Los delincuentes y los otros


Quizá, es posible, que llegue el día en que veamos a Berlusconi en un banquillo pero es posible que para entonces sea demasiado tarde para confiar en que los mecanismos democráticos normales son suficientes para evitar que un delincuente gobierne durante años un país democrático, en el que se suponía que estas cosas no pasaban. Ahora sabemos que pasan, y que pasarán cada vez en mayor medida. Un delincuente de cualquier tipo puede llegar al poder y desde ahí pasarse años cambiando las leyes, arrinconando los mecanismos de control, comprando jueces o fiscales o lo que sea, pervirtiendo la propia democracia y todas sus instituciones.

Es posible que al final pierda pero ¿qué habrá perdido él y qué habremos perdido nosotros? El delincuente ha sido durante años Primer Ministro de uno de los países más ricos del mundo, ha estado años usando el poder para enriquecerse él y toda su familia, y todos sus amigos y todos los que se cobijan bajo su sombra. Sí, al final puede que lo pague (o no) pero ¿cómo lo va a pagar? ¿Cómo será posible restituir la confianza en que las instituciones democráticas son suficientes? Es evidente que no han sido suficientes.

Porque, además, no se trata del caso de un delincuente que delinquiera de manera más o menos oculta, a quien hay primero que descubrir. De Berlusconi se sabe que es un delincuente hace años. Un dictador es terrible, pero un delincuente que sale elegido y reelegido y a quien nadie en el mundo tose hace tanto daño a la democracia como un dictador, si no más. Al menos a los dictadores se les afea internacionalmente la conducta y existe el anhelo de que se vayan (sólo si son de países pobres). Después de Berlusconi sabemos que es posible que cualquier delincuente: un mafioso, un proxeneta, un traficante de armas o de drogas…cualquiera que se nos ocurra, puede llegar a ser presidente de gobierno y que le voten.

Berlusconi es un síntoma de un radical cambio de valores sociales. El único valor que cuenta es la riqueza y a partir de ahí todo vale. Es un síntoma nuestro también. Un síntoma que no nos queda lejos: los trajes de Camps, los manejos de la Gürtel, el enriquecimiento ilícito de tantos y tantos cargos públicos, las loterías de Fabra, que ahí sigue tan contento. No sólo son elegidos repetidamente, es que están chulos y crecidos, tan chulos como Camps el otro día con los periodistas. En realidad, los que estamos arrinconados somos las personas que aun nos escandalizamos con esto. Por eso es imprescindible que Tomás Gómez aparte a Trinidad Rollán. Su caso no es comparable a los que menciono, no se ha lucrado, no es corrupción, pero lo cierto que ha prevaricado y que la ley no juzga las intenciones. Ha delinquido y es un cargo público. Necesitamos un respiro y si no nos lo dan desde nuestro lado, apaga y vámonos.

Publicado en: El Plural

5 comentarios

  1. Creo que han conseguido algo importante los poderes hoy en día (generalizo con lo que eso tiene de que no todo/s tengan cabida en esa generalización) y es que no haya masa crítica fuera de las corrientes dominantes. A cada facción se la ha instruído en su catecismo al que obedece ciegamente (o necesita obedecer para no desmoronarse, sobretodo en la izquierda porque la derecha es un bloque uno, grande, libre, fijoydaesplendor) y al que le son aplicables lo de la paja y la viga.
    Las izquierdas de la “izquierda” tampoco tenemos alternativas sugerentes y digo sugerentes, novedosas…
    Hace años que estoy muy metida en la realidad virtual y es muy buena ante la fatiga cotidiana, te permite relacionarte, informarte, distraerte, experimentar y al final… te permite apretar un botón y desconectar y puedes estar desconectado cuantos días quieras y esa realidad sigue pero a ti no te “afecta”.
    Muchos días en la vida no virtual, no escucho la radio ni veo la tele pero suena el despertador me incorpora a un mundo que no puedo obviar, tengo que ir al trabajo y no puedo desconectar del cansancio de unas realidades que no me interesan… y tengo que escuchar que hay un señor (?) que el si que sabe vivir, que se llama Berlusconi y tengo que escuchar…

    Bueno… el tema iba por otro sitio… tal vez necesitaba descargar un poco el malestar cotidiano de tanta estupidez pero como esto es virtual … podéis desconectaros de mí :))

    1. Yo, que llevo menos tiempo en la red, no estoy muy convencida de sus virtudes sociales. Se irá viendo, pero a veces me parece que se convierte en un placebo que nos permite desconectar de una realidad que en cambio es la única que hay. Al llegar aquí sí he visto masa crítica, he visto (leído) personas muy indignadas que se revuelven, que piensan y expresan su indignación, que firman aquí y allá y que pasan horas delante del ordenador leyendo y transmitiendo información. No veo que eso tenga ninguna correlación en el mundo real; donde nos roban, nos explotan, nos quitan derechos, nos impiden conseguir otros; un mundo en el que campan a sus anchas injusticias atroces. En parte y para una profana como yo, la red la veo entretenida, insustituible para el trabajo intelectual, imprescindible para acceder al conocimiento y…al mismo tiempo individualista, desmovilizaradora, que fomenta la disociación de la realidad etc. Supongo que con el tiempo se encontrará el equilibrio…o eso espero.

      1. Tampoco hay que pedirle al ámbito virtual más que al ámbito público. Posiblemente mucha de esta gente que firma y se indigna en las redes son las únicas que acuden y visibilizan su indignación en el espacio público y posiblemente suceda también como sucede en la realidad no virtual, que parece mentira que una mayoría tan indignada no refrende con su voto, con su presencia puntual su indignación (típico en la izquierda)…

        Lo ideal es utilizar las redes como herramienta de movilización y sí que funciona muchas veces. Hay cantidad de campañas, de recogidas de firmas que han dado su fruto en un trabajo llevado desde las redes principalmente. Es cierto que hay también momentos descorazonadores como el de crear falsas expectativas de apoyo que se han quedado en nada, absolutamente en nada pero las redes también tienen su “derecho al mal”, a no suponer que tengan que ser más de lo que es, lo que hay…

        Lo que no comparto para nada es que las redes fomenten el individualismo, la disociación con la realidad, la desmovilización… Creo que eso mismo se puede decir de la tele por ejemplo. No son ni buenas ni malas en sí, todo depende del uso que se haga. Posiblemente tendríamos que preguntarnos si quien se manifiesta virtualmente, sin redes saldría a la calle?
        Es sintomático que en países como Francia, Grecia.. donde también existen las redes haya habido respuesta masiva a determinadas cuestiones… habrá que pensar qué sucede aquí a lo mejor…

      2. Beatriz Gimeno

        Seguramente tienes razón. Es cierto lo que dices de Europa. Posiblemente a mi me pase lo que a tí con la estupidez que mencionabas antes. Yo me consumo en la frustración de la inacción. Sí según dijo el papa el purgatorio no es un lugar físico sino un “fuego interior” yo debo estar ahí.

  2. Tienes tanta razón en lo que escribes…. y es imperativo construir una izquierda que actúe como tal, en la que podamos confiar. pero parece que estamos, toda la ciudadanía, dormida, pensando sólo en consumir, y, a partir de ahí, tú lo dices, todo vale. Sigue escribiendo, nos faltan voces como la tuya!

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