Mujeres y deporte


Me gusta mucho el deporte pero mantengo con él una relación de amor-odio. Y es que la relación entre deporte y mujer ha sido siempre complicada. El deporte como entretenimiento y dedicación más o menos masivo, o al menos democrático, comenzó a comienzos del siglo XX, justo cuando comenzaba también la liberación de la mujer. Las mujeres vivieron el deporte como una actividad liberadora. Liberación, para empezar, en la vestimenta, hasta ese momento terriblemente opresiva; liberación también de movimientos, ya que las mujeres tenían prescritos unos y proscritos otros, precisamente los que tienen que ver con el deporte: correr, saltar, moverse en definitiva, con libertad. Eso hizo que los “expertos” de la época, los sexólogos y psicólogos, vieran el deporte como un peligro: las mujeres se masculinizaban cuando lo practicaban.

Hubo insignes profesores que “demostraron” que el deporte provocaba esterilidad y lesbianismo y que advertían a padres y educadores contra semejante práctica. También para poder hacer deporte las mujeres tuvieron que luchar. A pesar de los cambios habidos, el deporte femenino siempre es visto con cierta suspicacia. Recordemos las palabras de la madre de Arantxa Sanchez Vicario afirmando que ella siempre acompañaba a su hija porque el vestuario de las tenistas era un lugar peligroso para una chica joven.  Debido a eso y a que nada de lo que hacen las mujeres tiene la misma importancia o visibilidad que lo que hacen los hombres, ver deporte femenino es casi una entelequia. Por eso las olimpiadas suponen un oasis en el desierto del deporte femenino. Si no fuera por las olimpiadas sería casi imposible enterarse de que hay mujeres que practican deportes.

¿Alguien conoce el nombre de una jugadora de baloncesto? ¿Alguien ha visto alguna vez un partido de fútbol femenino, o de hockey? Pues hay una liga de ambas cosas, y hay chicas que se esfuerzan y que trabajan en medio del más absoluto silencio informativo y, por supuesto, sin ningún tipo de recompensa. Para que alguna mujer merezca la atención de los medios tiene que ser una superclase en un deporte individual. Los deportes de equipo es como si no existieran. No hay cobertura, ni comentarios, ni información de ningún tipo en ningún medio de comunicación. Los periódicos deportivos deberían llamarse “Periódico deportivo masculino”. No hay patrocinios y se supone que el deporte de mujeres no es rentable, lo cual es un prejuicio ideológico que se alimenta a sí mismo.

Las deportistas no tienen tampoco la misma ayuda institucional, no gozan tampoco de apoyo familiar ni social, sino que, al contrario, a no ser que estén en disposición de ganar mucho dinero, se entiende poco que dediquen tiempo al deporte. La realidad es que las mujeres deportistas llegan a las competiciones habiéndose esforzado el doble, habiendo arriesgado más; esperando muchas menos recompensas. Claro, el deporte no es una excepción y aquí también tenemos un techo por romper.

Publicado en El Plural

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