Los gays serán los más hombres de todos


Los gays serán los más hombres de todos”.

Está casada gracias a la ley que propició. En esta entrevista, analiza la situación de los homosexuales en España y América latina. Y denuncia la invisibilidad de las mujeres lesbianas.

Por Cristian Alarcón

Beatriz Gimeno perdió un amigo. Todavía le duele esa pelea que se extendió por un tiempo haciendo languidecer la larga amistad que los había unido. Fue una noche, cuando su íntimo, su queridísimo, tuvo un lapsus en una conversación animada y mundana, en la Madrid avanzada de los derechos civiles y la diversidad. “¡Qué lindo un mundo sin mujeres!”, se le filtró con tan mala pata al varón homosexual en su propia sala. El, un sociólogo, un académico, un intelectual, confesaba así su misoginia para horror de Beatriz y sus amigas. No fue cualquier living el escenario del furcio. Era la casa de la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (Felgtb). Gimeno estuvo en Buenos Aires y en Rosario, donde pudo ver ese poético beso masivo de mujeres con mujeres.

Era la casa de la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (Felgtb). Gimeno estuvo en Buenos Aires y en Rosario, donde pudo ver ese poético beso masivo de mujeres con mujeres. Ideóloga del proceso que culminó con la sanción de la ley de matrimonio una tarde de viernes denuncia la invisibilidad de las lesbianas, critica la hegemonía gay masculina y propone que cualquier mujer puede ser homosexual. “Los gays serán en el futuro los más hombres de todos: no tienen que negociar con las mujeres, no las necesitan, no les gustan. Ya lo dijo mi ex amigo.”

Gimeno nunca había estado en América hasta que en las últimas semanas, junto con su mujer y su hijo de 18 años, comenzó una gira por el sur latinoamericano como indiscutida líder del ya poderoso movimiento Glttb de España. El viaje es financiado por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que ha decidido incluir la diversidad sexual en su política exterior al punto de que Gimeno entrega la primicia: “Se instalará una oficina de articulación de políticas por los derechos de las minorías sexuales en Latinoamérica, probablemente en Costa Rica”, le dice a Página/12 en el lobby del hotel porteño en el que trata de frenar su activismo para escapar a paseos por una ciudad hermosa que le pareció llena de smog y de basura.

–¿Qué pudo relevar de la situación en América latina?

–Bueno, en realidad no lo encontré tan lejos, no lo vi mal, he visto que hay debates muy parecidos a los del caso español, no sé si son debates mas atrasados, sino que tiene que ver con el tiempo que ha pasado a partir de las dictaduras. En España fue en el ’75, no es que seamos rápidos, empezamos antes. En la Argentina veo un panorama muy favorable. He visto que los medios de comunicación y los políticos tienen discursos positivos. Falta colocar el tema en el debate público, social, de tener la relevancia que tiene en España. Creo que es un debate que se ganaría, sólo falta ponerlo.

Las locas del mercado

Beatriz es la hija de una familia de izquierdas –como se dice en España–, de padres intelectuales, separados y vueltos a casar, con hijos –o hermanos– de varios matrimonios. Beatriz se casó joven con el novio de la universidad, un sociólogo que, como ella, tampoco se dio cuenta, dice, cómo su horizonte cotidiano se fue volviendo gris, estático, conservador.

Lo cierto es que la autora de Historia y Análisis Político del Lesbianismo –editado por Gedisa, y con una venta auspiciosa– cuenta la escena en que durante una reunión profesional de su marido ella ocupó un sitio junto a “las mujeres de” en la que ellas debían colgarse un cartel con el apellido de casadas del cuello. Ese, dice, fue uno de los detonadores de un cambio que luego también se vio en su escritura. Como narradora y ensayista critica las modas literarias en la que ella misma resulta una especie de rehén exitosa de la mercantilización de la diversidad.

–¿Cómo comienza a escribir historias?

–En realidad la necesidad de escribir en mí es anterior a todo lo que tiene que ver con mi identidad. Ser alguien que está todo el día en los periódicos a los editores los convence. Siempre había escrito pero no había publicado. De hecho, después de esa primera novela escribí otra que nada tenía que con la homosexualidad y los editores me aconsejaron que la hiciera homosexual. Ya no hay buena o mala literatura, sino algo a vender para cada supuesto público.

–Antes los gays eran perseguidos políticos del franquismo y hoy son las vedettes del consumo.

–Yo creo que el mercado se apropia de todo en cuanto hay un resquicio de compradores potenciales. En el caso de los gays, viene avalado por una mitología que hace de ellos compradores de alto nivel, con dinero y determinados gustos. En un primer momento, el mercado ha sido un aliado. Ante el ostracismo social, el mercado te ilumina.

–¿Cómo fue eso? Acá no se ha dado todavía. La marcha gay sigue siendo pequeña para el tamaño de la comunidad.

–Allá es bestial, mueve muchísimo dinero, ya no sólo el comercio gay sino los cientos de miles de turistas que llegan la semana del orgullo lo hacen apetecibles para el propio ayuntamiento. Era una manera de tener visibilidad, de tener dinero, financiación para la marcha. A partir del 2000 se dio el gran salto, de ser miles a cientos de miles. Sí tuvo que ver con la política que se estaba haciendo, con la capacidad de ilusionar, pero también con la inversión que hizo el mercado en la marcha.

Las lesbianas invisibles

La gira política la tiene maltrecha. Cansada, dice. Beatriz soporta el peso de la notoriedad pública que le da su cargo en la Federación con cierto hastío. Una entrevista un viernes por la tarde en una Buenos Aires estupenda para el paseo parece poco alentador para su hartazgo. Lo confiesa. Se larga de lleno a conjurar esa pesadumbre que lleva como un estandarte: está decepcionada, dice. Desilusionada, dice. Frustrada, remata. Se refiere a la fuerte crítica y autocrítica que viven los colectivos de minorías en su país tras los máximos logros a los que llegaron con Zapatero.

El día de la nota, dos militares se besaban para el mundo en un regio casamiento gay, posible tras la ley que ella mismo ideó junto a su amigo Pedro Zerolo, supuesto candidato a alcalde de Madrid. (Lo de Zerolo ya servirá como ejemplo del desplazamiento que viven las mujeres lésbicas en la escena española.) Al hacer un arqueo sobre diez años de activismo, Gimeno dice: “Fundamentalmente se me cayó la ilusión. Me siento un poco frustrada por la situación en que están las lesbianas con respecto a los gays masculinos. En España curiosamente todo el peso del activismo lo han llevado las mujeres. Yo soy la presidenta de la Federación, las asociaciones más importantes como las de Madrid, Valencia, el País Vasco, son presididas por mujeres. Sin embargo, su peso mediático, social, político, no existe”.

Que no se piense que Gimeno es una pesimista empedernida. Su análisis de la ley de matrimonio no puede ser más auspicioso. Ya no lo ve como el compromiso que reproduce la sociedad burguesa de la que participaba sino como un acto “de ruptura y revolucionario”. El casamiento entre personas del mismo sexo visibiliza que nada tiene que ver este contrato con la religión. Y que no es necesario cometerlo con la intención de reproducir. Sólo pensar en el beso de los militares gays y Beatriz imagina que a muchos uniformados “se les abrirán las carnes”.

Casada ahora con Boti Rodrigo, la mujer con quien vive hace más de diez años, comparten la crianza de su hijo de 18, que espera con cara de pocos amigos en una silla distante. El muchacho tenía nueve años cuando su madre le dijo que ella no lo obligaría a contar que era lesbiana y amaba a una mujer. “Le dejé claro que no era necesario, que él gestionaría la información. Pero al día siguiente ha venido a decirme: `ya se lo he dicho a todo el mundo’. En un día prefirió decírselo a todos los suyos.”

–Y en estas neofamilias, ¿qué cambia?

–Son más igualitarias, son familias donde los roles domésticos sexuales no están determinados, se tienen que negociar permanentemente. En general son familias mejores, no porque tengamos un gen, sino porque la situación es de mayor igualdad. Una de las cosas que define a las madres lesbianas es que los niños no son “de penalty”, todos son muy deseados y hay mucha preocupación por evitarles el sufrimiento que puedan tener por venir de una familia diferente, son niños muy cuidados. Los hijos de estas familias son niños más abiertos en los roles sexuales, distinguen qué papel juegan los hombres y mujeres en la sociedad pero reconocen que pueden ser intercambiables. No son desde luego homofóbicos, pero tampoco son racistas, y aceptan con mayor facilidad las diferencias.

La dictadura gay

El diagnóstico sobre la periferia lésbica de Gimeno se puede ver en los antros y las calles de Chueca, el barrio gay de Madrid. La presencia de lo gay masculino domina. Las mujeres suelen ser visitantes y no ocupantes del barrio: la “amiga” del gay. Hace algunos años en Barcelona era conocida la anécdota de que los heterosexuales se infiltraban en las discos gays para conseguir chicas hasta que en las puertas comenzaron a rechazarlos, filtrándolos. Lo cierto y claro es que las lesbianas no parecen estar a la vista. “Los sueldos de las mujeres son un tercio menores que los de los hombres. El desempleo de las mujeres es el doble que el de ellos. En las mujeres hay un volcarse más hacia adentro, típico de la cultura femenina en toda la historia. Nos quedamos con amigas en casa. El gran peso del negocio está en el sexo. Los lugares de sauna, los cuartos oscuros no son para las mujeres.”

–Esto es como el hecho de que Pedro Zerolo, el concejal gay del PSOE en Madrid, sea más famoso que usted.

–El me ha reconocido que muchas veces ha pasado vergüenza por el poco caso que se me hace cuando yo he tenido un cargo adentro de la organización casi a veces más importante que el suyo porque yo era quien marcaba la ideología y el discurso y él era representativo. Llegaba él y yo era como si hubiera sido su secretaria. En reuniones por ejemplo donde había silla sólo para él, él ha dicho: “si mi secretaria general no se sienta, yo no me puedo sentar”.

–En los nuevos estudios sobre prácticas políticas el reconocimiento se ve como algo central en la construcción de poder real.

–El rédito personal ante esto se lo ha llevado él. Hemos trabajado mucho en estos años. En estos momento en España no sólo Pedro Zerolo es el político gay más conocido, sino que hay concejales, hay diputados y gente de todo tipo en política que son gays. Lesbiana no hay ninguna. Además, los gays tienen todavía esa imagen de glamour, de simpatía, caen bien, tiene éxito social. En cambio las lesbianas todo lo contrario.

–¿Qué es lo que no le cree al discurso gay?

–Bueno, es que los gays finalmente son hombres. Creo que el discurso de la homosexualidad masculina es de que los gays sean en el futuro los más hombres de todos. No tiene que negociar con las mujeres. Todavía los heterosexuales tienen una permanente necesidad de negociar con nosotras. Sí tratan con ellas y además ¡les gustan las mujeres! El problema de los gays es que en un momento, cuando la represión es fuerte, todos nos unimos, pero cuando la represión desaparece, como en el caso de España, el peligro es que los gays no necesitan a las mujeres, no las quieren, no les gustan, no negocian con ellas, no tratan con ellas. Realmente el futuro de los gays pasa por ahí, las mujeres, las lesbianas tampoco necesitan a nadie. Pero a las mujeres no las educan para odiar a los hombres y a los hombres sí los educan para odiar a las mujeres. Todo hombre es educado para temer, odiar, o sacrificar a las mujeres. Luego algunos terminan superando eso, otros no. Pero claro, los gays, ¿para qué van a superarlo?

Publicado en: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-73841-2006-10-01.html

 

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