Mujeres, hombres…


 

Cuando José era un niño lo que más le gustaba era el fútbol y todos los recreos de su infancia los recuerda jugando con un balón en el patio de la escuela. Pensaba que las niñas eran tontas, no había más que verlas con sus estúpidos juegos de niñas. Él iba con los niños para jugar al fútbol, iba con los niños a jugar al descampado, iba con los niños a fumar a escondidas. En los vestuarios miraba el pene de los demás niños y en cuanto podían, jugaban todos a ver quien lanzaba más lejos el pis. El peor insulto era cualquier palabra que le relacionara con algo femenino. Después, de adolescente sí que hablaba de chicas con su pandilla, de cuál de ellas estaba más buena…Seguía yendo con sus amigos al estadio, a beber en grupo, a andar por ahí. También participó en algunas sesiones de masturbación en grupo y en su pandilla a veces se reunían para ver revistas porno.  En esos años conoce al que es su mejor amigo pero su intimidad se reduce a darse fuertes palmadas en la espalda. Después de la universidad, ya trabajando, seguía saliendo con sus amigos, pero ahora también salía con sus jefes y compañeros a tomar cañas, no es bueno que en el trabajo le califiquen a uno de huraño. Los domigos seguía yendo al fútbol con sus amigos de toda la vida. Aunque él nunca fue de putas, alguno de sus amigos sí que lo hacía y en alguna ocasión le insistieron tanto que a punto estuvo de hacerlo, sobre todo en una fiesta en que se emborrachó mucho. No lo hizo porque entonces tenía novia y no le parecía bien.

José se enamoró de una mujer que pensó reunía todas las cualidades para hacerle feliz a él y a sus futuros hijos. Una vez casado su vida cambió poco. Su mujer, Laura, también trabajaba, sólo que ella volvía antes a casa. El se quedaba en la oficina con los compañeros. Después de la jornada de trabajo, iba con ellos a tomar algo. Los domingos continúa yendo al fútbol.

Luara fue una niña normal y feliz, llena de amigas. Conserva las mismas desde el colegio y con ellas comparte todo desde entonces. Ya de pequeñas les encantaba reunirse a jugar en casa de una de ellas y allí hablaban sin parar de sus muñecas. Los fines de semana los pasaba muchas veces en casa de su mejor amiga con la que compartía la cama porque no había otra en la habitación. Por la mañana, para ahorrar tiempo, se duchaban juntas. De pequeñas pensaban que los chicos eran estúpidos, siempre jugando al fútbol y ocupando todo el patio. A ellas sólo les quedaba un pequeño espacio y por eso sus juegos eran más bien de hablar que de correr. Pero pronto abandonaron los juegos y comenzaron a hablar de chicos. Laura y sus amigas formaban un grupo de amigas indestructible que se reunía muchas tardes. Se sentaban todas juntas y hablaban sin parar y se reían hasta morir. Era buena estudiante y aprobó sin esfuerzo los estudios primarios y la universidad. Después buscó trabajo y para entonces ya tenía novio. Lo que más le gustaba en esos años era salir con sus amigas al cine, a merendar, de viaje en verano o simplemente a charlar. Después sus amigas comenzaron a casarse, pero no por ello dejaron de verse. Ahora se reunían para hablar de sus maridos, de los que ser ríen sin parar, siempre hay motivos. Cuando está en casa y alguna amiga la llama puede estar horas hablando con ella, se cuentan todo, Pero tiene que tener cuidado porque su marido siempre se enfada y la critica por lo mucho que habla.

Dos años después de casarse, José y Laura se separaron.

José y Laura son amigos míos. O más bien, yo soy amiga de Laura desde el colegio. Sé cómo ha crecido ella, cómo se ha educado y conozco a José desde que se hizo novio de Laura. Laura creció con niñas, se divirtió con chicas, quiso a sus amigas, salía con ellas, miraba de lejos a los chicos y siempre opinó que son un poco simples, aunque eso sí, algunos son muy guapos. José no habló en serio con ninguna chica hasta los quince años, aunque eso sí, algunas están muy buenas. No se divierte con ellas, en realidad no hay nada de las mujeres que le guste, se siente cohibido en su presencia, necesita emborracharse para ser un poco natural y por nada del mundo le confesaría una debilidad a una mujer; está convencido de que la utilizaría en contra suya. De hecho cree que Laura lo ha hecho. Ambos se aburren mortalmente en compañía del otro.

Esta sociedad educa a hombres a los que no les gustan las mujeres en absoluto excepto, al parecer, para acostarse con ellas; no las comprenden, no se sienten cómodos ni les divierte estar en compañía de mujeres. Esta sociedad educa mujeres que admiran y desprecian a los hombres a partes iguales, pero que nunca se sitúan en el mismo plano de que ellos.

Después de  socializarles y educarles  así, sorprendentemente, al llegar a cierta edad esta sociedad pretende que se casen los unos con las otras…  y pretende además que sean felices. Mirado bien de cerca, nada es más antinatural que la familia nuclear heterosexual.

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