierno, como es nuestra obligación ciudadana, por otra parte. Quizá así podamos ver y denunciar que no es oro todo lo que reluce. Sí, nos gusta que haya más ministras que ministros porque tiene una especial carga simbólica, pero sabemos que, en cambio, hay menos diputadas que en la anterior legislatura. Ese es un agujero de la Ley de Igualdad que habrá que corregir.

Sabemos que no podemos seguir sin una ley del aborto como la que tienen la mayoría de los países europeos; es necesario que se nos reconozca a las mujeres ese derecho sin el que todos los demás gestos palidecen. Esta semana se ha presentado la Plataforma por una Ley de Aborto para luchar por este derecho.

Sabemos también que la Ley de Dependencia, arrinconada ahora al Ministerio de Educación y Asuntos Sociales, está lejos de establecer protección universal a los titulares de derechos y puede tener en cambio efectos perversos, como limitarse a subsidiar a las cuidadoras, convirtiéndose así en una trampa para las mujeres. Sabemos que la Ley contra la violencia de Género no trajo aparejada la dotación necesaria, ha colapsado los juzgados y no se puede desarrollar adecuadamente.

Y sabemos que no se puede demorar por más tiempo el necesario establecimiento de un estado laico. No podemos seguir manteniendo los acuerdos con el Vaticano, ni las actuales relaciones con la Iglesia Católica. En algún momento habrá que cortar esta relación que atenta contra la igualdad y contra importantes preceptos constitucionales, además de introducir una constante e inacabable tensión en la vida política y social que ha lastrado a este gobierno innecesariamente y que amenaza con lastrarle también en esta legislatura.

Belloch se niega a retirar un crucifijo de la sala de plenos del Ayuntamiento de Zaragoza y se retira una campaña de prevención del VIH ante las presiones de la Iglesia. Basta con que la Iglesia ponga el grito en el cielo (nunca mejor dicho) para que todos tiemblen. Hay que acabar con esto de una vez por todas. Ese crucifijo, como votante, no me representa. Los crucifijos en las iglesias y no en los Ayuntamientos.

La legislatura anterior supuso un cambio muy importante que ahora hay que continuar y que consolidar. Queremos y esperamos que el cambio avance y que no se detenga.

Publicado en: El Plural

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