Personas Transexuales


Siempre he dicho que una de las mejores cosas que me ha regalado mi militancia en el movimiento LGTB es haber conocido a muchas personas trans: transexuales, transgenéricas, travestis, transeúntes…Algunas de ellas son hoy buenas amigas. En lo personal, las personas trans son, naturalmente, como todo el mundo aunque su visión y su vivencia de la realidad las convierte, muchas veces, en personas muy interesantes. En lo político y como feminista este conocimiento ha sido fundamental para mí. Ideológicamente las feministas sabemos que la anatomía no es un destino, que el género es una ficción y que las identidades no son esenciales, pero al mismo tiempo que sabemos eso, muchas feministas han mantenido hacia las personas trans una actitud hostil cuando no directamente insultante. En muchas ocasiones, la visión que tienen de las personas trans es limitada y está basada en la pura ignorancia, en los estereotipos y los prejuicios y no en el conocimiento personal.  

El hecho de que mucha gente no entienda que las personas transexuales son hetero, homo o bi, tiene que ver con que la gente no acaba de entender que la transexualidad no tiene que ver con la sexualidad y que una cosa es la identidad de género y otra cosa la orientación u opción sexual. Me he encontrado con lesbianas, gente supuestamente formada, que ante una trans lesbiana me ha dicho: “si le gustaban las mujeres y era un hombre ¿para qué se ha cambiado de sexo?” La primera respuesta que siempre se me ocurre es que a ella le gustan las mujeres por la misma razón que a ti, porque nada tiene que ver tener unos genitales determinados con que te gusten las personas con unos genitales determinados. Por otra parte, tener unos genitales determinados tampoco tiene que ver con sentirse hombre o mujer; muchas personas trans no se operan y muchas de ellas disfrutan de sus genitales, propios de un sexo biológico, mientras que social y personalmente se asumen como del otro género. Todo este lío a mí me parece bien y demostrativo de que todo esto  de las identidades sexuales o de género que aprendemos a vivir como fijo e inmutable, como algo que es así desde siempre y que así va a seguir, pues ni es fijo, ni es inmutable ni tiene por qué ser siempre de la misma manera.  

En lo que a mi respecta, yo misma me vivo en una identidad fluida con la que ahora convivo a gusto, pero no siempre he sido así y quizá no lo sea en el futuro. He sido heterosexual, lesbiana, bisexual y finalmente, voy y vengo, vengo y voy. Me gusta, a veces, el cuerpo de los hombres y envidio, a veces, algunos rasgos sexuales o corporales suyos. Me he vivido a veces, como una mujer que hubiera estado muy contenta dentro de un cuerpo masculino, y otras veces como un hombre que estaría encantado dentro de un cuerpo femenino. Me he sentido cercana a los hombres y a veces muy lejana; muy cercana a las mujeres y muy lejana también, extraña ante los heterosexuales y otras veces ante los y las homosexuales. Por supuesto que no me gustan todas las personas transexuales pero sí me gusta la posibilidad de explorar todas las posibilidades que esas personas se abren a sí mismas y nos abren a todos y todas. Y en todo caso, me solidarizo y me siento muy cercana a su discriminación, una de las mayores que puede sufrir una persona y una de las más desconocidas y menos apoyadas.

 Publicado en www.mirales.es

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