El consul de Sodoma


Ya que todos opinan sobre la película El cónsul de Sodoma en la que se narra la vida, sobre todo amorosa y sexual de Jaime Gil de Biedma, yo como espectadora también tengo derecho de opinar. Mi impresión es que se trata de una película lograda que consigue explorar de manera emocionante una parte crucial y aún poco conocida de la vida del poeta. Y ese descenso a la sensualidad del personaje lo hace la película sin permitirnos olvidar en ningún momento su poesía ni su voz; lo que a mí me parece su mayor logro. La voz de Gil de Biedma no deja de llegar a los espectadores en la recitación de sus poemas que acompañan como una banda sonora las escenas.

La polémica puesta en marcha por Marsé y otros que le conocieron contrasta con la opinión favorable de muchos otros que también le conocieron, e incluso de algunos sobrinos nietos, que han hecho declaraciones favorables a la película. No me cabe duda que las críticas de Marsé están basadas en la homofobia, aunque esta sea inconsciente. Me da la impresión de que él y otros muchos amigos del poeta toleraban su homosexualidad como si ésta fuese una especie de rasgo accesorio de su, por otra parte admirada, personalidad. Pero es evidente que se sienten incómodos ante la exposición evidente de la misma o ante la centralidad que la película le concede. Los amigos del poeta no pueden entender que la heterosexualidad es central en la vida de los heterosexuales en la misma medida en la que la homosexualidad lo es en nuestras vidas. No me cabe duda de que Marsé, Colita y todos los amigos que aparecen en la película son de esos que no entienden que exista un día del Orgullo homotransexual y que dirán eso de “¿qué necesidad tienen de alardear de la homosexualidad?”

Como para casi todo el mundo el amor y el sexo fueron parte muy importante de la vida de Gil de Biedma y más importante quizá para él que para cualquier heterosexual de la época debido al ambiente sexualmente opresivo del franquismo, así como a la asfixiante homofobia institucionalizada que se respiraba. No perdamos nunca de vista que la vida sexual de Jaime Gil de Biedma era ilegal; cosa que no era la de Marsé o Barral o cualquier heterosexual. Esa circunstancia podía conceder a la sexualidad homosexual una centralidad que quizá no hubiera existido en condiciones de igualdad; o quizá no, no lo sabemos y no es importante.

Lo importante es que Jaime Gil de Biedma escribió una poesía claramente homoerótica y dejó constancia también en su prosa de la importancia que le concedía a sus experiencias amorosas y sexuales. Tampoco importa mucho que la sexualidad fuera lo más importante o no en la vida del poeta. Lo fuera o no la película se centra en eso como podría haberse centrado en cualquier otro aspecto de la misma. Una biografía, cualquier biografía, se centra en lo que su autor escoge: en el sexo, en el amor, en la vida literaria, en la vida familiar, deportiva o laboral pero es obvio que las vidas privadas son siempre más interesantes que las públicas, por desconocidas;  y es obvio también que dentro de la vida privada el amor y el sexo ocupan un lugar preferente. Pasa con Gil de Biedma o con cualquiera. Hay multitud de películas, de biografías, de historias basadas en las vidas privadas de personajes públicos en las que la aparición de amantes y amores, en la que la descripción pormenorizada de la vida sexual no genera ninguna controversia y es, al contrario, entendida como algo que permite conocer a la persona que se oculta detrás de la fachada pública. Son vidas privadas heterosexuales.

Publicado en El Plural

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