Debate Montero/Arrimadas, una mirada feminista


Vi el debate entre Inés Arrimadas e Irene Montero en Salvados con una sensación de incomodidad creciente que me costó identificar. Lo hice claramente cuando, a la mañana siguiente, me senté delante de mi ordenador para repasar el debate, también organizado y moderado por Jordi Évole, entre Pablo Iglesias y Albert Rivera de 2015 y luego otro en 2018. Y entonces me quedó claro que Évole había planteado y dirigido el debate entre las dos políticas de manera muy diferente a cómo planteó el de los hombres, y me temo que esa diferencia tiene que ver con el hecho de que ellas son mujeres.

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2 comentarios en “Debate Montero/Arrimadas, una mirada feminista

  1. Mientras leía este artículo, me acordaba de lo que ocurre con algunas familias de corte patriarcal, cuyas hijas son poco afectivas. Esto preocupa mucho, sobre todo a la mamá, que ve en su hijita de cuatro o cinco años una pequeña grosera, o al menos una desabrida, cuando se niega (o al menos no lo hace por iniciativa propia), a dar besos y abrazos a los demás, sea de forma puntual, sea de forma habitual. Esto es terrible para ella, no sólo porque le parece mal, según la educación que a su vez ha recibido, sino porque, a su juicio, no la va a querer nadie, por lo que trata de corregirla, aunque sea de forma bastante burda (esto sería otro tema bastante interesante también). Pero no ocurriría lo mismo, en cambio (o al menos no de la misma forma), si estas actitudes se dieran en su niño, que, nuevamente a su juicio, no son tan graves ni hace falta corregirlas con tanta asiduidad, en su caso. Según estas personas y como ya es sabido, la afectividad desinteresada y excesiva no es propia de un hombre, y por lo tanto no hay que fomentarla en el niño correspondiente, pero sí de la mujer, y por lo tanto hay que obligar a la niña antecedente a desarrollarla, aunque vaya contra su predisposición natural. Si el machismo existe hasta en la genética, no deberían extrañarnos las actitudes machistas en campos de mayor sofisticación, vetados a la mujer: si las madres y los padres pretenden modificar el carácter de la niña para que sea más afectiva (que para ellos es bastante más importante que otras cosas más complejas y secundarias , que no le corresponden, y por lo tanto no debe aprenderlas), ¿cómo podemos asombrarnos de que critiquen de las mujeres características más complejas, que no son intrínsecas en nadie? Si de nosotras se espera que cuidemos nuestra forma de vestir y nuestro carácter, por poner sólo dos ejemplos, a ellos les preocupará más eso que lo que pensemos, o las decisiones que tomemos, tanto en general como en cualquier ámbito en particular. Todo esto no está impreso en ningún gen, ni de la niña ni del niño, sino que se aprende, siempre que sea dentro de los límites tolerables establecidos. Según estos límites, la primera no debe aprender todo esto, y se debe modificar lo que sea tolerable en ella, aunque para ello tengan que modificar hasta su genética.

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