Londres estalla


Dice el Primer Ministro Cameron que los disturbios de Londres se deben a que la gente que los ha protagonizado no tiene ética ni educación. Acierta plenamente. Es exactamente así. ¿Qué educación van a tener estos chicos? ¿La que ya no les garantiza el Estado? ¿Esa educación para pobres en la que se les enseña que no llegaran a nada, en la que no se les garantiza nada, en la que, además, no se les enseña nada? ¿Esa educación para pobres, sin medios, sin profesores, que todo el mundo sabe que no les servirá para nada? ¿Esa educación pública que es sólo un tiempo y un lugar en el que meter a los chicos y chicas pobres hasta que se hacen adultos? ¿Esa educación en la que no tienen cabida los valores de ciudadanía, los valores democráticos, las humanidades? ¿Es que acaso esa educación que se les da les forma o les prepara, o les da siquiera una oportunidad, para acceder en igualdad de condiciones a un trabajo digno, a una vida digna? ¿No es cierto que la educación pública es cada vez más una educación basura para gente a la que se considera basura?

¿Qué ética quiere Cameron que tengan estos chicos? ¿La ética neoliberal que es la única que se da como buena o valiosa? ¿La que enseña individualismo, egoísmo, a preocuparse únicamente por uno mismo? ¿La que desdeña cualquier valor no monetario? ¿La que enseña que el único valor es el dinero pero que, al mismo tiempo, ellos no lo tienen ni lo van a tener? ¿La que enseña que el éxito consiste en tener cosas, por lo que ellos están destinados al fracaso? ¿Esa ética que lleva décadas enseñando que la sociedad es un terreno de lucha de todos contra todos en donde solo pueden sobrevivir los fuertes; donde el que no es capaz de comprar cosas es un fracasado? Esa es la ética que tienen estos chicos, esa es la ética que se enseña, la que se valora. Sólo que a unos les sirve para ser especuladores y a los más pobres les llena de rabia y frustración. Si a estos chicos se les ha dicho y demostrado que no pueden esperar nada de las instituciones, ni del Estado, ni de la sociedad en la que viven, si no se les ha educado en la civilidad, ni en la solidaridad, ni en el respeto a nadie ni a nada porque, en realidad, no se les ha educado de ninguna manera; ¿qué respeto, qué civismo, van a tener?

En realidad, estos vándalos aplican los mismos valores de los facinerosos encorbatados, los únicos valores que cuentan, que se enseñan. Estos vándalos londinenses llevan años viendo y comprobando que el sistema se cierra para los pobres pero viendo, al mismo tiempo, como otros se enriquecen de manera obscena en un mundo en el que tener dinero es lo único que cuenta pero en el que sólo unos pocos pueden tenerlo. Si vemos como los que dominan la economía y el mundo son mafiosos sin escrúpulos, si vemos a políticos corruptos todos los días librarse de todo, si la impunidad es general entre los delincuentes de clase alta que nunca pagan por sus desmanes… ¿qué civismo le deben estas personas, los pobres,  a esta sociedad? ¿Por qué van a cuidarse de ella? ¿Cuida acaso la sociedad de ellos? A esas personas no les importa nada una sociedad que a su vez no les considera otra cosa que despojos sociales sin importancia.

Si, además, son negros, la policía es racista, el sistema es racista y es clasista y no hay nada para quien es negro y pobre… la pregunta no es por qué son violentos, sino qué razones les da este sistema para no serlo. Naturalmente que la violencia trae más violencia; naturalmente que esta se ceba en quienes menos culpa tienen, que de esta violencia ciega no puede salir ninguna luz. Pero habría que ser tonto para no entender por qué ocurre y para no saber qué ocurrirá cada vez con más frecuencia.

Lo que ha ocurrido en Londres (lo que ocurrió en París) es la cara extrema de lo que ocurre en Israel o en Santiago de Chile, o en Madrid. Miles de personas hartas y abandonadas por el sistema que se lanzan a la calle. Las razones pueden ser parecidas, pero unas salimos a protestar legítima y pacíficamente, otras salen a destruir lo que encuentren a su paso. Unas exigimos justicia social, otras lo rompen todo en medio de una violencia ciega que se ceba, además, sobre los que menos culpa tienen. Imperioso condenar la violencia dicen todos los articulistas. Yo la condeno como cualquiera, de ahí no saldrá nada. Pero entenderla claro que la entiendo. Lo ha dicho Cameron que aunque no lo dice también lo entiende: no hay educación, ni ética.

Publicado en El Plural

Una respuesta

  1. Ay, Beatriz, que nosotras, las profesoras que nos dejamos el alma y la piel con nuestr@s chic@s, tenemos un corazón demasiado a flor de piel para leer estas palabras tan crudas y reales…Hay que hacer algo, porque si no, van a destruirlo todo. Y vamos camino de ello.

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