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Prostitución

Lo más terrible del asunto de la prostitución últimamente aireado en los periódicos es que parece que lo único que molesta es que se vea. Pero no que se vea el entramado que la crea y la mantiene, no, que se las vea a ellas, a las putas. Pero ellas ni siquiera serían putas si no fuera por la existencia de ellos, de los puteros. Y a ellos nadie les menciona. Nadie dice: “Echemos de aquí a los puteros”, “fuera puteros del barrio” como si lo de la prostitución fuera cosa de ellas, cuando en realidad es de ellos. Se habla sólo de ellas como si fuesen objetos cuya visión molesta, cosas que se pueden mover de acá para allá (sin mucha convicción). Han sido completamente deshumanizadas, lo cual es normal porque eso es lo primero que le ocurre a una cuando encarna a una prostituta, que se convierte en un objeto. Los medios de comunicación las muestran como si fueran mobiliario urbano a desterrar por feo, las asociaciones vecinales piden que se las lleven a otro sitio, como quien mueve un banco de sitio. Es como si ellas estuvieran allí, molestando a todo el mundo, pero a solas. En realidad, los que molestan son ellos, los que deberían ser excluidos, expulsados, identificados, multados y reeducados son ellos y con ellos, toda la parte de la sociedad que considera esto normal.

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Prostitución

“Porque tu pagas existe la prostitución” ése es el slogan que se ha inventado un publicista genial para…no sé para qué. ¿Para informarnos de lo obvio? ¿Para desanimar a los hombres a irse de putas? Se ha utilizado en Madrid y ahora se va a utilizar en Andalucía, la comunidad con más prostitutas, al parecer y, por tanto es de suponer que con más puteros también.

Leer más: http://www.elplural.com/opinion/detail.php?id=24489

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La prostitución: aportaciones para un debate abierto

La regularización de la prostitución como un trabajo más o la lucha por su abolición se ha convertido en los últimos años en un asunto que ha dividido en dos mitades irreconciliables al movimiento feminista. El debate feminista ha alcanzado niveles de tal virulencia que es imposible llegar no ya a un acuerdo, sino siquiera a escuchar los argumentos de la otra parte. Intentar debatir, como yo misma he intentado a veces, con buena voluntad, reconociendo que algo de razón pueden tener incluso las oponentes, intentando no descalificar, reconociendo que feministas somos todas, es imposible. Es una discusión cerrada por ambas partes donde apenas es posible la reflexión. Y, sin embargo, este debate mucho más que otros necesita una buena dosis de reflexión. Y lo necesita porque pocos temas políticos e ideológicos son tan complejos y mezclan cuestiones tan diferentes, tan contradictorias y de tan difícil solución.

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