Comida de segunda para ciudadanxs de segunda


La venta de alimentos pasados de fecha en Grecia supone un paso cualitativo importante en el descenso de Grecia a los infiernos del saqueo neoliberal. Un descenso que es el de todos los países del sur pero que se clava especialmente en todas las personas en situación de pobreza de los países de la unión Europea. El aumento del número de pobres ha venido acompañado, como no podía ser de otra manera, de una operación ideológica que convierte a los pobres en personas de otra clase, en peligrosos sociales, en apestados.

De la consideración de la pobreza como una situación transitoria que requiere del apoyo y solidaridad de un Estado que tiene como una de sus funciones principales precisamente esa, tratar de garantizar una vida digna para todos sus ciudadanos, a un Estado que se concibe como garante únicamente de la propiedad privada, de unos servicios básicos y de la fuerza. Estos pobres de ahora no son personas marginadas por situaciones concretas, como la droga o el alcoholismo, ni son tampoco personas todas ellas sin trabajo, sino que dentro de esta categoría se incluyen ya muchas personas, millones de personas, que trabajan pero cuyos salarios no dan para garantizar vidas dignas. En la más pura concepción neoliberal de la vida la pobreza es culpa del que la sufre y pasa de ser una injusticia, o incluso un mal golpe de la vida,  a una categoría casi biológica de la que la el resto de la sociedad tiene que protegerse.

Ahora la comida a punto de caducar se colocará en estantes separados dentro de los supermercados a un precio más barato. Comida de tercera para gente de tercera. Así, al estar en estantes separados e incluso en espacios claramente delimitados dentro del supermercado, los dos tipos de personas podrán verse. Se distinguirá claramente a las personas que eligen su comida en los estantes de la miseria y se verá quién elige comida perfectamente saludable. ¿Se mirarán unos a otros? ¿Mirará la señora con capacidad para comprar comida de la buena a ese hombre que busca en el estante de comida para pobres? ¿Qué se dirán los vecinos cuando se encuentren rebuscando en estantes separados? ¿Les importará a los niños que sus compañeros sepan que la comida que se compra en su casa proviene del estante para pobres?

Hay quien sostiene que esta separación no tiene importancia porque estos productos se pueden consumir sin ningún temor. Hay quien dice que todos los días se tiran miles de toneladas de comida que se desperdicia sólo porque la fecha de consumo preferente ha vencido. Y seguramente es verdad que esta comida no va a matar a nadie por ahora y es verdad que se desperdician miles de toneladas de comida. Pero en lugar de aprobar una ley que obligue a las grandes distribuidoras de alimentación a entregar toda la comida que sobra a las instituciones para que la repartan entre quienes la necesitan; en lugar de fijar límites en el precio de la comida básica, se opta por crear la categoría de “comida para pobres”. Todo antes que pergeñar planes estatales para combatir la pobreza, todo antes que tomar medidas que signifiquen intervenir o expropiar, aunque se trate de “expropiar” aquello que va a tirarse a la basura. Todo antes que tomar medidas que sugieran intervencionismo estatal o limitación de la propiedad privada, todo antes que hacer uso de esas herramientas que, por otra parte, se encuentran en la mayoría de  las constituciones (en la nuestra también) que privilegian la función social de la propiedad. Todo antes que tomar medidas que “huelan” a socialismo.

No tiene importancia, se dice, son productos que están en buenas condiciones. Sí, pero no para que los coman los ricos. Por esa misma razón, que los hospitales públicos utilicen vacunas al borde de la caducidad que, en la mayoría de los casos, van a ser igual de efectivas, y que reserven las vacunas en perfecto estado para los hospitales privados. O que el menú de los niños que pueden pagar el comedor escolar incluya carne y que den gachas a los que no pueden pagarlo. O que los colegios públicos obliguen a los niños que no pueden pagar las actividades extraescolares a vestir un uniforme de tela de pésima calidad que les distinga del uniforme bueno que vistan los niños que pagan. ¿Por qué no usar arpillera que es barata y, además, pica?

Esta solución de comida semicaducada no es más que una medida clasista disfrazada de ayuda a los que ya ni tienen para comprar comida y va en la línea de acostumbrar a la gente a la miseria así como a una situación en la que no se tiene ningún derecho y todo lo que puede esperarse es limosna.

Y nada explota.

Publicado en:  eldiario.es

Una respuesta

  1. Lo siguiente es el canibalismo, seguro que va ser esta la siguiente ocurrencia de la Troika y la CEOE,

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