Beatriz Gimeno presentó su novela Deseo, Placer


Al leer, “Deseo, placer”, dijo Dolors Alberola, no sólo penetramos en la historia de un grupo de personajes sino en la historia del hombre, en sus más recónditos deseos, en sus más desbaratadas apariencias, en sus más inconfesables pensamientos. Entramos en cada uno de los personajes a partir de un narrador omnisciente que parece reconocer todas las identidades y sobre todo la de aquella mujer dispuesta a dar rienda suelta a su libertad de acción.
Una historia tejida con tal maestría que, sin hacer uso de grandes elocuencias, penetra en el siquismo con la facilidad del más delicado bisturí y nos muestra a los personajes abiertos en canal, pero sin derramar una sola gota de su sangre. Al comenzar la historia no espera uno que la trama sea tan profunda, que la filosofía se deje retratar con tanta agudeza, que la crítica social que conlleva sea tan naturalmente expuesta y a la vez tan mordaz.
El mundo, en la pluma de Beatriz, queda totalmente al desnudo; parece que su tinta nazca de un tintero omnipotente y omnipresente, que no deja oculto títere con cabeza. Leemos y nos sentimos apenas sin argumento, sentados frente a esa ventana del último piso de las oficinas desde donde la Directora general parece poseer el mundo y, sin embargo, estamos haciendo nuestra toda esa realidad, toda esa trama, todo el artilugio de verdad y mentira que entrelaza el humano en pro de la más fría apariencia. Y todo esto así sucede en la primera parte, Deseo; ella sabe perfectamente cuál es la sustancia de ese deseo, como sabe de la irrealidad que envuelve tantas veces a todas aquellas circunstancias que aparentan ser tan reales, tan ciertas, tan sucedidas. En la segunda parte, se abre más el juego y, junto a esta inmensa dosis de siquismo, una puerta mayúscula deja paso a momentos mucho más carnales, más descarnados, más silenciosos dentro del terrible clamor de la carne. Una realidad totalmente abierta, desnuda, perfectamente silabeada en el más amplio silencio. Lo vemos, todo lo vemos en una novela en la que apenas existen cinco o seis frases de diálogo; todo lo sabemos de unos personajes que no hablan, no creen en la palabra, no dicen sino con sus mismos delirios, con sus propios cuerpos, con su humanísima presencia.
Ayer, en la Fundación Caballero Bonald, tuvo lugar la presentación de la novela Deseo, placer, cuya autora, Beatriz Gimeno, presentada por Susana Domínguez, presidenta de JereLesGay y la poeta Dolors Alberola, y arropada por el numeroso público, comentó la intrahistoria de su libro y dio lectura a algunos pasajes del mismo, que luego glosó ampliamente, originando un breve pero interesante coloquio.

Una respuesta

  1. Parece interesante. A veces comuinicarse las personas parece tan complicado… todo lo que sea sobre la comunicación humana que igual las propìas palabras parecen un obstáculo, el propio significado de cada una en que cada uno parece entender algo con matices diferentes, lleno cada cual de ésa humanidad de la que se habla aquí y tan necesitado de otros, o tan necesitado de cariño y la expresión de la vida tan poliédrica y llena de matices

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