Transexualidad y rechazo del género.


Me preocupa enormemente el fundamentalismo de género al que todo parece conducirnos, también aquel que se supone bienintencionado y que “reconoce” transexualidad en todas aquellas personas que  rechazan lo que se supone que es su género. No dudo de que la transexualidad se manifiesta muy pronto, enseguida,  y no dudo tampoco que es mejor empezar pronto el proceso de cambio físico.  Tampoco tengo ninguna duda de que la mayoría de las personas  transexuales saben que lo son y que el rechazo profundo del género asignado forma parte de su verdadera identidad. Pero la culpa de eso la tiene la existencia de los roles y características de género,  porque  no toda persona que siente un profundo rechazo hacia eso que se ha llamado género es transexual. Y a los cuatro años es dificil saberlo.

Cada vez aparecen más artículos positivos acerca de la transexualidad, lo cual está muy bien. Pero me preocupa mucho lo que en estos artículos, incluso científicos, comienza a considerarse signos inequívocos de transexualidad. En algunos de estos artículos sobre personas transexuales leo que estaba claro que estas personas lo eran porque,  literalmente: rechazaban vestirse de rosa, les gustaban los juegos  masculinos, se identificaban con los niños más que con las niñas. En el caso de la transexualidad femenina, lo contrario: gusto por vestirse con ropas de la madre, afición a maquillarse o a jugar con muñecas. Todas estas características suelen aparecer detalladas y las madres cuentan y no acaban del rechazo que la hija manifestaba por un vestido rosa con lazos que ella le compró con mucha ilusión o del niño al que sorprendió probándose sus joyas.Los profesores dan también su opinión: la niña era violenta en los recreos y quería jugar al fútbol, mientras que el niño permanecía en un rincón y buscaba la compañia de las niñas.

Si por esto fuera yo hubiera sido considerada trans masculino desde mi más tierna infancia en la que siempre me identifiqué más con los niños que con las niñas, nunca tuve amigas sino amigos,  no hubo manera de ponerme falda y  manifesté repetidamente que quería ser niño. Soñé varias veces que tenía un pene, deseé que me creciera y quería llamarme Jorge, como la de “Los cinco”.  En realidad yo no era un niño trans sino una pequeña lesbiana butch que después se transformó en una adolescente heterosexual muy femenina, que luego fue una lesbiana más bien andrógina y que ahora va y viene.

Mi hijo, por su parte, siempre manifestó un interés muy poco masculino por la ropa femenina y  dado que en mí armario no había una sola falda tenía que robárselas a mi hermana. A mi no me pareció ni bien ni mal, ni le presioné ni le dije que eso era de niñas, ni se lo dije cuando se empeñó en coser su propia ropa ni cuando pidió una Barbie enfermera por Reyes. No es transexual, por cierto, es gay. Era un niño gay y hoy es un adulto gay. Podría haber sido  hetero por supuesto, y también podría haber sido muy masculino, jugar al fútbol, pegarse en los recreos y seguir siendo gay.

Hace unos años rechazar el rosa y combatir el sexismo en los juguetes y en los juegos, permitir o incluso alentar las violaciones a los estrictos códigos de género, era signo de feminismo, se fuera trans o no. Ahora hemos llegado a un punto en el que las manifestaciones externas del género se han radicalizado de tal manera, se han hecho tan inflexibles y tan indiscutidas que hay “expertos” que “diagnostican”  que una persona es transexual porque rechaza el rosa y se identifica con niños del sexo contrario al suyo.

 Se me dirá que no es tan sencillo y que ser transexual es mucho más que eso;  desde luego lo sé. Las personas transexuales lo saben,  pero la mayoría de la gente no; ni lo saben los padres y madres de niños gays y lesbianas, ni lo saben tampoco muchos niños gays y lesbianas. Y desde luego, quienes no parecen saberlo en absoluto son todos esos expertos que se nos han echado encima para reforzar los estereotipos de género a veces utilizando como excusa la transexualidad. La transexualidad no es una enfermedad, el rechazo del género asignado tampoco y no hay que intervenir de ninguna manera, a no ser apoyando a la niña o niño en todo lo que sean sus decisiones respecto a sí mismo/a y a su identidad.

10 comentarios

  1. Seguimos clasificando a las personas o en hombres o en mujeres (según sus roles). Es este binarismo sexual el que no permite un desarrollo personal fuera de lo establecido.
    Hace poco estuve en un charla sobre la Despatologización Trans, que fue muy instructiva para ampliar esta visión tan reduccionista ( http://www.movimientosdegenero.com/eventos/despatologizacion-trans-no-binarismo-de-genero ). Hay diversidad de identidades y para hacerlas visibles debemos de empezar rompiendo con el binarismo sexual. Estas mismas ideas son las que me han surgido al leer el artículo.
    Gracias Beatriz por tu reflexiones.

  2. Estoy de acuerdo en todo lo que dices. Pero me llama mucho la atención lo que cuentas acerca de que pasaste de ser una pequeña lesbiana butch, a ser una adolescente muy femenina. Puedo entender el camino contrario…hay muchas que primero viven bajo el mandato social y después se van liberando. Quizá es que no me imagino con lo andrógina o medianamente masculina que he sido siempre, ponerme de repente una falda.

    En cualquier caso, gracias por tus reflexiones porque son muy necesarias!

  3. Muy bueno el artículo. Parece que nuestro mundo camina poco a poco hacia la bipolarización de todo: si no eres A, tienes que ser B. O te etiquetas o mueres de pena. Hace algún tiempo leí una frase en un libro sobre bisexualidad que me encantó: “las etiquetas constituyen un paso necesario hasta que llegas al lugar en que ya no las necesitas”. Un abrazo y gracias por las lecturas que proporcionas, se han convertido en parte (agradable) de mi día a día.

  4. Era …..Georgina….., la de los Cincos, yo también quería ser ella, también fui una pequeña lesbiana bustch y una adolescente muy andrógina; después cambié y fui una esposa y madre hetero muy normal, hasta que hace un año, con 47 me enamoré de una mujer y mi vida ha cambiado por completo y ha sido como que todas las piezas han encajado, no sin descolocarlas por completo.
    Entré a tu blog de casualidad y tú Bea me has ayudado a encajar las piezas.
    Gracias.
    Lourdes

  5. Comparto y reconosco la buena intención del artículo, pero hay de por medio una contradicción que se origina en un otro fundamentalismo: el rechazo toda identificación de género. Dices al principio ” no dudo que..y no dudo que…y no dudo que”, pero enseguida dices “pero la culpa de eso lo tiene…” Osea, que en realidad a todo eso le niegas realidad. Continuas..”Pero la culpa de eso la tiene la existencia de los roles y características de género, porque no toda persona que siente un profundo rechazo hacia eso que se ha llamado género es transexual. Y a los cuatro años es dificil saberlo”. El error es evitar definir el género en otros términos que no sea simples “roles” y conductas “características”. Por supuesto, éstos pueden haber sido “construidos” social y culturalmente, variando para cada tipo de sociedad, pero entre el género sentido y tales roles puede haber infinitas discrepancias. Pero eso no define el género sentido de la persona. Esto es, una persona transexual no se define por su rechazo a tales roles y conductas sociales, sino que su inadecuación con roles y conductas socialmente atribuidas a un género, se deben a que sienten, primero, y se identifican despues, como personas con un otro genero distinto al atribuido. No tenemos (y quizás nunca lo tengamos) una explicacion de por que esto es así. Pero en el caso de las mujeres llamadas “transexuales” afirmamos que existe el género y existe un proceso de identidad de género, lo que no quiere decir, que el género ni la identidad determine mecánica ni obligatoriamente, conductas y roles sociales. Hasta ahora, solo hay lo que se dice una serie de “hipótesis” en cuanto al sustrato material que génera el género y posibilita la identidad de género. Más allá de eso, hay pura especulación.

    1. Cristina, aunque yo discutiría algunas de tus afirmaciones desde mi opinión, en este post no me refería a eso en absoluto. Mi críica iba dirigida a esos “expertos” que “diagnostican” disforía de género (que tampoco es disforia de nada, pero bueno) a niñas y niños de cuatro años basándose en rechazo a roles y estereotipos de género. Eso está ocurriendo y hemos podido leerlo en los periódicos. No se puede tratar a un niño o niña como trans sólo porque juegue con muñecas o camiones, sin embargo vamos por ese camino gracias a los médicos.

  6. Beatriz, sin ningún animo de discutir ni polemizar, pues eso no nos sirve para nada, la verdad que he visto varias noticias y videos sobre niños y niñas llamadas “transgenero” o “transexuales” y me pareció que los “casos” (muy entrecomillas) son tratados con seriedad. Me da la impresión de que son los padres quienes acuden a esos profesionales en ayuda para lidiar con la condición “transgenero” o “transexual” de sus hijos. Me permito suponer que los padres no estan actuando a la ligera sino que han percibido signos de una condición que denota una discordancia entre el sexo (vamos a llamarle para abreviar “fisico”) y el género sentido de sus hijos, y no solamente un rechazo a roles y estereotipos sociales de genero atribuidos. Repito, supongo. Ahora bien, yo estoy de acuerdo que si los profesionales realizan un disgnóstico de “disforia de género”, es producto de su ignorancia, de seguir confundiendo una condición humana con una supuesta “patología”, pues se considera “patologico”, justamente, el rechazar conductas, roles y estereotipos de genero construidos socialmente. Finalmente, por supuesto que puede darse el caso, que tu estas señalando muy bien, es decir, que simplemente se trate de niños “normales” (otra vez, muy entre comillas y para abreviar) que simplemente rechazan roles y estereotipos sociales y culturales. Por eso mismo, sea en uno u otro caso, no es bueno generalizar: puede ser lo uno o puede ser lo otros, o pueden ser otras cosas.

  7. Quiero pensar que en los medios de comunicación se quedan con la anécdota del niño que se viste con faldas “ya lo veíamos raro”. El diagnóstico de la disforia de género se basa también en otros ítems. El diagnóstico a la temprana edad de 4 años no parece muy habitual, pero parece ser que la disforia se presenta desde que el niñ@ tiene conciencia de pertenecer a un género. Si es así, parece positivo que se diagnostique tan temprano, evitando así una infancia y una adolescencia sufriendo este transtorno sin recibir la debida atención por ser demasiado pronto. No sé si en este caso lo más adecuado sea el cambio físico, imagino que no en todos los casos es lo mejor o lo que el individuo desea. Pero si fuera así, mejor hacerlo cuanto antes.
    El género social sigue teniendo su importancia hoy en día. Pocos niños conozco que jueguen a cocinitas sin que sus padres tuerzan el gesto. Cuando era más joven pensaba que en el futuro las diferencias entre lo masculino y lo femenino disminuirían, pero a veces me parece que por el contrario, nos estamos masculinizando y feminizando cada vez más, especialmente a los niños.

  8. No saber diferenciar entre expresión de género e identidad sexual es lo que lleva a que existan estas confusiones. Tanto de los “profesionales” como por supuesto de la prensa y de la gente de “a pie”. Cuando un caso de estas características sale en prensa solo se centran en lo truculento y en lo obvio: juega con muñecas, se viste de niña, no quiere falditas rosas con lazos… Sin embargo lo que ha preocupado a los padres hasta el punto de terminar admitiendo que su hijo o hija es transexual no ha sido eso. Para que unos padres tengan que dar ese paso, que cuesta tantísimo (se sufre incluso un proceso de duelo), es porque el niño o la niña insiste en ser tratadx con el otro género, no se viste de niña porque le guste sino porque quiere que al mirarle vean a una niña, y sobre todo porque es terrible ver cómo “un hijo” quiere cortarse el pene, o “una hija” sufre repetidos episodios de infección vaginal porque se niega a tocar sus genitales ni para lavarse. Solo una madre o un padre sabe lo que duele que “un niño” de cuatro años te diga “mamá, me quiero morir, ¿por qué no puedo ser una niña?”.

    He escrito esto rapidísimo y muy deshilvanado, pero quisiera dejar claro que estoy de acuerdo con que hay mucha confusión, pero no por parte de los padres (estos no se suelen precipitar precisamente, al contrario… justo toooodo lo contrario, os lo aseguro), en todo caso es por parte de la sociedad que no entiende que un niño de cuatro años puede tener clarísimo que no es un niño sino una niña aunque todo el mundo se empeñe en etiquetarle como chico porque tiene pene.

    Así es que no dudemos de los “casos” que salen en prensa, dudemos de las formas con que son presentados. Y dudemos también de los presuntos “profesionales” que mezclan churras con merinas y no saben diferenciar a un niño transexual de uno con comportamiento de género no normativo, pues siempre saldrá perjudicado el niño transexual (también os aseguro esto).

    1. En esto último estoy completamente de acuerdo.

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