Se ha dado a conocer el último informe del Panel Científico de la ONU (IPCC) que es un compendio de todo el conocimiento acumulado sobre el cambio climático, además de una sombría advertencia.
El colapso climático está a la vuelta de la esquina, pero qué importa cuando nos hundimos en otros colapsos cotidianos que tienen ocupada a la clase política (y a la gente, no nos engañemos). La clase política con verdadero poder se mueve entre hacer lo posible para que esto no se pare, es decir, procurar que la máquina del neoliberalismo no decaiga y que los ricos sigan haciendo dinero, y, al mismo tiempo, evitar el colapso social total. Es un equilibrio casi imposible para el que los partidos ofrecen sus recetas en tiempo electoral. La crisis climática siempre queda al final de todo. Si los ciclos políticos son cada vez más cortos y no hay noticia que dure una semana en los medios, cómo van a ocuparse de algo que, aunque esté ahí, todavía está a más de cinco meses. No es culpa de los políticos, también es culpa nuestra, de la ciudadanía, incapaces de fijar la atención en la misma cuestión más de una semana. Y claro, si hay un tema en el que el negacionismo se ceba es el cambio climático, que asume todos los negacionismos posibles. No se ve, no se huele, no se toca, no puedes hacer un video que demuestre que es real, no se mete en tu casa a robarte, no se puede comprar ni dejar de comprar. Si la gente no se cree una matanza prácticamente televisada, cómo va a creerse que el cambio climático puede acabar con la vida que conocemos.
Lo «peor» del informe es que del mismo puede deducirse que sólo afectará a la mitad de la humanidad y que el colapso será total en algunos lugares y más liviano en otros. Esto, automáticamente, supone que los gobiernos (y la gente) piensen que hablamos de algo que afectará a otros. Pero lo cierto es que lo que viene no reconocerá fronteras: una gran escasez, guerras por el agua y los recursos en todo el planeta, gente desesperada intentando llegar a lugares más habitables, represión, y más enfermedades y más difíciles de curar. Todo esto podría organizarse de manera racional, justa y solidaria; incluso el colapso puede gestionarse, pero ya tenemos suficiente historia política detrás como para saber que ante la escasez lo que predomina es la mentira, el miedo y su correlato, el odio. Sobre la clase política recaería no sólo la responsabilidad de hacer, sino también de educar, explicar, enseñar, decir la verdad, hacerla comprender, expandirla, algo complicado en tiempos de fake news y mentiras generalizadas. Sobre todo si la verdad lo que debe hacer es incitarnos a cambiar de hábitos y consumir mucho menos. Nuestra civilización entera se basa hoy en el consumo: es ocio, estatus, felicidad, satisfacción, es la economía entera, es la vida. Ya hemos visto lo que ocurre cuando un político dice algo tan sensato o tan necesario como que hay que consumir menos y de otra manera.
Mientras, algunos científicos deciden pasar a la acción y se manifiestan delante del Congreso para exigir que se tomen medidas ya. Acuden más antidisturbios que manifestantes y la gente se queja en redes sociales que pinten de rojo el Congreso. No estamos en tiempo de políticos de mirada larga ni verdaderamente preocupados por el futuro más allá de los próximos comicios. El capitalismo, que no puede sobrevivir sin ese crecimiento basado en el consumo, elegirá la autodestrucción antes que el decrecimiento. Los ciudadanos deberíamos saber que el tiempo se nos acaba, pero preferimos imaginar que la culpa es de Soros y mantenernos ciegos.
Publicado en Público

2 replies on “El colapso que viene”
Enhorabuena por el artículo, Beatriz. Encuentro una gran coincidencia con los planteamientos que expresé en mi libro «La izquierda ante el colapso de la civilización industrial», publicado por La Oveja Roja en 2016. Tienes más información sobre él en http://esquerda.colapso.info/doku.php?id=es:start
Te he escrito un correo-e, pero por si acaso el Gran G te lo manda a la basura, te dejo también este comentario, con el cual también reconozco públicamente la valentía de tu posicionamiento de crítica radical a la no-gestión del colapso por parte de nuestros des-gobernantes y a favor de un decrecimiento justo y democrático.
Un abrazo.
Miraré tu libro. Gracias por escribirme