Las últimas medidas del Partido Popular nos permiten entender con claridad algo que parece obvio pero que no siempre todo el mundo tiene en mente. La desigualdad económica no es que sea injusta, es que es cruel, de una crueldad insoportable para cualquier persona que aun conserve una pizca de humanidad. Lo que se está comenzando a llevar a cabo es una demolición de cualquier mínima protección social primero para las personas más pobres y enseguida para cualquiera que no sea rico, que pasará si no a una situación de pobreza, sí a una situación de vulnerabilidad económica grande; cualquiera podrá estar a merced de cualquier imprevisto: una enfermedad grave, el desempleo de unos años, puede hundir su vida y la de su familia. De esta manera, la persona en cuestión queda paralizada por el miedo, sin capacidad para protestar o para enfrentarse a la injusticia. Se pretende acabar con las vidas desechables y mantener en servidumbre a todas las demás.
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