El matrimonio como subversión


 Quizá no haya un tema que separe tanto al movimiento queer y al movimiento LGTB como la lucha por el matrimonio. He sido activista LGTB y he dirigido el movimiento en la lucha por el matrimonio y nunca lo vi como una lucha conservadora. Creo que se han despreciado las potencialidades subversivas (o por lo menos transformadoras) que esta lucha podría tener o ha tenido. Creo que al movimiento queer no le interesa el cambio social. Por ello yo sigo en esta charla el análisis de Bourdieau y de Lisa Duggan. Y siempre digo que menos mal que en España no ha habido un movimiento queer con fuerza. 

Una política LGTB basada en de una identidad sexual definida como unitaria y esencial, claramente ubicada, inteligible e inalterable, en el cuerpo o la mente y que fija el deseo en determinada dirección, representa un punto de vista reaccionario. Eso es lo que los queer dicen del movimiento LGTB para tener que acabar admitiendo que en todo caso, cualquier lucha en este sentido pasaba por la admisión, al menos, de lo que llamaron una identidad estratégica.  Pero creo que los queer no han sabido ver el vigor de la tendencia construccionista en las políticas LGTB, una tendencia que los teóricos queer han recogido, por ejemplo de las lesbianas feministas. Una identidad sexual no esencial, fluida etc, es la base del feminismo lesbiano. Las feministas lesbianas desencializaron la sexualidad hace mucho.  

¿Cómo rebelarse contra una categoría socialmente impuesta si no es organizándose en una categoría construida de acuerdo con dicha categorización y haciendo existir de ese modo las clasificaciones y restricciones a las que pretende resistirse? Se pregunta Bourdieu.

 En primer lugar hay que decir y debería resultar obvio pero no siempre lo es, que una cosa es la teoría (social, política, económica…) y otra un movimiento de liberación. Generalmente, los movimientos de liberación toman su base ideológica de determinadas teorías, pero las teorías no siempre tienen en cuenta a las personas, esto es, las condiciones materiales de existencia de las personas. Esto para mí es muy evidente en el caso del movimiento queer y del movimiento LGTB. La teoría, la ciencia, el conocimiento, el saber…son la base de cualquier construcción política pero luego está el objetivo de ese movimiento. ¿Por qué lucha un movimiento de liberación?  

Siendo muy simples, para ser más felices, eso lo haremos de diversas maneras, liberándonos de la dominación heteronormativa por ejemplo. Pero en definitiva para ser más felices, y para mi ese tiene que ser el compromiso ético de cualquier movimiento de liberación, que se olvida con mucha facilidad. La teoría puede permitirse acampar en las afueras de la ciudad, pero quien hace teoría está dentro, cobra su sueldo, es universitario etc. Nadie quiere vivir fuera de la ciudad . Luchamos para que la ciudad sea distinta y nos acoja a todos y a todas.  

Es decir, como militante LGTB, siempre hubiera luchado porque las personas homosexuales pudieran entrar en la ciudad, es decir, en todo caso, para que pudieran acceder a la igualdad material y, sobre todo, legitimadora y simbólica, que significa el matrimonio. Pero como teórica, persona de izquierdas y feminista creo que hay ciertos valores subversivos en este matrimonio que no han sido apreciados por todo el mundo. O quizá si, pero sólo los han más que apreciado reconocidos la derecha y la iglesia y por eso se opusieron con tanta fuerza.

  La fuerza de la ortodoxia que impone cualquier dominación material desde luego pero también simbólica es que constituye la discriminación histórica basada en disposiciones que se revisten de los signos de lo natural. Para B. el objetivo de cualquier movimiento de liberación es hacer un trabajo de construcción simbólica que imponga nuevas categorías de percepción.

 Para cambiar de modo duradero las representaciones, se tiene que imponer una transformación duradera de las categorías incorporadas (de los esquemas de pensamiento) que, a través de la educación, los medios… confieran el estatuto de realidad evidente, necesaria, indiscutible y natural a la heterosexualidad. Según B. los LGTB pediríamos la entrada en la legitimidad para después anularnos (no sería necesario) sino que lo que pedimos es el reconocimiento de un tejido social formado por diferentes (según entiende la ciudadanía Iris Marion Young)

 Yo creo que hay un trabajo de construcción simbólica subversivo y deconstructivo en el matrimonio homosexual que es, desde el punto de vista de la ortodoxia, o del sistema, un absurdo.

 Porque quiero resaltar que las fuerzas no se oponían a los derechos, que si os dais cuenta al final nos los regalaban prácticamente sino al acceso a la institución. Y, por nuestra parte, o por mi parte concretamente, no luchábamos tampoco por los derechos, que hubiéramos podido conseguir de otra manera, sino por el matrimonio en concreto. Yo me negué en su día a aceptar una ley de parejas que me propuso Aznar, el gobierno del PSOE.

 En los últimos años, la desaparición de la noción de pecado, la desaparición de la homosexualidad como entidad clínica, lo difícil que empieza  a ser negar derechos sociales sustentando esta negativa en comportamientos privados perfectamente legales…todo eso nos conduce por el camino de la legitimación de cualquier práctica sexual, se ha producido el reconocimiento del derecho a ser homosexual.

 El pensamiento reaccionario ha desplazado su inquina de ayer contra los homosexuales como individuos, al reconocimiento jurídico y social de las familias homosexuales. Es en el reconocimiento, en la invisibilización de estas familias, de las relaciones familiares homosexuales, donde ahora se han depositado “las esencias” del pensamiento conservador y reaccionario. Es que tiene consecuencias importantes. Porque los conservadores, los liberales, ven el Estado, el mundo en realidad, como la extensión de la familia y por eso no es extraño que sea alrededor de ésta dónde se está librando una de las batallas ideológicas y políticas más importantes. Es una cuestión no tanto de reconocimiento de derechos como ideológica y simbólica. Es alrededor de lo que ellos vienen llamando “orden simbólico” y que designaría un conjunto de reglas inamovibles sobre las que se supone descansa la vida en sociedad y el acceso de los sujetos a la cultura y al lenguaje. Parece ser que la familia heterosexual es garante de que se respeta ese orden simbólico que se viene  usando como sinónimo de “orden natural”, de “orden establecido” o simplemente de “sentido común”. Si se trastoca ese orden, aseguran, la civilización corre peligro. Como afirmó gráficamente el Obispo mexicano Olvera Ochoa: “Si la familia se convierte en otra cosa, ¿cuál es el futuro del mundo?”. En los 90 la batalla se juega ya, de manera evidente, alrededor del término “familia”, a quién pertenece, quién puede usarlo, quién puede sentirse parte de una familia y quien no.  

La lucha se está librando alrededor de ese “orden trascendental” (invocado por cierto especialmente cuando se tocan las reglas del matrimonio y de la filiación), que ha convertido al matrimonio y a la filiación heterosexual en el pilar simbólico de la ideología patriarcal (de derechas o de izquierdas, que de todo hay). La gente cree que es una cuestión religiosa, pero no. En Francia, donde la iglesia no interviene nada en la cuestión hubo una batalla terrible acerca de la aprobación de la ley de parejas y los que con más fuerza se opusieron fueron intelectuales de izquierdas, alegando el orden simbólico. Porque lo que nos jugamos es uno de los pilares más importantes del patriarcado.

 No quiere esto decir que se acabe con el patriarcado, claro. Pero se va desgastando, como con el voto femenino…

 Porque uno de los grandes pilares sobre los que se levanta la construcción patriarcal es el mito del dimorfismo sexual, su complementariedad, su imbricación en un supuesto orden natural, la familia sólo puede ser heterosexual, la filiación también o todo el entramado se vendrá abajo.La reafirmación de lo que es y debe ser una familia no es más que uno de los momentos del pensamiento de Estado al que algunas disciplinas “científicas” prestan de buen grado su concurso para volver a dar al orden social su legitimidad, basándolo en la necesidad para oponerse mejor a los cuestionamientos de los que no cesa de ser objeto la capacidad de dicho orden y dicho pensamiento para pasar como el simple registro de las realidades naturales” Eribon, 2004). Y ya sabemos lo que significó la familia heterosexual para las ideologías fascistas y racistas que recorrieron Europa en los años 40. Y nos recuerda también Eribon que el énfasis en la familia heterosexual se daba precisamente contra cierta idea de debilidad homosexual o afeminamiento que para los reaccionarios amenazaba la patria, las distintas patrias. El mal siempre viene para la patria y la sociedad cuando se ponen en duda los valores fuertes del patriarcado. Y la familia es uno de los valores fuertes del patriarcado.

 La institución matrimonial desde su origen está basada en un concepto naturalista, esencialista del sexo y el género. Ya sabemos que no es una institución natural, pero también sabemos la fuerza que tiene en el saber común, en la sabiduría popular, cualquier concepto que aluda a la naturaleza. El matrimonio vincula sexo, género, heterosexualidad y naturaleza y eso salió en muchas ocasiones a lo largo del debate. Hay muchos conceptos ahí en la institución matrimonial que son la base de una gran parte del sistema. 

La naturalidad de esa institución, por ejemplo. El matrimonio homosexual demuestra que la institución matrimonial es histórica y contingente. Es de una importancia extrema. No había pasado nunca.  

El matrimonio sólo puede ser heterosexual porque es natural y, al mismo tiempo viene a atar la complementariedad de los sexos, géneros. Es natural porque lo natural es que los sexos se complementen. También eso queda desmontado. Es una institución de la que hacemos lo que queremos porque ahora tiene un sentido y mañana puede tener otro. La heterosexualidad es tan natural como la homosexualidad, o nada natural, que lo mismo da. La complementariedad basada en el dimorfismo sexual no existe.  

Dentro del matrimonio además de la complementariedad de sexos, se da una complementariedad de géneros marcada con una división de roles sexuales y con una muy marcada división sexual del trabajo que es otro de los pilares del patriarcado. De ahí la eterna pregunta que se nos hace ¿quién hace de hombre y quien hace de mujer? El matrimonio en realidad está fundado sobre la división de sexos y géneros. Pues esto se destruye también, nadie hace de hombre ni de mujer. ¿Quién hace la compra, quién limpia, cuida a los niños, a los enfermos, dependientes, quien gana el dinero?  

Pues el que pueda, el que quiera, el que más le guste, el que tenga más tiempo o bien todo a partes iguales. Es la primera vez que esto es así. Que la distribución de papeles, roles y trabajos se hace en función no del sexo, sino de los gustos y capacidades. Es por primera vez en la historia un contrato entre iguales; un contrato en el que los roles sexuales, la división del trabajo y de la intimidad, las relaciones con los niños, con los mayores y las personas dependientes van a ser repartidos dependiendo de los gustos o de las habilidades de cada uno y no según el sexo, lo que implica una revolución de tal calibre que esta institución podría llamarse de otra manera.  

Rompe también absolutamente la relación entre matrimonio y procreación y aun más, entre heterosexualidad y procreación.Ya se que está relación estaba rota, pero no en el imaginario, no en el simbólico social. La prueba es que a lo largo de todo el debate, como si nada, se me siguió diciendo que el matrimonio es para tener hijos.  Ahora esa relación se rompe definitivamente.

 El matrimonio civil, porque en realidad, no debería haber otro, es un contrato que ha cambiado enormemente a lo largo de la historia. El cambio más profundo hasta ahora se había producido con la igualdad de la mujer dentro del mismo, lo que también rompía una tradición de siglos.  

¿Para qué existe el matrimonio? ¿para qué se creó?

Para garantizar la filiación de los hijos. Que ya no ocurre.

Para garantizar la subordinación de la mujer. Que ya no ocurre

Para garantizar la transmisión de la propiedad mediante la herencia. Que tampoco ocurre (porque los hijos extramatrimoniales heredan igual)

 

Y simbólicamente ya lo hemos visto

Para naturalizar la heterosexualidad y declararla así superior a la homosexualidad.

Para naturalizar la complementariedad de los sexos.

Para naturalizar y garantizar la división sexual del trabajo.

Para que pareciera que era un sacramento, algo sagrado.

Ahora todo esto desaparece gracias al movimiento LGTB

 El matrimonio había cambiado mucho y el matrimonio civil no tiene que ver con la religión. Sin embargo, vuelvo, simbólicamente la religión mantenía el dominio sobre ese espacio. No es un sacramento, pero lo parece. Que en España se permita que quien se case por la Iglesia lo haga al mismo tiempo por lo civil, que mucha gente se case por la iglesia, la primera vez que se casa, por aquello de la ceremonia, la importancia que la iglesia da al matrimonio…ha creado una cierta indistinción social. Bueno ahora se visibiliza claramente que el matrimonio es una institución social, creada por las leyes y que puede cambiar cuánto se quiera, no hay más regla que la que dicte el parlamente. Se le arrebata a la Iglesia es herramienta.

 Lo más importante del matrimonio entre personas del mismo sexo es su potencial para desnaturalizar la construcción legal y simbólica del género.

 Lo cierto es que la Iglesia y la extrema derecha saben por qué protestaban cuando afirmaban que el matrimonio se devaluaba con la ampliación a gays y lesbianas. El matrimonio ha sido la más importante institución heterosexista de la historia: estamos a punto de cargárnosla como herramienta ideológica del heterosexismo. Quitamos el privilegio de la legitimidad social, económica, moral, a la heterosexualidad.

 El matrimonio va a cambiar radicalmente aunque va a cambiar para mejor, en contra del heterosexismo y del sexismo, hacia la igualdad.  Pero va a perder su carácter de herramienta de la heterosexualidad obligatoria, de refuerzo de la misma. Es decir la Iglesia y la derecha pierden esa herramienta, la pierden para siempre. De ahí la importancia de esta batalla,  y de ahí que no pudiéramos conformarnos con una ley de parejas.  Aunque mucha gente, incluso de izquierdas no lo vea, es absolutamente revolucionario este cambio.

 Matrimonio entre tres…debate… ¿por qué no?

 Es perfectamente posible que el matrimonio termine por desaparecer, o no. No desaparecerá en la medida en que siga siendo útil, pero cada vez lo es menos porque casi todo lo que se obtiene con el matrimonio se puede obtener sin él. De ahí que haya países donde cada vez se case menos gente.

Conferencia impartida en el curso:La actualidad a debate. Paso a paso en el análisis de género”: Seminario de estudios interdisciplinar de Estudios de la Mujer SIEM. 10 de abril de 2008

2 comentarios

  1. Bourdieu, en vez de Bourdieau

    1. Jo, me teneis controladísima. Si, y ya no veas como escribo Foucault.

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