Estoy harta


Cuando hablamos de derechos hablamos de nuestras vidas, de calidad de vida, de vivir o de sobrevivir. Y ya estoy cansada, más que harta. Cansada de vivir sabiendo que con un solo sueldo es casi imposible comprarse un piso si es que no quieres endeudarte más allá de lo razonable;  de no saber si tendremos una pensión en la jubilación o será tan baja que en ningún caso dará para pagar un alquiler. Nos dicen: hay que pagarse un plan de pensiones pero nuestros sueldos bajan o suben la cuarta parte del IPC así que un plan de pensiones ¿con qué?. Además, nos ocultan que  los planes de pensiones dependen del mercado y pueden quebrar y esfumarse, como ha pasado en otros países. Estoy más que harta de que se violen constantemente derechos de ciudadanía que son básicos: a una vida digna, a la igualdad, al trabajo, a una vivienda y no pase nada. Estoy harta de que se degrade nuestra calidad de vida. Estoy como todo el mundo, harta de los políticos…y encima se muere Labordeta.

Veo a los políticos en Bruselas y me siento más harta y aburrida que nunca. Todos con la misma sonrisa y las mismas palabras vacías con las que desautorizan, todos a una y sin distinciones ideológicas, a la Comisaria Europea que calificó la política francesa de expulsión a los gitanos de “política asquerosa”. ¡Que nerviosos se han puesto, qué barbaridad!  Pues yo también opino que la política francesa de expulsiones es impresentable  y la izquierda que se hace esa foto y después sale para decir lo mismo que los demás, es patética y sí, nos ha fallado.  Y me harta el machismo de Berlusconi y que nadie pueda callarle, y no tengo palabras suficientes para explicar hasta que punto me harta  y me asquea que la supuesta pelea entre Sarkozy y Barroso en Bruselas sea calificada de “intercambio muy macho y muy viril”…ya supongo que sería muy macho dada  la cantidad de mujeres que se sentaban en esa cena (¿una?).

Me cansan esos políticos reunidos para no decir nada, para aplicar las mismas políticas injustas que degradan nuestras vidas y van laminando nuestro futuro, pero intentando convencernos de que lo hacen todo por nosotros y que son imprescindibles. Me cansan sus gestos ampulosos, pomposos, inútiles, sus palabras repetidas: sacrificio, responsabilidad, respeto. Me harta esta Europa que nos vendieron y que ahora comprobamos que para aplicar políticas neoliberales todos a una pero que en derechos humanos no sirve ni siquiera para condenar verbalmente la política racista de Sarkozy o la política machista e insultante, ofensiva para las ciudadanas, de Berlusconi.  Me pregunto para qué dan ruedas de prensa separadas, si dicen todos lo mismo para qué dicen nada si ya sabemos lo que van a decir antes de lo que digan. Incapaces todos ellos de probar o siquiera imaginar alguna política valiente, imaginativa, inteligente y comprometida de verdad con la justicia social,  como diría Labordeta: ¡A la mierda!

Pero también me siento harta de una sociedad en la que se congelan las pensiones para ahorrar el mismo dinero que hubiera proporcionado el desaparecido impuesto sobre el patrimonio, y nadie se echa a la calle a protestar. Harta de ver cómo políticos corruptos, siguen en sus cargos ante la pasividad general sólo porque muchos creen que los partidos políticos son como un club de fútbol, que no importa lo que hagan, si son de los míos hay que apoyarlos. Me cansan quienes son incapaces de criticar a su propio partido aunque traicione todo lo prometido, aunque tengan que comerse sus palabras de ayer mismo, aunque haga las mismas políticas que critican en el partido de al lado. Estoy cansada y harta de no tener cauces para expresar mi hartura por culpa de una ley electoral que nos deja sin opciones reales. Pero, por encina de harturas y cansancios, la solución no es  acabar con la política, sino hacer más política. Implicarnos en la política, salir a la calle, decir que así no, buscar opciones, ir a las manifestaciones, apoyar a los sindicatos, acudir a las asambleas, organizarnos, protestar, participar , no dejar que decidan por nosotros. El 29  es la oportunidad de hacerlo, la oportunidad de  expresar toda esta hartazón y esta sensación de que nos están tomando el pelo. Son nuestras vidas las que están empeorando muy rápidamente y no las suyas. Y diga lo que diga el Papa, no tenemos más que una, así que vamos a defenderla.

Publicado en El Plural

Septiembre de 2010

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