¡Aborto libre y gratuito ya!


En la batalla ideológica que se libra en torno al aborto, últimamente se ha puesto de moda entre aquellos que se oponen a este derecho el considerar a las mujeres que abortan como víctimas, junto con el embrión o el feto abortado, naturalmente. Este cambio de perspectiva se debe a que llegó un momento en que era humanamente muy difícil seguir culpando a una mujer violada o a una mujer que no puede de ninguna manera tener un hijo debido a sus circunstancias. Si antes a esta mujer se la podía quemar en la hoguera, hoy resulta difícil encender la mecha. Se ha pasado por eso de culpar a la mujer a convertirla en víctima.  Lo ha dicho Bono bien clarito: “El aborto no debe considerarse un derecho, sino un hecho que, por imperativo de ley, se despenaliza en unos supuestos” Porque lo diga él. Ahí van dos siglos de lucha feminista tirados a la basura.

Incluso los partidarios del aborto tienen esa consideración de las mujeres que abortan y del aborto como un mal absoluto. En cuanto a los que lo defienden, la mayoría aceptan esta visión en la creencia  -quizá acertada- de que así será más fácil aprobar leyes despenalizadoras. Considerar el aborto como un drama que hay que legalizar para evitar males mayores es un avance sobre la consideración del mismo como un crimen o como un pecado pero sigue siendo una consideración profundamente machista. Considerar que el aborto es un drama, que las mujeres son víctimas y no agentes de la situación es seguir considerándonos menores de edad.

El aborto es un derecho, no un drama. El aborto seguro, en buenas condiciones, sin estigma, sin culpa y sin problemas, no tiene por qué ser ningún drama. Es una operación sencilla de la que no se guarda recuerdo a no ser que se trate de un aborto indeseado o traumático por algún motivo especial. Es obvio que es mejor no quedarse embarazada que someterse a una pequeña operación quirúrgica, pero eso no lo convierte en un drama. Las partidarias del aborto no creemos que abortar sea matar a nadie, obviamente, sino que consideramos que estamos ejerciendo un derecho; un derecho inalienable sobre nuestro cuerpo, ejerciendo nuestra capacidad de elección: sobre nuestro destino, sobre nuestras vidas, sobre nuestra sexualidad. ¿Por qué habría entonces de ser un drama? Tengo muchas amigas que han abortado y ninguna de ellas recuerda drama alguno, algunas ni siquiera recuerdan bien las circunstancias. Lo recuerdan como un drama aquellas que lo hicieron en condiciones pésimas, aquellas que tuvieron que exilarse para conseguirlo, aquellas que no sabían qué hacer con un embarazo no deseado. Un hijo no deseado sí es un drama.

En el fondo del debate sobre el aborto late el miedo milenario a que las mujeres controlen sus cuerpos y su sexualidad sin permiso de los hombres; en el fondo de todo esto lo que late es la dificultad masculina para “soltar” ese derecho, esa capacidad que hasta ahora controlaban y que todavía controlan en gran parte. Con el avance del feminismo hemos conseguido que se nos permita abortar en algunos países. “Que se nos permita”, la frase en sí es humillante. Es humillante depender del permiso de nadie para decidir qué es lo que hago con mi propio cuerpo, pero no hemos avanzado mucho más. Se nos dejará abortar “un poco” (lejos de las 26 semanas de Holanda; lejos también que la salud de la madre esté por encima de cualquier otra consideración), pero no como un derecho conquistado, no como la libertad ganada, no. No, todavía no.

La mujer que aborta es la que consigue tomar las riendas de su destino y la que, con muchas dificultades, impone su voluntad y su derecho a un montón de obstáculos, es la que decide, contra todo, ser libre y dueña de sí. Las mujeres no seremos totalmente dueñas de nosotras mismas hasta que el aborto no dependa sino de nuestra decisión; sin plazos, sin obstáculos, sin permisos. Por eso ahora más que nunca: ¡Aborto libre y gratuito ya!

El Plural

Febrero 2010

5 comentarios

  1. ¿La mujer que aborta es la que consigue tomar las riendas de su destino?¿ser libre y dueña de sí?

    ¿Y qué pasa con la libertad de decidir que quiere o no vivir del niño o niña que está en la tripa de esa mujer tan libre y tan dueña de sí?

    ¿Has abortado alguna vez? si es así y piensas de este modo no tengo más que decir,
    Si no has abortado nunca, no sabes lo que estás diciendo… no sabes lo que es matar a tu propio hijo por muy dueña de sí que seas…

    1. Un feto no es un niño es un proyecto de niño cuyos supuestos derechos no pueden ser superiores a los de un ser humano completo como es la mujer y su derecho a decidir qué hacer con su cuerpo y su vida. Se muy bien lo que estoy diciendo, así como lo saben todas las mujeres y hombres que defienden el derecho al aborto, como la mayoría de las legislaciones de los países democrácticos que lo permiten. Un feto no es un niño y no tiene derechos. Sólo los nacidos tienen derechos. Sólo las dictaduras conceden plenos derechos a los no nacidos y, por último, suponiendo que el feto tuviera plenos derechos, entonces son dos derechos en conflicto y los de la mujer priman sobre los del feto, un ser humano aun no nacido.

  2. De acuerdo contigo en muchas cosas pero… no logro ver que no sea un ser humano. Tiene carga genética diferente a la de la madre, es decir, no es la madre. Además esa carga genética tiene la “forma” que presenta la de un humano, conclusión: es un ser humano distinto a la madre.
    Si nos vasamos en que no tiene determinadas cosas formadas o argumentos del estilo, sólo me cabe pensar en aquellas personas que han sufrido malformaciones o deformaciones; siguen siendo seres humanos. Muchas veces se oyen cosas como “es que no tiene el sistema nervioso formado” Ya! y hay gente que consideramos personas (nadie se atreve a negarlo salvo un grupo de gente que no merecen ni ser nombrados) que presentan problemas de formación en el sistema nervioso.
    No sé, no sé, perdona que sea tan exceptico en este punto como tu o yo en muchos otros.

    Un saludo

    1. Yo no digo que no sea un ser humano, digo que no es un niño ni una persona, es un proyecto de ser humano. Para ser ser humano hay que nacer. Incluso el derecho lo reconoce así, aunque ahora la guerra de los antielección sea poner nombre a los fetos, pero jamás se ha hecho, nunca en la historia. Mira, como leí el otro día de un jesuita, por cierto defensor del aborto, una semilla (viva y con carga genética) no es un árbol, será un árbol; un huevo (vivo y con toda su carga genética) no es un pollo. Un feto no es un niño. Pero aunque admitiéramos que es un ser humano completo la madre también lo es, y entonces nos encontramos con la colisión de dos derechos. El no nacido no existe sin el cuerpo de la mujer, que tiene derecho a decidir sobre sí, porque ese es el derecho básico de cualquier ser humano. El de decidir que no quiere, que no puede, llevar a término ese embarazo, porque es su cuerpo entero y su subjetividad los que están involucrados.
      En fin, no tengo que nada que perdonar, cuando se está dispuesto a discutir cualquier tema sin agresividad y sin descalificar de antemano, yo también estoy dispuesta.
      Saludos

  3. “Pero, ¡en fin!, si lo que quieres es aduladores, no cuentes comigo”… Y LAS SEGUIDORAS DE BEATRIZ GIMENO, QUE LO VEAMOS… LO DE NO CONTAR CONTIGO, CLARO. Vete a rezar, querubín.

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