¿De qué hablan los políticos cuando hablan de nuestros hijos?


 

Cuando este número del Entiendes esté en vuestras manos ya habremos presentado el dossier que con el título “La familia homosexual” hemos elaborado desde la Comisión de Educación de COGAM con la intención de convertirlo en la próxima campaña de la Federación Estatal de Lesbianas y Gays de la que soy Secretaria General.  El objetivo de esta campaña es presentar el dossier en las diferentes sedes que la Federación Estatal tiene en todo el estado y hacerlo todas el mismo día. Después de darlo a conocer a la prensa entregaremos el dossier a todos los políticos y a las personas que, desde un cargo público, se manifiesten en contra de la adopción por parte de gays y lesbianas. Porque lo que el dossier viene a demostrar con datos objetivos es que gays y lesbianas no necesitamos el permiso de nadie para tener hijos. Y menos que nadie las lesbianas. Primero porque la ley ya nos permite adoptar como personas civilmente solteras, y segundo porque las lesbianas podemos acceder sin demasiados problemas a la inseminación artificial; así que si estamos pidiendo que se nos permita acceder a la adopción es con la intención de que se nos permita adoptar como parejas y legalizar así una situación que ya existe “de facto”.

Más allá de la posibilidad que tienen los gays de tener hijos, bien por adopción, por inseminación o por una relación heterosexual esporádica (lo que no es inimaginable como la historia demuestra) lo que está claro es que las lesbianas sí podemos tener hijos. Habrá que recordar otra vez que la Ley de Reproducción Asisitida española es de las más liberales del mundo y que permite a las mujeres solas acceder a una inseminación sin más requisito que declarar que están “solteras”, lo cual en el caso de las lesbianas es cierto desde el punto de vista del estado civil. Como señalaba el periódico El Mundo en un artículo aparecido recientemente, las clínicas españolas de fecundación asistida son utilizadas en un 80% por lesbianas. La gran mayoría de esas clínicas, de hecho, están sólo para realizar inseminaciones a lesbianas, así que no sólo no se extrañan cuando apareces con tu pareja, sino que lo dan por hecho y todo el proceso se realiza teniendo en cuenta que el niño que va a nacer es hijo de dos mujeres. El problema es que para la ley y para la sociedad, el niño que va a nacer, o el niño que ya ha nacido fruto de una relación heterosexual o de la adopción individual, es sólo de la madre biológica o adoptiva, con todos los problemas que eso genera, con la merma de derechos que eso supone para el niño. Porque en ese caso, los derechos emocionales y psicológicos de ese niño no están protegidos por ninguna norma. Imaginaos que el niño crece con dos madres a las que quiere por igual porque ambas le han criado y educado. La madre biológica enferma o muere y la ley no reconoce a su pareja ningún papel respecto a ese hijo. Pero no hay que ponerse tan trágicas. Es la vida cotidiana la que resulta extraordinariamente dificultada por el hecho de que para la ley esa pareja no exista: ante el colegio, en los hospitales, en cualquier actividad cotidiana del niño: clases de ingles, permisos para excursiones…Y lo que es peor, el niño/a que vive una situación diferente no tiene ningún refuerzo, sino al contrario, tiene que pasar por todas esas situaciones que le recuerdan constantemente que su otra madre “no es nadie” para la ley y tampoco para un sector de la sociedad. Que su familia no es como las demás.

La pareja puede después separarse y, como casi todas sabemos, las separaciones suelen ser bastante duras y no sería la primera vez que se utilizara a los niños como arma arrojadiza contra la ex pareja, con la intención de dañarla lo más posible. En este caso, ¿quién protege al niño/? ¿Quién garantiza que pase lo que pase los lazos emocionales y psicológicos que ha creado con esa persona que ha creído su madre van a ser respetados y reconocidos? No hace mucho un tribunal americano obligaba a una madre lesbiana a facilitar un régimen de visitas con respecto a su hijo y  a su ex pareja a la que el tribunal reconocía que había ejercido una “maternidad psicológica”. En estos casos es claro que permitiendo el reconocimiento legal de la co-adopción lo que se está protegiendo son los derechos de los niños. Por supuesto que hay más que todo eso, hay derechos sucesorios, económicos de todo tipo: herencias, seguros médicos, de accidente…en fin, toda una serie de derechos que los niños de parejas lesbianas no pueden disfrutar en igualdad de condiciones con respecto a los niños de las parejas heterosexuales.

Pero los políticos, cuando hablan de los niños, jamás hablan de estos niños. De los múltiples estudios (más de sesenta se citan en el dossier) que demuestran que los niños que crecen en familias lesbianas lo hacen perfectamente bien. Tampoco quieren nunca hablar de las situaciones que provoca la falta de reconocimiento legal en la vida de las lesbianas sometidas en muchas ocasiones a condiciones económicas que son producto de la doble discriminación que padecen como mujeres y lesbianas y sin poder acceder,en cambio, a ninguno de los beneficios que el estado concede a las familias. Son familias invisibles, invisibilizadas por la discriminación.

Con el dossier que hemos presentado queremos contribuir a terminar con esa invisibilidad dando cifras, datos objetivos, presentando estudios. Para que ningún político pueda continuar escudándose en la ignorancia y para que todos, los políticos, los medios de comunicación, la sociedad en general y, desde luego, lesbianas y gays sepamos de qué estamos hablando cuando hablamos de familias gays y lesbianas.

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