Matrimonio igualitario. Conferencia EPOA


Me toca explicar sucintamente el avance legislativo más importante conseguido en España respecto a los derechos de las personas homosexuales: la mal llamada ley de matrimonio homosexual. Ese el su nombre popular pero en realidad es un mal nombre, no existe una ley de matrimonio para homosexuales, y mucho menos una ley de parejas, cómo he visto también escrito en algún otro sitio. El nombre auténtico de la ley es el de “Ley de modificación del Código Civil en materia de matrimonio”  y lo que hace es, simplemente, modificar el C.C en el sentido de que el matrimonio ya existente se abre a las parejas del mismo sexo de manera que, en España, no hay ninguna distinción legal, absolutamente ninguna, entre los ciudadanos y ciudadanas gays y lesbianas y heterosexuales. Las mismas leyes, las mismas instituciones, el mismo tratamiento por parte del estado.

En ese sentido es una de las leyes más avanzadas del mundo al ser la misma ley significa la igualdad completa, no excluye nada; no hace ninguna diferencia, ni siquiera excluye la adopción internacional de niños como en su momento hizo Holanda. Esto quiere decir que aunque es más que probable que haya países que a partir de nuestra modificación del Código Civil puedan querer romper los conciertos que tienen con España en materia de adopción, como China por ejemplo, o Rumania, a pesar de esto el gobierno español ha decidido correr el riesgo. El gobierno español ha decidido que la igualdad entre todos los ciudadanos españoles es más importante que garantizar (sólo para las parejas heterosexuales) la posibilidad de la adopción internacional. Buscaremos nuevos países donde poder adoptar como Brasil o Sudáfrica.

En este momento nos preocupa extraordinariamente que otros países europeos se sumen a la reivindicación del matrimonio porque si no conseguimos que la igualdad se extienda por Europa, cualquier avance puede convertirse en letra muerta. Y nos preocupa porque en Europa, en algunos países al menos, esto es posible y, sin embargo, no se está moviendo nada o casi nada.

Es más, el problema fundamental es uno de los problemas con que nos encontramos aquí desde el principio, que parte del movimiento confunde derechos con igualdad y derechos con legitimidad. Se pueden tener derechos, incluso todos, y seguir siendo profundamente desigual y se puede seguir ocupando un lugar más bajo o inferior al de la heterosexualidad en cuanto a la legitimidad. La legitimidad social, legal, moral o cultural. Todos sabemos que el cambio legislativo, con ser importante, no es lo único que hará desaparecer la discriminación contra la población lgtb. Es necesario un profundo cambio cultural. Un cambio cultural que arrase con una cultura homófona y transfóbica que ha durado milenios. Ese cambio cultural sólo comenzará a producirse cuando el estado otorgue la misma legitimidad a la homosexualidad y a la heterosexualidad. Y eso no se logra con leyes de parejas, eso se logra cuando la orientación sexual de las personas deja de ser un dato a considerar a la hora de casarse, de fundar familias.

Eso es lo que se ha conseguido en España, que en su C.C han desaparecido las palabras “hombre y mujer” y han  sido sustituidas por cónyuge. Ninguna ley especial, ninguna ley de segunda, las mismas leyes con los mismos nombres. En este momento mucha gente vuelve sus ojos a España y preguntan cómo lo hemos conseguido. Como es posible que en la católica y meridional España se haya conseguido algo por lo que muchos países europeos llevan muchos más años que nosotros luchando. Hay dos razones, una que creo que los activistas hemos hecho un buen trabajo, y la segunda no depende de nosotros.

Respecto a la que no depende exclusivamente de nosotros, decir que la idea que se tiene de España en Europa nos resulta muy extraña. Es una idea falsa, la imagen congelada de un país que hace 25 años salía de una dictadura. Habría que recordar que en el año 1931 España era el país más avanzado socialmente de Europa con una constitución que garantizaba derechos que sólo ahora tienen  algunos países europeos. Después se perdió una guerra que en Europa se ganó y sufrimos 40 años de dictadura., Pero en cuanto acabó la dictadura España quiso ponerse al nivel de Europa y ha corrido mucho. Es una gran desconocida. España es quizá el país más secularizado de Europa, en el que la religión tiene poca importancia en la vida cotidiana de la gente. Según las últimas encuestas sólo un 14% de los jóvenes van alguna vez a la iglesia.  Por tanto, por una parte, la imagen de España fuera de  España está distorsionada.

Y en cuanto al matrimonio homosexual, la última encuesta recoge que es una ley que cuenta con un apoyo de un 68% de la población. Es decir, esa es la verdadera revolución, no sólo la ley, sino haber conseguido que la mayoría de los españoles la apoyen.  Esas encuestas desde luego tienen que ver con el trabajo que hemos realizado desde la FELGT. Ha sido una estrategia pensada y planificada desde hace años que ha tenido los siguientes ejes:

Unidad política: Construimos, con dificultades, un único interlocutor político. La FELGT. Para conseguir esto, todos hicimos renuncias porque por supuesto había y hay grupos de todo tipo y con ideologías muy diversas, diversas maneras de trabajar etc. pero hemos conseguido primar lo que nos une sobre lo que nos separa. Somos grupos de todas las ciudades y pueblos, somos grupos dedicados al sida, a las lesbianas, grupos de empresarios, o incluso grupos deportivos lgtb. Nos diferencian muchas cosas, pero hemos puesto por encima lo que nos une y lo principal y lo primero era la igualdad legal que es un objetivo que todos deseamos. Esto fue muy importante porque permitió a los políticos encontrar a un interlocutor que habla con una sola voz. Si hay diferentes voces los políticos van a escuchar siempre a aquellos que son más moderados y van a desechar a los que consideren más radicales. Si hay un grupo que está a favor de la ley de parejas, los partidos lo escogerán como interlocutor. Ningún partido político apuesta por propuestas radicales si las tiene moderadas. Por tanto nosotros apostamos por un solo discurso.

Unidad en el discurso: Una sola cosa, Igualdad. La igualdad legal era la ley de matrimonio. Teníamos una máxima política. Pedir siempre lo máximo. Si pides lo máximo puede que consigas lo mínimo o lo medio. Pero en el camino la sociedad se acostumbrará a escuchar lo máximo. Si pides lo mínimo no conseguirás nada. Para la FELGT, cualquier ley que fuera diferente a la que tienen el resto de los ciudadanos es discriminatoria, sea aquella buena o mala. Nosotros no entramos por tanto en el debate si el matrimonio es una institución patriarcal o burguesa, que es un debate desde nuestro punto de vista errado. Nosotros hemos puesto la igualdad legal como objetivo prioritario y nos hemos negado a leyes de segunda clase..¿Cómo va la sociedad a pensar que el objetivo es ser iguales si estamos aceptando leyes diferentes?

Al pedir todo, en seguida, los sectores más conservadores estaban ya dispuestos a concedernos mucho. Una ley de parejas, por ejemplo, que incluyera todos los derechos, excepto el nombre de matrimonio. Pero nosotros siempre dijimos, y esto es algo que nos diferencia de otros países, que esta lucha para nosotros no era una cuestión de derechos en sentido estricto. Es decir, los derechos son importantes, cambian radicalmente la vida de la gente, pero nuestra lucha era mucho más importante que conseguir unos derechos sucesorios o de herencia, pensiones etc. consideramos que, en un momento dado, esa lucha estaba idealmente ganada, no materialmente desde luego pero cada vez más en los estados europeos la opinión pública se inclina por considerar que es inaceptable que un grupo de ciudadanos/as esté privado de derechos que gozan otros. Actuamos como si eso estuviese ganado, se iba a conseguir en todo caso y tuviéramos que ir más allá. Y ese fue una especie de eslogan, los derechos nos corresponden por ciudadanía, esta es una lucha por la Igualdad y, sobre todo, por la dignidad.  Una ley que nos señale como diferentes no nos vale, preferimos nada.

Por ello nosotros dejamos de hablar de derechos para gays y lesbianas para hacer un discurso universalista de Igualdad y derechos humanos y derecho de ciudadanía. Nosotros no hablábamos tanto de matrimonio como de derecho de ciudadanía plena y construimos un discurso alrededor de este derecho. Al mismo tiempo era un discurso sobre la dignidad.  Es, simplemente, la base sobre la que se asientan los estados democráticos.  Es un discurso que se dirige mucho más a la base de la democracia que el de los derechos para gays y lesbianas.

Finalmente el debate era el nombre. Decían que era sólo una cuestión simbólica pero si con simbólica querían decir “poco importante”, ¿por qué salieron a la calle en una de las mayores manifestaciones de la derecha que se recuerdan?  Si era tan poco importante ¿por qué se pusieron ellos tan nerviosos? Era una cuestión simbólica es cierto, pero a veces, lo simbólico es lo más importante. Se puede ganar la batalla de los derechos, del contenido, y perder la de la Igualdad. A veces se pueden conseguir los mismos derechos y seguir siendo desigual.

Lo que nos jugábamos era nada más y nada menos que la legitimidad. Lo que nos estábamos jugando, lo que ellos dejaron bien claro, es que no les importaba tanto los derechos que tuviéramos o no como la propiedad del término “familia”, “matrimonio”, qué significa, quien y como se va a usar, de quien es, en definitiva.  Algo que no fuera matrimonio (aun con los mismos derechos) hubiera sido incluso más pernicioso que nada porque hubiera venido a apuntalar el mito de que el matrimonio es superior, en definitiva de que la heterosexualidad es superior a la homosexualidad y que, por tanto, la sociedad la prefiere. España ha aprobado una ley que legitima la homosexualidad como igual que la heterosexualidad, igual de util a la sociedad, merecedora de la misma protección.

Trabajábamos a largo plazo, no queríamos pasos intermedios y, paradójicamente, gracias a eso hemos ido muy rápidos. Pensamos que los pasos intermedios retrasaban el paso final. Esto no sirve evidentemente para todos los grupos, todos los países. Pero nosotros sólo hemos hablado de matrimonio, nos hemos negado a hablar siquiera de ley de parejas. Debemos ser una de las pocas asociaciones del mundo que no aceptamos una ley de parejas cuando nos la ofreció el gobierno de Aznar. Nos llamó a la FELGT y nos la ofreció, y dijimos que no. Ya teníamos a la izquierda hablando de matrimonio y pensamos que aunque fuera buena a corto plazo, a largo plazo dificultaría la llegada del matrimonio, desmovilizaría a los nuestros y haría que los políticos pensaran que ya habían hecho bastante.

Como método de trabajo, cambiamos también el  discurso tradicional de desconfianza hacia los partidos políticos que suelen tener los movimientos sociales. Desconfianza las más de las veces justificada porque los partidos políticos tienen la tendencia imparable a fagocitar a las asociaciones, a atraerlos a su órbita de influencia y, desde ahí, a manipularlos. Nosotros optamos por hacer lo contrario. Meter a nuestra gente dentro de los partidos. Tenemos claro que para cambiar las leyes hacen falta los partidos políticos y nuestra estrategia fue hacer lobby desde dentro de los partidos. Los partidos son los que cambian las leyes. Tenemos  gente en todos los partidos. Gente que es nuestra, de la FELGT. Naturalmente que ha sido difícil conseguir una organización en la que conviviéramos gente de derechas y de izquierdas con visiones sociales muy distintas, pero fue posible al centrarnos en un objetivo legal que todos compartíamos que es el del matrimonio. Así, hemos conseguido convivir y trabajar desde dentro de los partidos de manera que han sido militantes nuestros los que, trabajando en el interior de los partidos, han ido cambiando las propuestas de éstos. No hemos aceptado en cambio que gente de los partidos viniera a nuestras organizaciones con propuestas partidistas.

Para ello tuvimos también que dejar en suspenso las diferencias ideológicas internas, y no refiero sólo a las políticas, sino a las propias de nuestro modelo. ¿Fomentar las diferencias o atenuarnos? Ser esencialistas o construccionistas, identitarios, igualitaristas, comunitaristas?… ¿Somos como una etnia o como quien tiene los ojos azules?…Ese fue un éxito en todo caso del modelo político e ideológico también de la FELGT: Aparcar esos debates para más adelante.  … Nosotros estamos en el debate de la Igualdad, mucho más comprensible para todos. A la gente, a los políticos no les importa nada si somos comunitaristas, esencialistas, biologicistas, indentitarios… En la FELGT, se diga lo que se diga, podemos estar todos estos porque ese no es nuestro debate. La doble militancia es posible. Por tanto,  Fijarnos objetivos políticos claros, no tanto ideológicos, en los que todos pudiéramos coincidir.  Ha supuesto importantes renuncias, pero con generosidad las hemos resuelto. En otros países en los que no se ha dado ese paso, aun siguen enredados en debates ideológicos ciertamente estériles. Hemos sido pragmáticos, pero al mismo tiempo hemos soñado con volar muy alto, y hemos volado.

Hemos hecho de la manifestación del orgullo una herramienta de nuestra acción política. Así que hemos dejado de discutir si la manifestación del orgullo debía dejar de haber empresarios o no, carrozas o no, disfraces o no, en Barcelona siguen con esta discusión y no han pasado de 10.000 manifestantes. Nosotros, la FELGT, se deshizo de prejuicios, limó posiciones en las que todos cedimos un poco y conseguimos sacar a medio millón de personas. Centrando también la manifestación en los derechos ciudadanos y en los derechos humanos, conseguimos que a la cabeza de la misma se pusieran los principales líderes políticos, sindicales y sociales de este país, lo que visibilizó los derechos de gays y lesbianas como derechos de todos.  Hay países en los que se prohíbe a los políticos asistir a las manifestaciones. En la nuestra es al contrario; conseguimos que todo el que es o aspira a ser alguien en política quisiera estar en nuestra cabecera. Eso les compromete para el futuro y de ese compromiso podemos aprovecharnos.

Este modelo de igualdad completa es que el ahora luchamos por extender. Es necesario que este modelo se extienda y no se considere una rareza. Por ello intentamos que aquellos países que hace mucho que tienen leyes de parejas plenamente aceptadas den el paso que va hasta el matrimonio. Este modelo es el de Canadá, pronto Sudáfrica, España, Holanda y Bélgica. Hemos tenido contactos con las autoridades suecas que han mostrado interés y con algunos parlamentarios europeos. Intentamos también que tenga influencia en Latinoamérica y vamos a establecer bases de colaboración allí. Es importante que sigamos pensando que no hay términos medios, que se es igual o no y, sobre todo, que igualdad no quiere decir uniformidad y que lo contrario de igualdad no es diferencia, sino desigualdad y es completamente distinto. Seamos iguales aunque seamos diferentes.

Conferencia EPOA. Madrid, 6 de octubre 2006

 

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