Un año de dignidad


El sábado pasado asistí en Madrid al acto de celebración del primer aniversario de la llamada Ley de Identidad de Género (su nombre real es mucho más largo). Esta ley, que recibió mucha menos atención y mucha menos oposición (afortunadamente) que la de matrimonio entre personas del mismo sexo era, sin embargo, más necesaria. La ley de matrimonio nos trajo la igualdad, pero hasta la ley gays y lesbianas vivíamos más o menos como cualquiera. Las personas transexuales, ciudadanos y ciudadanas, que pagan sus impuestos, que están sujetos a todos los deberes, no podían, sin embargo, desarrollar sus vidas. Aquello era inhumano.

Recuerdo un día que tuve que coger un avión con una compañera transexual. Años y años que nos conocíamos y al llegar al aeropuerto, ella cambió de repente. Se puso en guardia, agresiva, rara. Nos pusimos en la cola de los billetes y al llegar nuestro turno y tener que dar su DNI, ella, guapa como es, antes de que ocurriera nada, entregó su documento y con voz temblorosa pero fuerte le dijo a la empleada: “si, soy yo”. La empleada la miró, miró el DNI, llamó a un guardia civil, los dos miraban el DNI y a ella, toda la cola nos miraba, la empleada y el guardia cuchicheaban. Mi compañera dijo entonces con voz destemplada: “¿Qué pasa? Soy transexual”. Y yo pensé ¿Cómo se puede aguantar esto cada vez que viajas, cada una de las veces que, por la razón, que sea, tienes que demostrar tu identidad? Y todo esto suponiendo que no te toparas con alguien brutal o estúpido que quisiera amargarte el día, que te lo amargaba.

Unas semanas antes, la activista Carla Antonelli se enfrentó en el programa la Noria de Tele cinco con una mujer de derechas (no recuerdo su nombre) y con Paloma Gómez Borrero (inolvidable el suyo) La periodista de derechas (creo que era periodista) criticaba que el tratamiento médico de las personas transexuales lo pagara la seguridad social. Como le dijo Carla, esta señora debe creer que el dinero que Carla y todas las personas trans pagan en impuestos no les da los mismos derechos que a los demás. Además, esta persona estaba empeñada en que lo suyo era para ir la psiquiatra. No le dijo Carla que la fobia a quien es diferente es lo que ahora se considera una enfermedad y que puede tratarse. Después estaba Paloma Gómez Borrero que se empeñó en sostener que si las mujeres transexuales se dedicaban a la prostitución era porque escogían la salida más fácil. En fin…Esta ley trajo la dignidad a unos cuantos miles de personas. Les trajo, y no son palabras vacías, la vida y solo por ella, mereció la pena toda la pasada legislatura.

Publicado en www.elplural.com

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