El final del personaje

Aunque el PP ha perdido cientos de miles de votos en Madrid por sus políticas, por el hartazgo de la gente y por la emergencia de otras opciones que han sabido ganarse a pulso la confianza de los votantes, la diferencia de votos, inesperada, entre Aguirre y Cifuentes y que han dejado a la primera fuera de la alcaldía, esa se la ha ganado a pulso Esperanza Aguirre en las dos semanas que ha durado la campaña electoral. Poca gente podía predecir cuando la campaña estaba empezando la manera en que ésta iba a terminar para Aguirre. Al fin y al cabo, cuando se presentó, y no siendo precisamente la preferida de Rajoy, lo hizo porque ella misma y su partido la veían como imbatible, como la única que podía conservar el Ayuntamiento para el PP. No sólo no lo ha , sino que ha perdido humillantemente su particular batalla contra Cristina Cifuentes. El caso de Aguirre, o como puede una persona pasar de ser una triunfadora a una caricatura de sí misma en quince días, puede que se convierta en un caso de estudio para el futuro. Leer más “El final del personaje”

Malas ideas

Esperanza Aguirre es una de las figuras políticas del Partido Popular más netamente ideologizada. Ella es como su admirada Margaret Thatcher, alguien convencida de la superioridad de las ideas neoliberales. Por eso habla siempre de dar la batalla ideológica que muchos de sus compañeros de partido no se atreven a dar y esconden en falsos programas electorales, sabedores quizá de que la mayoría de la gente no acepta, todavía no, esas ideas en bruto. La mayoría de la gente cree que es mejor más igualdad que menos, más servicios públicos que menos. El partido Popular gana las elecciones cuando engaña. Pero Esperanza Aguirre es más partidaria de ir con la verdad por delante. Quizá porque es una mujer profundamente clasista, tan clasista que no entiende por qué la gente no ve el mundo como ella. Ella se relaciona con la gente como debe relacionarse con el servicio, llamando de tú a todo el mundo, incluso a gente mayor que la llama de usted, y lo hace desde la convicción de su superioridad moral y la absoluta falta de empatía, o siquiera comprensión, de que hay vidas que no se parecen a la suya. Ella no está ahí por dinero, como la mayoría de sus compañeros de partido, eso es cierto. Ella está en política para defender los privilegios de clase de los suyos y de esa defensa no se avergüenza, como hacen muchos de sus correligionarios. Ella lleva eso a gala. Leer más “Malas ideas”