Matrimonio igualitario en España.


Me toca explicar sucintamente el avance legislativo más importante conseguido en España respecto a los derechos de las personas homosexuales: la mal llamada ley de matrimonio homosexual. Ese el su nombre  popular pero en realidad es un mal nombre, no existe una ley de matrimonio para homosexuales, y mucho menos una ley de parejas, cómo he visto también escrito en algún otro sitio.

El nombre auténtico de la ley es el de “Ley de modificación del Código Civil en materia de matrimonio”  y lo que hace es, simplemente, modificar el C.C en el sentido de que el matrimonio ya existente se abre a las parejas del mismo sexo de manera que, en España, no hay ninguna distinción legal, absolutamente ninguna, entre los ciudadanos y ciudadanas gays y lesbianas y heterosexuales. Las mismas leyes, las mismas instituciones, el mismo tratamiento por parte del estado.

En ese sentido es una de las leyes más avanzadas del mundo al ser la misma ley significa la igualdad completa, no excluye nada; no hace ninguna diferencia, ni siquiera excluye la adopción internacional de niños como en su momento hizo Holanda. Esto quiere decir que aunque es más que probable que haya países que a partir de nuestra modificación del Código Civil puedan querer romper los conciertos que tienen con España en materia de adopción, como China por ejemplo, o Rumanía, a pesar de estol el gobierno español ha decidido correr el riesgo. El gobierno español ha decidido que la igualdad entre todos los ciudadanos españoles es más importante que garantizar (sólo para las parejas heterosexuales) la posibilidad de la adopción internacional. Buscaremos nuevos países donde poder adoptar como Brasil o Sudáfrica.

En este momento mucha gente vuelve sus ojos a España y preguntan cómo lo hemos conseguido. Como es posible que en la católica y meridional España se haya conseguido algo por lo que muchos países europeos llevan muchos más años que nosotros luchando. Hay dos razones, una que creo que los activistas hemos hecho un buen trabajo, y la segunda no depende de nosotros.

Respecto a la que no depende exclusivamente de nosotros, decir que la idea que se tiene de España en Europa nos resulta muy extraña. Es una idea falsa, la imagen congelada de un país que hace 25 años salía de una dictadura. En esos 25 años hemos ido muy deprisa y en estos momentos España es quizá el país más secularizado de Europa, en el que la religión tiene poca importancia en la vida cotidiana de la gente. Según las últimas encuestas sólo un 14% de los jóvenes van alguna vez a la iglesia.  Por tanto, por una parte, la imagen de España fuera de  España está distorsionada.

Dicho esto, es cierto que la iglesia tiene un fuerte poder mediático, económico y que es quien verterbra a las fuerzas de la derecha. Pero a pesar de este poder que se trasluce en una presencia mediática desproporcionada, lo cierto es que, socialmente, la ley de aborto no se cuestiona, no se cuestiona la ley de reproducción asistida o la investigación con células madre. Y en cuanto al matrimonio homosexual, la última encuesta recoge que es una ley que cuenta con un apoyo de un 68% de la población. Es decir, esa es la verdadera revolución, no sólo la ley, sino haber conseguido que la mayoría de los españoles la apoyen.

Esas encuestas desde luego tienen que ver con el trabajo que hemos realizado desde la FELGT. Ha sido una estrategia pensada y planificada desde hace años que ha tenido los siguientes ejes,

1-La FELGT, la organización que agrupa a la mayoría de las asociaciones españolas se planteó como objetivo la consecución de la igualdad legal: esto es, el matrimonio. Esto nos diferencia respecto de otros grupos, nosotros nunca quisimos una ley de parejas menor, o un matrimonio para gays y lesbianas. Para la FELGT, cualquier ley que sea diferente a la que tienen el resto de los ciudadanos es discriminatoria, sea aquella buena o mala. Nosotros no entramos por tanto en el debate si el matrimonio es una institución patriarcal o burguesa, que es un debate desde nuestro punto de vista errado. Nosotros hemos puesto la igualdad legal como objetivo prioritario y nos hemos negado a leyes de segunda clase. Esta petición tiene la ventaja de que cuando los políticos no hablaban de matrimonio, nosotros sí y así fuimos acostumbrando a la sociedad, a los medios de comunicación, a los mismos políticos a escuchar la palabra matrimonio. Si nadie la pronuncia, si las propias asociones lgtb hablan de ley de parejas, sociedades de convivencia, matrimonio para homosexuales etc….¿cómo va la sociedad a pensar que el objetivo es ser iguales si estamos aceptando leyes diferentes?

Nosotros no juzgamos el matrimonio como asociación, si la única diferencia legal que padecemos es que se nos niega el acceso al matrimonio, exigimos el ecceso al mismo. Ya sabrá después cada uno, cada una, si quiere criticarlo, si quiere o no casarse. Si la desigualdad legal hubiese estado en otra institución, en otra ley, con la misma fuerza hubiéramos pedido revocar esa desigualdad. Después de tantos años hablando, reivindicando el matrimonio, trabajando por el mismo, cualquier otra ley hubiese sido imposible.

Ha sido muy importante entender, que es algo que nos diferencia de otros países, es que esta lucha para nosotros no era una cuestión de derechos en sentido estricto. Es decir, los derechos son importantes, cambian radicalmente la vida de la gente, pero nuestra lucha era mucho más importante que conseguir unos derechos sucesorios o de herencia, pensiones etc. consideramos que, en un momento dado, esa lucha estaba idealmente ganada, no materialmente desde luego pero cada vez más en los estados europeos la opinión pública se inclina por considerar que es inaceptable que un grupo de ciudadanos/as esté privado de derechos que gozan otros. Actuamos como si eso estuviese ganado, se iba a conseguir en todo caso y tuviéramos que ir más allá. Y ese fue una especie de eslogan, los derechos nos corresponden por ciudadanía, esta es una lucha por la Igualdad y, sobre todo, por la dignidad.  Una ley que nos señale como diferentes no nos vale, preferimos nada.

Durante el debate, así fue curioso porque en seguida se superó el asunto de los derechos. No teníamos antes de la ley ningún derecho y, sin embargo, como habíamos ido más allá en el debate todos, incuida la iglesia se mostraron de acuerdo en que los derechos nos correspondían. La derecha, todos estaban de acuerdo en eso y sólo decían que en los derechos había acuerdo, que el asunto del matrimonio era una cuestión simbólica. Si con simbólica querían decir “poco importante”, ¿por qué salieron a la calle en una de las mayores manifestaciones de la derecha que se recuerdan?  Si era tan poco importante ¿por qué se pusieron ellos tan nerviosos? Era una cuestión simbólica es cierto, pero quien ha dicho que lo simbólico es poco importante.

Se puede ganar la batalla de los derechos, del contenido, y perder la de la Igualdad. A veces se pueden conseguir los mismos derechos y seguir siendo desigual.

Lo que nos jugábamos era nada más y nada menos que la legitimidad. La igualdad en definitiva, podemos tener los mismos derechos y ser desiguales. Se puede ganar la batalla de los derechos y perder la batalla de la Igualdad, hay muchos ejemplos de esto, los negros en EE.UU, sin ir más lejos.  Lo que nos estábamos jugando, lo que ellos dejaron bien claro, es que no les importaba tanto los derechos que tuviéramos o no como la propiedad del término “familia”, “matrimonio”, qué significa, quien y como se va a usar, de quien es, en definitiva.

Ya se sabe que hay gays y lesbianas, que nos enamoramos, tenemos relaciones sexuales, establecemos relaciones de convivencia, tenemos niños…eso se sabe y, después de pelearlo, no hay problema. La discriminación activa está deslegitimada. Es decir, no te pueden echar de un sitio por ser gay y puedes adoptar como soltero. El problema es cuando pretendemos llamarnos como ellos, acceder a su legitimidad. Al acceder en iguales condiciones a su legitimidad, si todos somos igual de respetables, entonces ellos ya no son más respetables que nosotros. Por eso parece que sólo hay un modelo y se ponen como hidras cada vez que se representa en un libro, en un manual…otro modelo. 

Algo que no fuera matrimonio (aun con los mismos derechos) para mí, hubiera sido incluso más pernicioso que nada porque hubiera venido a apuntalar el mito de que el matrimonio es superior, y todo lo que ideológicamente conlleva, el imperio de la biología, el mito de la complementariedad de los sexos que por cierto de paso que dice que los sexos son complementarios, también dice que son asimétricos también en la distribución de poder y de bienes, aunque eso no lo diga explícitamente. Pero el matrimonio es la institución, la herramienta, que ata ese mito que, como feminista,  quiero que deje de ser efectivo.

El mito heterosexual organiza la sociedad y es el matrimonio la herramienta encargada de organizar el deseo de manera que a un sujeto con unos determinados genitales le sigan unas determinadas características psicológicas, incluso físicas y una determinada y muy concreta economía del deseo. El deseo de ese sujeto con esas características tiene que dirigirse, para ser coherente a un sujeto de un supuesto sexo opuesto.

Con la posibilidad del matrimonio entre personas del mismo sexo, en realidad, esa coherencia, ese edificio ideológico se desmorona. Para empezar el sexo biológico desaparece de esta ecuación  y otro tanto hace el género. Se pueden casar un hombre y una mujer, dos hombres o dos mujeres, un hombre y otro hombre biológico cuya identidad de género sea una mujer. Dos personas nacidas biológicamente mujeres pero cuya identidad de género sea confusa o que se genericen como hombres las dos, o una de ellas. El sexo y el género ya no son importantes en el matrimonio, no lo definen.

Pero es que el matrimonio está ahí para sancionar la heterosexualidad, para marcar la superioridad de esta sobre cualquier otra forma de vivir la sexualidad o los afectos. Y eso es lo que desaparece.

Para Butler las leyes de matrimonio normativizan la heterosexualidad. El matrimonio pretende asegurar la heteronormatividad.  Presentando las diferencias de género, atadas a su vez por la heterosexualidad, como fijas inmutables y opuestas, la heterosexualidad borra otras formas de sexualidad de la historia, hace invisible lo precario de sus identificaciones, lo precario del armazón sobre el que se sostiene y oscurece la multiplicidad y variabilidad del deseo. El mito de la naturalidad de la heterosexualidad salta por los aires.

En tercer lugar pusimos orden en el discurso. Dejamos de hablar de derechos para gays y lesbianas para hacer un discurso universalista.

Lo más importante fue construir un discurso político que no tiene nada que ver con los derechos sexuales (damos por hecho que estos derechos están garantizados en la constitución), que no se trata del derecho a tener relaciones sexuales con quien se quiera, faltaría más; sino que lo entroncamos con la defensa del derecho de ciudadanía, que es un derecho moderno en el sentido de ilustrado: Igualdad y derecho de ciudadanía. Comienza pues a ampararse en testos internacionales y en la Constitución Española en todos los artículos que se refieren a la igualdad. Busca conexiones con otros grupos a los que se les negaba el matrimonio precisamente para impedirles el acceso a la ciudadanía plena, como los negros en EE.UU. o los judíos en algún momento en Europa. Nosotros no hablábamos tanto de matrimonio como de derecho de ciudadanía plena y construimos un discurso alrededor de este derecho.

Al mismo tiempo era un discurso sobre la dignidad.  Hemos entendido que la igualdad legal era, al mismo tiempo, un objetivo moderado, en el que podíamos coincidir todos, que era al mismo tiempo revolucionario. Es, simplemente, la base sobre la que se asientan los estados democráticos. De ahí la indignidad de nuestra desigualdad. Y hemos comenzado a hablar de dignidad democrática también, que es un discurso que se dirige mucho más a la base de la democracia que el de los derechos para gays y lesbianas.

Al hablar de Igualdad, de ciudadanía, de dignidad hemos deslegitimado los discursos descalificadotes porque es difícil enfrentarse a esos conceptos que están en la base misma del estado democrático y de derecho. Es decir, no somos maricas y bolleras de los que cualquiera pueda decir cualquier cosa, somos ciudadanos y ciudadanas de un estado democrático que exigen respeto a su dignidad personal, a su libertad.

Se nos puede atacar desde la lógica de le enfermedad, de la perversión, del pecado, desde ahí se nos puede discriminar: quien es un enfermo, un pecador, un delincuente, no puede educar niños, evidentemente. Pero si hemos deslegitimado ese discurso ¿en nombre de qué se nos ataca? Si somos ciudadanos iguales, si podemos ser jueces, médicas, ministros o presidentes del gobierno, ¿por qué no tenemos los mismos derechos? Les hemos dejado sin lógica, porque incluso desde su lógica ¿es posible decir que se puede poner en manos de un gay los destinos de una nación (ellos dicen que sí porque ya no es posible el discurso de la discriminación) y no puede educar a un niño?

Para ello, en España decidimos unirnos todos los grupos. Eso es muy importante porque construimos, con dificultades, un único interlocutor político. Hicimos muchas renuncias porque por supuesto había y hay grupos de todo tipo y con ideologías muy diversas, diversas maneras de trabajar etc. pero hemos conseguido primar lo que nos une sobre lo que nos separa. Somos grupos de todas las ciudades y pueblos, somos grupos dedicados al sida, a las lesbianas, grupos de empresarios, o incluso grupos deportivos lgtb. Nos diferencian muchas cosas, pero hemos puesto por encima lo que nos une y lo principal y lo primero era la igualdad legal que es un objetivo que todos deseamos. Esto fue muy importante porque permitió a los políticos encontrar a un interlocutor que habla con una sola voz. Si hay diferentes voces los políticos van a escuchar siempre a aquellos que proponen cosas que se acercan a sus propuestas y van a desechar a los que consideren más radicales. Si hay un grupo que está a favor de la ley de parejas, los partidos lo escogerán como interlocutor. Ningún partido político apuesta por propuestas radicales si las tiene moderadas. Por tanto nosotros apostamos por una sóla propuesta: Igualdad.

2- También fue muy importante cambiar el discurso tradicional de desconfianza hacia los partidos políticos que suelen tener los movimientos sociales. Desconfianza las más de las veces justificada porque los partidos políticos tienen la tendencia imparable a fagocitar a las asociaciones, a atraerlos a su órbita de influencia y, desde ahí, a manipularlos. Nosotros optamos por hacer lo contrario. Meter a nuestra gente dentro de los partidos. Tenemos claro que para cambiar las leyes hacen falta los partidos políticos y nuestra estrategia fue hacer lobby desde dentro de los partidos. Tenemos  gente en todos los partidos. Gente que es nuestra, de la FELGT. Naturalmente que ha sido difícil conseguir una organización en la que conviviéramos gente de derechas y de izquierdas con visiones sociales muy distintas, pero fue posible al centrarnos en un objetivo legal que todos compartíamos que es el del matrimonio. Así, hemos conseguido convivir y trabajar desde dentro de los partidos de manera que han sido militantes nuestros los que, trabajando en el interior de los partidos, han ido cambiando las propuestas de éstos. No hemos aceptado en cambio que gente de los partidos viniera a nuestras organizaciones con propuestas partidistas.

3- Ha sido muy importante dejar en suspenso las diferencias ideológicas internas, y no refiero sólo a las políticas, sino a las propias de nuestro modelo. ¿Fomentar las diferencias o atenuarnos? Ser esencialistas o construccionistas, identitarios, igualitaristas, comunitaristas?… Somos como una etnia o como quien tiene los ojos azules?…Ese fue un éxito en todo caso del modelo político e ideológico también de la FELGT: Aparcar esos debates para más adelante.  Cuando otros grupos dicen: es que sois identitarios, es que sois partidarios de la comunidad… Nosotros estamos en el debate de la Igualdad, mucho más comprensible para todos. A la gente, a los políticos no les importa nada si somos comunitaristas, esencialistas, biologicistas, indentitarios… En la FELGT, se diga lo que se diga, podemos estar todos estos porque ese no es nuestro debate. La doble militancia es posible. Eso ya lo veremos luego. Fijarnos objetivos políticos claros, no tanto ideológicos, en los que todos pudiéramos coincidir.  Ha supuesto importantes renuncias, pero con generosidad las hemos resuelto. En otros países en los que no se ha dado ese paso, aun siguen enredados en debates ideológicos ciertamente estériles. Hemos sido pragmáticos, pero al mismo tiempo hemos soñado con volar muy alto, y hemos volado.

4- Hemos hecho de la manifestación del orgullo una herramienta de nueswtra acción política. Así que hemos dejado de discutir si la manifestación del orgullo debía dejar de haber empresarios o no, carrozas o no, disfraces o no, en Barcelona siguen con esta discusión y no han pasado de 10.000 manifestantes. Nosotros, la FELGT, se deshizo de prejuicios, limó posiciones en las que todos cedimos un poco y conseguimos sacar a medio millón de personas. Centrando también la manifestación en los derechos ciudadanos y en los derechos humanos, conseguimos que a la cabeza de la misma se pusieran los principales líderes políticos, sindicales y sociales de este país, lo que visibilizó los derechos de gays y lesbianas como derechos de todos.  Aquí todos hemos cedido. La mani contribuyo a decir a los políticos que tenían que estar ahí, que somos muchos, que cada vez más politizados.

5- Y finalmente, trabajar a largo plazo. No hemos querido pasos intermedios porque en la situación europea en la que nos encontrábamos pensamos que los pasos intermedios retrasaban el paso final. Esto no sirve evidentemente para todos los grupos, todos los países. Pero nosotros sólo hemos hablado de matrimonio, nos hemos negado a hablar siquiera de ley de parejas. Pensamos que, en todo caso, no hay nada que perder porque si ellos no quieren darnos matrimonio ya nos darán ley de parejas, pero que sean ellos los que rebajen y no nosotros. Y que se acostumbren y también la sociedad a hablar de matrimonio. De hecho, tengo que decir que debemos ser una de las pocas asociaciones del mundo que no aceptamos una ley de parejas cuando nos la ofreció el gobierno de Aznar. Nos llamó a la FELGT y nos la ofreció, y dijimos que no. ya teníamos al PSOE hablando de matrimonio y pensamos que aunque fuera buena a corto plazo, a largo plazo dificultaria la llegada del matrimonio, desmovilizaría a los nuestras y haría que los políticos pensaran que ya habían hecho bastante.

Conferencia pronunciada en ILGA Mundial. Ginebra 1 de abril de 2006

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