La vergüenza de Cifuentes


Un niño muerto, ahogado, hace que Europa se rasgue las vestiduras y que incluso la Presidenta de la Comunidad de Madrid escriba “vergüenza” sobre la foto del pequeño cuerpo sin vida. Ese tuit me ha preocupado durante días. Simplemente porque no lo entendía. Sí yo escribía que este tuit era pura demagogia…se me echarían encima diciendo que estaba utilizando una tragedia terrible para atacar al PP pero lo cierto es que la palabra elegida por Cristina Cifuentes no es fácil de explicar. Si hubiera escrito “horror”, “consternación”, “dolor”, lo hubiera entendido perfectamente. Estoy convencida de que la Presidenta del Partido Popular siente el mismo horror ante esa foto que cualquier persona con una mínima capacidad de empatía. Pero…¿vergüenza? Según la RAE, vergüenza es “Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena”. Se siente vergüenza por algo, por esa falta, por esa acción deshonrosa. ¿De qué siente vergüenza exactamente la Presidenta de la Comunidad de Madrid?

Me gustaría pensar que, por un momento y llevada por el más elemental sentimiento de dolor, ese que cualquier persona puede sentir hacia una foto como esta, Cifuentes haya llegado a sentir vergüenza de las políticas de su propio partido, de las declaraciones de líderes de su partido y de algunas actuaciones de determinados políticos de su partido o, incuso, quizá, de otros políticos europeos de derechas. Porque la tragedia de este niño es la de cientos de miles de personas, muchos de ellos niños y niñas, que llevan meses tratando de entrar en Europa huyendo de la guerra. Y este es un niño ahogado que nos conmueve a todos, a cualquier persona con capacidad de sentir, pero llevamos años recogiendo niños y niñas en el Mediterráneo, vivos y también muertos, que huyen de las guerras con armas y bombas, pero que huyen también de la guerra cotidiana e igualmente destructora de vidas que es la miseria.

Sería perfectamente comprensible que Cristina Cifuentes se avergonzara de su propio partido porque éste, desde que llegó al poder ha terminado prácticamente con las ayudas que se destinaban a la cooperación. Entendería perfectamente entonces que Cifuentes se avergonzara, por eso mismo, de las palabras de Soraya Sáenz de Santamaría que ante la pregunta de si España iba o no iba a aceptar refugiados respondió, sin inmutarse, que España prefiere atender las necesidades de estos en el origen. Estas palabras sí que son motivo para sentir una tremenda vergüenza. También dan mucha vergüenza las muestras de escándalo de unos gobiernos que llevan años jugando un papel más que dudoso en las diferentes guerras que asolan ahora a esa región del mundo de la que la gente huye en masa. El uso instrumental, dependiendo de los diferentes intereses geopolíticos, que han hecho de esas guerras los gobiernos que ahora se escandaliza es vergonzoso, sí; así como el hecho de que todas las guerras son un inmenso negocio para las empresas armamentísticas, cuyos intereses son intocables para todos los gobiernos europeos; sí, los mismos que ahora se lamentan de que la gente huya de esas armas que ellos han vendido a dictadores y tiranos, asesinos de sus propios pueblos. Da vergüenza sí.

Y es comprensible que Cifuentes se avergüence también de que ante esta humanidad doliente, ante esta humanidad que huye de la guerra, de la miseria, que busca no ya una vida mejor sino muy a menudo simplemente salvar la vida, los políticos europeos levanten muros de alambre y el Partido Popular, concretamente, se haya especializado en levantar alambradas con concertinas, (doblemente vergüenza, es de suponer) Supongo que Cifuentes se avergüenza de todos los que levantan muros, de los que utilizan políticamente las guerras, de los que las apoyan, de los que permiten la venta indiscriminada de armas, de quienes practican una política exterior exenta de cualquier consideración ética o de derechos humanos (casi todos los gobiernos del mundo), de quienes agitan la xenofobia y el odio (ahí Cifuentes supongo que se avergüenza de García Albiol) Sí, es verdad que estos cientos de miles de personas que huyen deberían avergonzar a todos los gobiernos que restringen cada vez más sus políticas de asilo y refugio; que se repliegan dentro de una Europa fortaleza indiferente al sufrimiento que causan sus políticas, que apoyan o mantienen guerras cuyo fin último –y siempre hay un fin último- es el control de los recursos naturales cada vez más escasos. Supongo que la vergüenza de Cifuentes también se produce al escuchar las palabras del ministro García Margallo asegurando que no podemos acoger más refugiados, convirtiendo a España así en uno de los países más insolidarios de toda la Unión Europea, una insolidaridad que no es la de la gente corriente, que se está movilizando para exigir al gobierno que cambie de política y que España sea un país refugio.

Sí, es perfectamente comprensible que Cifuentes sienta vergüenza de las políticas que defiende su propio partido y otros partidos europeos afines al suyo. Los millones de personas, en cambio, que se manifiestan contras las guerras, contra el imperialismo económico, contra el comercio de armas, contra la injusticia económica, contra los dictadores y tiranos, contra las leyes de asilo, contra los muros de cualquier tipo, contra la xenofobia; todas las personas solidarias que en Europa se están movilizando para recibir refugiados, los que se manifiestan contra las leyes represivas; los islandeses que exigen a su gobierno que acoja a más refugiados y no menos, los alemanes que los reciben con cariño y solidaridad… los gobiernos municipales que se han declarado ciudades refugio y que destinan dinero a acoger a todos los refugiados posibles…en fin, todas las personas (y me incluyo) que estamos radicalmente en contra de todas estas políticas brutales e inhumanas, que no generan sino destrucción y muerte…nosotros y nosotras, no deberíamos sentir vergüenza porque no hay motivo, sino rabia. Rabia por la Europa que están construyendo de espaldas de la ciudadanía, rabia por unas políticas inhumanas que sólo generan dolor y muerte fuera de nuestras fronteras, pero también dentro.

Y además de rabia, y en lugar de vergüenza, podemos sentirnos también legítimamente orgullosos y orgullosas de no ser cómo ellos. Hay quien, estos días, dice que se avergüenza de pertenecer a la raza humana que permite esto. No veo por qué. Hay mucho de la raza humana puesta del lado de los que quieren derribar los muros y no del lado de quienes los levantan. Así que si Cifuentes sintió por un momento vergüenza de las políticas que su partido defiende, de las palabras de los políticos del PP respecto a esta crisis humanitaria, de la política exterior que su partido viene haciendo, de las concertinas, de las restricciones al derecho de asilo, de las devoluciones en caliente, de la venta de armas a dictadores, de las amistades diplomáticas con tiranos y asesinos…entonces me solidarizo con ella. Si escribió “vergüenza”, sólo porque la imagen de ese pequeño niño ahogado es difícil de soportar para cualquiera, también me solidarizo con ella y la comprendo; porque sí, es difícil de soportar para cualquiera, pero un minuto después del horror está la política. Y es ahí donde nos retratamos.

Publicado en: EconoNuestra

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