El debate fantasma


El miércoles día 9 de abril, los dos principales candidatos a presidir la Comisión Europea, Junkers y Schulz se enfrentaron, al parecer, en un debate en Bruselas. Digo “al parecer” porque al día siguiente la prensa no recogía nada de ese debate. Me costó encontrar alguna reseña y los principales diarios ni lo mencionaban. Después de decir que las elecciones europeas son muy importantes, se celebra un debate con los dos principales candidatos a presidir la Comisión (es decir, el gobierno europeo) y éste no merece ni una pequeña nota.

No vi el debate, pero conseguí leer un par de crónicas sobre el mismo; con esfuerzo, ya digo, sólo porque me ocupé mucho en buscarlas. Las dos reseñas que encontré, sólo dos,  ponían como lo más destacable del debate que los dos candidatos estaban de acuerdo en casi todo.  Era tan difícil encontrar verdaderos desacuerdos como el debate en sí. Y llegados a este punto podemos preguntarnos si el debate ha sido ignorado porque de puro aburrido no tiene interés o porque se trata, precisamente, de ocultar que los dos candidatos principales (de derechas Junkers y supuestamente de izquierdas Schulz) son tan parecidos que es lo mismo que gobierne uno u otro. La falsa polaridad izquierda-derecha que alimentan los principales partidos se vuelve muy importante cuando se acercan las elecciones, y sirve, entre otras cosas, para que la gente vote y siga creyendo en el sistema.

Quienes somos de izquierdas y queremos políticas de izquierdas en la Unión Europea hace tiempo que venimos diciendo que éstas son imposibles en el actual marco político, simplemente porque lo cierto es que el neoliberalismo se ha constitucionalizado, tanto en muchas constituciones nacionales (caso de la constitución española) como en el Tratado de Lisboa. El marco europeo ha fijado la política económica neoliberal como obligatoria. Para poder hacer eso ha sacado la decisión sobre estas políticas del ámbito democrático y lo ha situado en instituciones no democráticas, falsamente técnicas.

Puestas así las cosas, tenemos dos problemas (aunque pueden reducirse a uno). El primero es que si no se produce una ruptura política que nos lleve a un periodo constituyente no es posible hacer políticas de izquierdas. En esta situación los partidos que se siguen llamando de izquierdas, pero no cuestionan en absoluto el marco institucional, no pueden sino ir perdiendo votos progresivamente, puesto que aunque quisieran no podrían hacer una política económica de izquierdas y están condenados a desilusionar a sus votantes. Si bien con cada campaña electoral parece renovarse la fe en la ideología fundacional y las promesas se renuevan con fervor, como si nunca se hubieran incumplido, como si no hubiera pasado nada,  este incumplimiento sostenido en el tiempo tiene un límite. Aun así, los partidos institucionales que se llaman de izquierdas pretenden renovar su compromiso con los votantes en cada elección. Lo intentan, asumen culpas del pasado y prometen enmendarse.

Lo que no prometen y ni siquiera mencionan es ese otro asunto sobre el que la ciudadanía expresa claramente su preocupación. Y es que en un contexto en el que es imposible cambiar radicalmente la política económica, aunque ese cambio sea mayoritariamente deseado por la ciudadanía, no es posible seguir hablando de democracia. No vivimos en una verdadera democracia, sino en una democracia tutelada por los poderes económicos.  Por eso todos los movimientos de indignados, desde el 15M hasta ahora, han tenido en la reivindicación de    “más democracia” una de sus principales exigencias. Sin embargo, esta reivindicación es ignorada completamente por la mayoría de los partidos presentes en las instituciones. Para empezar porque sus propias estructuras no tienen nada de democrático y resulta difícil exigir más democracia cuando tu propia organización funciona sin ninguna. Pero sin una democracia real que venga a trastocar todo el marco político e institucional no se podrán hacer otras políticas económicas, porque éstas están vetadas. Solo los partidos que proponen una ruptura real tienen algún sentido en este momento. Junkers y Schulz no sólo no son los únicos e indistinguibles candidatos a presidir la Comisión. La izquierda presenta a Alexis Tsipras que es el único candidato con un discurso lo suficientemente radical como para permitirnos  imaginar un cambio real. El debate inexistente e invisible del día 9 es una metáfora de la política que nos prepara cualquiera de los otros dos candidatos mencionados.

Publicado en: El Plural

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