Toda defender las libertades básicas


Este martes se ha conocido la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos que dice que quemar fotos de los reyes es un legítimo acto de “crítica política” y condena a España a reintegrar los 2.700 euros de multa que impuso a dos jóvenes y a indemnizarles con 14.000 euros. Otra condena más, no es la primera y puede venir una ristra de ellas si es que empiezan a llegar al tribunal los casos de raperos y tuiteros condenados últimamente. El texto de la sentencia recuerda a España que la libertad de expresión no solo es para la información o las ideas inofensivas sino también, y especialmente, para aquellas que puedan generar escándalo, “conmoción” o “preocupación”. Ya lo hemos advertido muchas, la libertad de expresión solo es tal, en realidad y aunque esta no sea su definición canónica, si ofende o molesta  a alguien; si no, es sentido común y no necesita defensa.

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2 comentarios en “Toda defender las libertades básicas

  1. Sinceramente, creo que esto son ganas de marear una perdiz que no lleva a ninguna parte, para distraer la negligencia a la hora de hacer otras cosas mucho más importantes por parte de este gobierno, como hacer leyes para la igualdad real entre mujeres y hombres, crear más puestos de trabajo y subir las pensiones, por poner algunos ejemplos. Quemar fotos del rey es como quemar otra cosa cualquiera. Yo puedo tener una foto en casa y quemarla, bien allí, bien en público, sea de quien sea. Las injurias no se miden con actos de este tipo, salvo que, además de quemar fotos, se hubieran acercado a ellos a insultarlos, o hubieran ido a su casa a atentar contra ellos. Si la monarquía merece respeto, no será faltárselo precisamente con actos de este tipo, ni tampoco difundir mensajes de desacuerdo hacia esta Institución, con independencia de dónde se digan, dado que, como digo, no hay insultos personales ni ofensas graves a su integridad en este sentido, ni tampoco atentados directos. A nivel personal, cualquiera puede decir lo que le apetezca.
    Derogar la prisión permanente revisable tampoco me parece justo, mucho menos en este momento. Me temo que, si seguimos así, iremos a la cárcel por casi nada, de forma que, no se asuste nadie si mañana amanecemos allí: ¡viva la República!

  2. Más de una vez he pensado que detrás de estas frivolidades, lo que hay en realidad es un apego excesivo al también demasiado culto que se rinde a la imagen, y que muchas veces nos hace delirar y cometer auténticas aberraciones en aras del respeto a las altas instituciones o a todo aquello que consideramos más importante. Nos aferramos literalmente, aunque sea de forma inconsciente, a la idea de que una imagen vale más que mil palabras, y con eso justificamos cualquier cosa que se tiña de respeto o alta estimación, cayendo entonces en falsas interpretaciones. Una foto no es más que un icono representativo de alguien o de algo. ¿Cómo se explica entonces que eso pueda ser constitutivo de delito por el hecho de ser del rey? Esta puede ser una hipótesis.
    Por otra parte, tengo la impresión igualmente de que cuando se juzgan delitos muy graves y se estudia la derogación de la prisión permanente revisable, se tiene también en mente, queriéndolo o no, y al menos en la cultura occidental, aquella división cristiana y maniquea entre cielo e infierno o entre bueno y malo, de forma que lo bueno es buenísimo y siempre será así, y lo malo es pésimo y nunca va a cambiar. Dicho en términos mundanos: un delincuente que mata, va a matar siempre, por lo tanto no es aconsejable reinsertarlo en el mundo. Y cuando este juicio se hace en caliente, para muchas personas se convierte en deseo.
    Delinquir, de la manera que sea, es inherente a la condición humana, y encerrar a los delincuentes en la cárcel de por vida no hace a los Estados más seguros, ni a las personas vivir más tranquilas. No es la primera vez que llego a la conclusión de que muchas veces, y sin darnos cuenta en más de una ocasión, tenemos prejuicios tan arraigados, ideas tan preconcebidas, que las aplicamos de forma automática cuando se tiene oportunidad, de manera que alguien que dice no creer en ninguna religión, se comporta en la práctica como si creyera.

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