Reseña de La lactancia materna, por Beatriz Ranea


Gimeno, B. (2018). La lactancia materna. Política e identidad.
Madrid: Cátedra Feminismos
Beatriz Ranea Triviño

Beatriz Gimeno en La lactancia materna. Política e identidad plantea una reflexión crítica de gran profundidad en torno a lo que ella denomina el mandato de lactancia y las implicaciones que éste tiene para las mujeres. No se trata de un libro contra la lactancia ni contra la maternidad sino de una revisión crítica necesaria frente a este mandato que esencializa la feminidad y la maternidad. Para ello, la autora parte desde la introducción de su experiencia individual respecto a la lactancia para conectarla con el significado sociopolítico y con las implicaciones colectivas. Como acostumbra a hacer, Gimeno trasciende el marco individualista propio del neoliberalismo para posibilitar la reflexión colectiva enmarcada dentro del pensamiento crítico feminista que posibilita
preguntarnos ¿qué implicaciones tiene el mandato de lactancia? ¿Cómo se construye el modelo normativo de maternidad ligado a este mandato?

Para dar respuesta a estas preguntas, la autora elabora una breve genealogía sobre las normas y discursos en torno a la lactancia a lo largo de la historia en el contexto Occidental. Este acercamiento histórico resulta fundamental para desnaturalizar los mandatos sociales que como producciones sociohistóricas no se mantienen estáticas sino que se han ido transformando. Además de la historización de los discursos, en esta genealogía destaca la recuperación de la historia de las nodrizas. Dentro de la Historia –con H mayúscula- la historia de las mujeres ha sido invisibilizada, más aún si se trata de mujeres pobres. Por esto, es de especial relevancia que se aborde la figura de la nodriza: mujeres pobres que se convertían en madres lactantes de sustitución para los hijos e
hijas de mujeres de clases altas y burguesas. Las nodrizas forman parte de las distintas maneras en las que aparece a lo largo de la historia el cuerpo de las mujeres como herramienta de supervivencia. Como destaca Gimeno “la normalidad con la que siempre se ha entendido que el cuerpo es casi lo único que las mujeres podían vender en   situaciones de pobreza” (p.59). Tras esa genealogía, Beatriz Gimeno continúa reflexionando sobre el mandato de lactancia y los distintos elementos que lo conforman. Por un lado, señala laconstrucción del instinto maternal que esencializa la feminidad y la maternidad.

Una esencialización que contribuye a dar forma a una normatividad femenina ligada a lo “natural”. Como se ha destacado desde la teoría feminista, la naturalización y esencialización del género resulta peligrosa, y así lo expone la autora “si lo natural configura un orden moral, las mujeres no tienen la capacidad de dar de manmar, sino la obligación de hacerlo, y por tanto desaparece la libertad para escoger” (p. 210). En relación a esto, Gimeno explica el mandato de lactancia como una forma de biopoder, de disciplimamiento de los cuerpos de las mujeres. En estas normas sobre la feminidad vinculadas a la maternidad es donde en la sociedad contemporánea aparece el mandato de lactancia como un elemento indisociable del ideal de lo que se construye como “buena madre”. La figura de la “buena madre” funciona como un elemento sancionador para aquellas mujeres que no pueden o no desean acercarse a ese ideal y son ubicadas en el otro polo del espectro: la “mala madre”. En ese espectro entre la buena y la mala madre, emerge la culpabilización de las madres como uno de los mecanismos más eficaces de control y disciplinamiento en la socialización femenina. Así, podríamos decir que la figura de la Madre es a su vez una de las imágenes más exaltadas y, por otro lado, sistemáticamente despreciadas y sancionadas socialmente dentro de la cultura patriarcal. Además, la “buena madre” aparece ligada al mandato de lactancia y a la maternidad intensiva como proveedora de sentido para las mujeres. Es decir, esta maternidad intensiva configura la construcción del yo en base al autosacrificio y un proyecto personal de perfección que supone que las madres se transforman en responsables absolutas del bienestar biopsicosocial de los bebés.

De esta forma, el mandato de lactancia se convierte en un mandato moral porque no solo recae sobre las mujeres la responsabilidad sobre el bienestar del bebé sino que trasciende hacia responsabilizarlas del bienestar de la sociedad. En este sentido, además de los distintos elementos sobre los que reflexiona la autora, esta carga de responsabilidad excesiva sobre las madres provoca una invisibilización de la responsabilidad de los hombres frente a la paternidad (en el caso de maternidades compartidas en parejas heterosexuales). A través de la maternidad intensiva, los hombres encontrarían una excusa más para no dar cuenta de su corresponsabilidad frente a la crianza. Por otro lado, es de gran interés que el libro esté atravesado por la perspectiva interseccional de la autora porque el análisis que desarrolla sobre la lactancia lo imbrica en la relación entre género, clase y racialidad. De esta forma, el
mandato de lactancia supone un elemento sancionador aún más eficaz contra las mujeres de clase trabajadora y/o contra las mujeres racializadas. Para las mujeres de clase trabajadora se torna imposible cumplir con la maternidad intensiva y, por tanto, se alejan de la imagen de la buena maternidad. Además, ese estándar de la buena maternidad está muy vinculado a la clase media y la blanquitud.

Asimismo, Gimeno analiza en profundidad los cambios producidos en los discursos en torno a la lactancia en los organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud que en la actualidad ha convertido la lactancia en un problema de salud pública y, por tanto, defiende que no se podría elegir amamantar o no, sino que se convierte en obligatorio dar el pecho. La OMS valora positivamente la lactancia obviando las desigualdades sociales y las condiciones materiales en las que las madres dan el pecho. Es decir, la lactancia es conceptualizada de forma positiva siempre, sin dar cuenta de que para las madres más pobres con dificultades de acceso a recursos, la calidad nutricional de la leche materna puede verse disminuida. Y de nuevo aparece la responsabilización absoluta de las madres frente al bienestar de los bebés incluso ante la falta de políticas de bienestar y recursos que faciliten el bienestar tanto de las madres como de los bebés. En esta época de auge del neoliberalismo y de individualización de las responsabilidades -que deberían ser asumidas de forma social y colectiva- gana fuerza la responsabilización y culpabilización de cada madre como individuo aislado.

Gimeno plantea que “si podemos hablar de la lactancia normativa u obligatoria es porque esta práctica no solo es apoyada, sino impulsada, por autoridades expertas que la traslada al ámbito de las políticas públicas” (p.242). La obligatoriedad de la lactancia queda recogida en la multitud de testimonios que ha recibido la autora desde que publicara un artículo al respecto en Pikara Magazine (que daría pie al libro). En los relatos de las mujeres se repite de forma sistemática como aquellas mujeres que en el propio hospital tras dar a luz comentan que no desean amamantar, son interpeladas por una parte del personal sanitario que se niega a ofrecer biberones con leche de fórmula para alimentar al bebé. Se trata de imponer así la obligatoriedad de amamantar
frente a la prolongación del malestar que presenta el bebé ante la falta de
alimentación. En esta conceptualización de la lactancia como problema público también está muy presente el conocimiento experto frente a los conocimientos tradicionales
de las mujeres. Un conocimiento experto que ha escrito gran cantidad de documentación sobre la importancia de la lactancia y, sin embargo, no ha prestado atención a la salud de las mujeres lactantes. Los posibles malestares de las mujeres tanto a nivel psicológico como a nivel físico no son relevantes porque se entiende que prima siempre el bienestar del bebé ligado a la lactancia y la maternidad intensiva.

Además de los organismos como la OMS, la autora nos acerca al surgimiento y evolución de la organización internacional denomina La Liga de la Leche cuyo origen está vinculado al pensamiento conservador y que poco a poco ha ido modificando sus discursos para apropiarse de la retórica de la libre elección siempre que se trate de la libertad para elegir el mandato de lactancia. Esto es, se apela a la libertad de elección para defender la decisión de dar el pecho de acuerdo a lo que ellas plantean; mientras que se sanciona a las mujeres que deciden no llevar a cabo la lactancia o llevarla a cabo de otra forma, o que no pueden (desde un principio o durante el proceso) amamantar por problemas de salud o por sus circunstancias.

En definitiva, La lactancia materna. Política e identidad es un libro que, sin
duda, se convertirá en un referente para el estudio de la maternidad desde la
perspectiva de género y la teoría feminista.

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