Lesbianas: del franquismo a la igualdad


Cuando acaba el franquismo en el año 75 lesbiana es una palabra que en España apenas existía. La existencia del franquismo condiciona de manera muy evidente la organización de las lesbianas.  El hecho de que durante los años 60 y 70 viviéramos en España  bajo un régimen totalitario hizo que nos perdiéramos los años de máxima intensidad del feminismo y algunos de sus más importantes debates, que aquí no se han llegado a dar o, al menos no con la misma intensidad que en otros lugares.

 Al principio, cuando acaba el franquismo, en España hay urgencia feminista, las lesbianas son mujeres que ocupan el lugar de las mujeres en la sociedad, por lo que las lesbianas en principio se unen al movimiento de mujeres que comienzan a luchar por derechos básicos que ya estaban conseguidos en la mayoría de los países de nuestro entorno.  

Divorcio, aborto, derecho al placer, derecho al trabajo, el mismo sueldo…cosas básicas que incumben a todas las mujeres y que no existían aquí, por lo que tuvimos que comenzar con eso. Las lesbianas estábamos entonces en el movimiento feminista que, puedo dar fe, estaba lleno de lesbianas y en el que la sensación o la exigencia de libertad sexual, de experimentación, la ideal del lesbianismo político, de que cualquier mujer podía ser lesbiana, llevaba también a muchas mujeres heterosexuales a hacerse lesbianas o a probar. Las lesbianas, en parte, eran vistas como mujeres más feministas o más libres que las heterosexuales. Los escritos de Gretel Amman o de Victoria Sau así lo demuestran. 

El otro día en la presentación del libro resumen de la publicación Vindicación feminista y en el seminario que ha hecho la UNED sobre lesbianas y franquismo es muy interesante ver cómo se analizó de manera muy positiva la influencia de las lesbianas en el mov feminsta en el sentido de que las lesbianas eran un nuevo tipo de mujer y el feminismo necesitaba crear un sujeto femenino que no existía así que, en parte, se fijó en las lesbianas. Aquí el llamado lesbianismo político fue más necesario incluso que en EE.UU. En EE.UU fue una necesidad del lesbianismo politizarse para crear un sujeto político y aquí fue más bien una necesidad del feminismo. 

Lo que se llamó el lesbianismo político o el feminismo lesbiano siempre me ha interesado mucho (mi libro trata de eso) porque yo siento que escogí ser lesbiana y porque siento que es una opción que tiene mucho que ver con cosas que se han discutido luego, a veces invisibilizando ese periodo o ese movimiento: las identidades nómadas, el construccionismo radical, las identidades políticas estratégicas etc. Hubo un periodo de efervescencia del lesbianismo autónomo con grupos como el de lesbianas feministas, LSD o muchos otros grupos en muchas ciudades que yo apenas conocí porque estaba en el mov. Feminista y porque de ahí pasé directamente a los grupos mixtos y creo que es Gracia la que tiene que hablar de eso. 

Mi visión personal de la política es la de incidir en las mayorías y de manera relativamente rápida, nunca he perdido mucho tiempo en grupúsculos. No es mi visión, así que aunque he estado en grupos pequeños en seguida me he cansado. Creo que ambas visiones y militancias son compatibles. Creo que hay que organizarse con mujeres de manera autónoma, pero también donde hay hombres y mujeres no feministas, en los partidos, en los sindicatos, en las asociaciones…lo mismo con las lesbianas. Estar en los márgenes es bastante satisfactorio desde el punto de vista intelectual y cansado desde el punto de vista político. 

Cuando yo llegué a lo que se supone que era un movimiento mixto, de mixto no tenía nada. NO había mujeres, tres o cuatro, además llevaban muchos años funcionando a su manera sin tener que discutir nada. La presencia de mujeres en cualquier organización no es sólo la aportación de números, las mujeres cuestionan muchas cosas del funcionamiento interno de las organizaciones: o deberían hacerlo. Las reglas cambian y también la agenda, las prioridades e incluso los intereses. Obviamente, los gays son tan machistas, es decir mucho o poco, que el resto de la sociedad. Se puede decir que no lo son tanto porque ellos también son oprimidos por el machismo y sí, pero primero no todos lo conciencian y segundo eso no les hace ser más feministas. Al fin y al cabo viven en un mundo de hombres.  También los hombres heterosexuales se supone que aman a las mujeres, así que finalmente es una cuestión de conciencia política. Los gays son hombres que, como tales, tienen unos privilegios y como a todos les cuesta perderlos. Los hay más o menos machistas como todos, pero en general lo que hubo en el movimiento mixto fue una resistencia muy grande a ceder espacios.

 No se trata de que haya o no mujeres, ni de que tengan o no cargos, sino de que en esos cargos no ejerzan un poder delegado, sino propio. Hubo que pelearlos. Ahora parece un chiste lo que pasamos en las organizaciones donde fuimos aceptadas mientras no planteáramos problemas. El hecho de que en España, debido al franquismo, no hubiera ese debate lésbico feminista que duró años en otros países hizo que  ese debate no llegara a los gays cuya formación en feminismo era prácticamente nula en las asociaciones.  

Allí ellos eran lo general y nosotras lo particular y, en aras de la efectividad política, sólo se admitía lo general y no los discursos particularistas, como decían. La visibilidad, por eso mismo, tenía que ser gay porque se suponía que representaba mejor a la generalidad del colectivo. Resultó muy duro y lo cierto es que la misoginia era moneda corriente entre muchos activistas. Ahora parecen mentira algunas de las cosas que hemos pasado. En España he escuchado cosas que no sería posible escuchar en ninguna asociación y que ahora nadie diría públicamente, incluso era peor que en otros lugares por esa cultura masculinista.  

Podría poner ejemplos que demostrarían que no estoy exagerando. Recuerdo a un miembro de la Junta directiva en la cantina de cogam llegando allí el viernes, que era el día que se reunían las lesbianas y diciendo: los viernes no hay quien entre aquí con este olor a pescado.  Pero las lesbianas no teníamos ningún asunto propio, ni tiempo, ni espacios…por supuesto ni una parte del presupuesto porque es considerado como algo que era particular, que no era para todos etc. que si se conseguía la igualdad de los gays la de las lesbianas vendría por añadidura porque no se admitía que hubiera nada propio en la discriminación de las lesbianas y por tanto no eran necesarias estrategias específicas.  

Hubo una resistencia expresa a reconocer que la situación de las lesbianas, social, política, económica, puede ser distinta y que por tanto las estrategias tendrán que ser distintas…los temas de lesbianas eran siempre “particulares”, mientras que lo general es lo que afectaba a los gays.  Cualquier reivindicación específica de las lesbianas era vista como “particular” y vivida como algo que desunía y apartaba del verdadero objetivo.  

En fin, son problemas que todas las mujeres de todo el mundo han denunciado que ocurrían en sus organizaciones, solo que en los años 60,70 y 80 gracias a determinadas políticas se habían,  si no solucionado, al menos hablado y discutido. En España aun estábamos en esa fase en los 90. 

El asunto del espacio, por ejemplo, entendiendo que los espacios que se llaman generales son espacios masculinos y masculinizados, la resistencia a dejar un espacio. Ahora recuerdo divertida lo que ocurrió cuando decidimos reunirnos los viernes. En un primer momento se decidió que nos reuníamos el viernes y que las actividades eran abiertas. Intentamos plantear problemas comunes que requirieran una discusión y no conseguimos que viniera ningún gay porque a ninguno le interesaba. Después alguno vino cuando había algún problema: cunado venía algún chico, y alguno vino, nos daba clase, no nos dejaba hablar. Y el colmo fue que estábamos en la calle Fuencarral y comenzaron a llegar tipos de la calle por la cosa del morbo. Finalmente se decidió (también por cuestiones políticas que no entraran) Entonces, ellos, que jamás habían querido entrar se pusieron en la puerta para entrar, nosotras delante, ellos detrás, nos pegamos literalmente.  

Después de aquello hubo más discusión política, una toma de conciencia de las mujeres y de algunos hombres y un trabajo en serio y se comenzó con un trabajo político feminista organizado dentro del colectivo y de ahí a la FELGTB. Favorecer espacios de mujeres. Todo lo que favorezca la socialización entre mujeres, lo que haga que hablemos entre nosotras, que comencemos a reunirnos, a comentar problemas comunes y por tanto a exigir soluciones, será bueno. Una asociación no contará con lesbianas si éstas no sienten que la asociación es también un espacio de mujeres. Y para que sea un espacio de mujeres tiene que estar pensado por las mujeres, gestionado por las mujeres. 

Las políticas que desarrollan las asociaciones, mayoritariamente compuestas por hombres, a lo mejor no son las mejores para atraer a las lesbianas, que pueden tener distintos intereses a la hora de acercarse a una asociación a los que tienen los hombres. No se puede dar nada por supuesto y hay que dejar que seamos las mujeres las que escojamos de qué manera queremos organizarnos y de que manera queremos trabajar. Hay que tener en cuenta que cosas que a los hombres les parecen obvias o cómodas para nosotras no lo son tanto. Por ejemplo y es sólo un ejemplo pero en mi asociación ha sido muy importante: los horarios. Tenemos derecho a que las reuniones se celebren en horarios que nos sean cómodos. En COGAM hemos comprobado que la distinta gestión del tiempo que hacemos hombres y mujeres hacía que los horarios en los que los gays se quieren reunir desanimasen a muchas mujeres a trabajar políticamente.  

Esto que parece obvio no lo es tanto, y muchas asociaciones han fracasado en atraer a las mujeres precisamente por este tipo de cosas. Y no tener miedo a afrontar lo que nos divide, porque es la única manera de solucionarlo;  o no solucionarlo y asumir sin traumas que hay cosas que nos separan, igual que hay cosas que nos unen. En las asociaciones españolas han existido muchos y graves problemas entre hombres y mujeres. A veces se han tapado y el resultado ha sido que las lesbianas se han ido. Hay quien sostiene que las disputas internas nos dividen, pero en realidad, afrontar las crisis y salir victoriosos de ellas no puede hacernos sino más fuertes.  

En mi organización, en las organizaciones que forman parte de la FELGT, hemos entendido que es necesario desarrollar políticas que impliquen a las lesbianas de una manera activa, políticas paritarias de y acción positiva. Era necesario. En un colectivo de 400 gays y 70 lesbianas, como era COGAM el mío, si no se aplica alguna medida que ayude a que las lesbianas den el paso para implicarse en la asociación, puede que ellas no lo hagan, y puede también que muchos de los gays no les dejen. Por tanto paridad y acción positiva. 

Hay que privilegiar a las lesbianas para que sean ellas las que hablen en los medios por las asociaciones y por el movimiento entero. Para contribuir a la visibilidad de las pocas que están dispuestas a salir en los medios. La visibilidad de las lesbianas es imprescindible pero esa visibilidad tiene que ser especialmente apoyada desde las organizaciones, porque nuestras condiciones, como dije antes, no son las mismas.  

Está claro que las lesbianas nos implicamos en asuntos de hombres, las mujeres siempre lo hemos hecho considerando que son de todos y todas. No está tan claro que ellos piensen así. En principio, solo nosotras vamos a impulsar políticas y estrategias específicas para lesbianas. Sólo nosotras vamos a introducir en el discurso aquellos asuntos que nos afectan y lo vamos a hacer entendiendo que no son asuntos particulares, sino tan generales como los suyos. Y sólo nosotras sabemos lo que realmente nos preocupa, nos agrede, nos discrimina, lo que nos ayudaría a vivir mejor.

 Es curioso pero empezamos antes que el PSOE y fuimos yo creo que la primera organización importante que las aplicó de manera rigurosa. En España el movimiento lgtb ha tenido un gran éxito y no sólo en los cambios legislativos, sino también en los cambios sociales y de mentalidad, y en gran parte ha estado dirigido por mujeres. Esa circunstancia no se tiene en cuenta pero a mi me parece importante, otra cosa es que, como lesbianas, no nos hemos beneficiado ni personal ni colectivamente de ese triunfo, pero eso ya es común a muchas mujeres. 

Conferencia impartida en Cáceres: II Jornadas de políticas lésbicas  2010-03-16

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