El fin de la violencia machista pasa por la educación


Con setenta y seis mujeres muertas en el año que acaba parece fácil criticar la Ley contra la Violencia de Género. El enorme esfuerzo en recursos que se ha hecho con la ley parece no haber servido de gran cosa. Seguramente hace falta dirigir más recursos en otra dirección, especialmente en la educación formal, pero también hay que prestar atención –y no se está haciendo- a la manera en que socializamos a los niños. Las leyes son herramientas, pero no acaban con los delitos ni cambian, por si solas, la mentalidad de las personas, especialmente de los prejuicios anclados en lo más profundo de nuestro ser y que no son combatidos adecuadamente. Según las encuestas más recientes los jóvenes son igual de machistas, o más, que sus padres. Es hora de preguntarse en qué consiste la verdadera igualdad entre hombres y mujeres; es hora de preguntarse por que los chicos jóvenes no acaban de creer, o de entender, que las chicas son sus iguales. La razón es que una cosa son las buenas intenciones de las instituciones y otra muy distinta los mensajes sociales que recibimos de múltiples maneras y a los que somos muy sensibles; especialmente los de los medios de comunicación: la televisión, los videojuegos, la publicidad…

En los potentes mensajes que reciben los jóvenes por esos medios las mujeres siguen siendo lo que siempre han sido, objetos sexuales cuya máxima preocupación es resultar atractivas para los hombres, o bien madres a tiempo completo o amas de casa; en definitiva, cuidadoras de todas las necesidades masculinas. Ahí no hay igualdad que valga. Cualquier chico joven, o niño incluso, tiene hoy su fuente de información/formación sexual en la pornografía. Y ahí cualquiera convendrá conmigo en que no somos iguales. Aprenderán que las mujeres son esos seres intercambiables dispuestos a ofrecerles todo lo que deseen sin pedir nada; o bien aprenderán que la manera en la que las mujeres se comportan en la pornografía es la normal.

También cualquiera que abra un periódico en sus páginas de anuncios puede leer lo que leí yo ayer: “Se ofrece gatita caliente para saciar todos tus deseos”. Los anuncios de contactos muestran que no somos iguales. No soy partidaria de prohibir la pornografía, creo que prohibir no es la solucion, pero sí creo que hay que luchar por delegitimar esos mensajes de desigualdad; que esa es una manera de enviar mensajes de otro signo, de educar en definitiva. Por ejemplo, desde el Ministerio de Igualdad se debería proponer a los demás ministerios y organismos que no se anuncien en aquellos medios que publiquen anuncios pornográficos porque eso son mensajes poderosos que socializan, que educan, y que para contrarrestar esos mensajes hay que emitir otros igualmente poderosos. Y eso no se está haciendo. El futuro está en la educación; educación en la igualdad, deslegitimación social de la desigualdad.
Publicado en: www.elplural.com

Autor: Beatriz Gimeno

Nací en Madrid y dedico lo más importante de mi tiempo al activismo feminista y social. Hoy, sin embargo, soy un cargo público. Estoy en Podemos desde el principio y he ocupado diversos cargos en el partido. He sido Consejera Ciudadana Autonómica y Estatal. Del 2015 al 2020 fui diputada en la Asamblea de Madrid y ahora soy Directora del Instituto de la Mujer. Sigo prefiriendo Facebook a cualquier otra red. Será la edad. Tuve la inmensa suerte de ser la presidenta de la FELGTB en el periodo en que se aprobó el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género. He dado lo mejor de mí al activismo, pero el activismo me lo ha devuelto con creces. Estudié algo muy práctico, filología bíblica, así que me mido bien con la Iglesia Católica en su propio terreno, cosa que me ocurre muy a menudo porque soy atea y milito en la causa del laicismo. El tiempo que no milito en nada lo dedico a escribir. He publicado libros de relatos, novelas, ensayos y poemarios. Colaboro habitualmente con diarios como www.eldiario.es o www.publico.es entre otros. Además colaboro en la revista feminista www.pikaramagazine.com, así como en otros medios. Doy algunas clases de género, conferencias por aquí y por allá, cursos…El útimo que he publicado ha resultado polémico pero, sin embargo es el que más satisfacciones me ha dado. Este es “Lactancia materna: Política e Identidad” en la editorial Cátedra.

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